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Llevando aprendizajes de la cancha de basquetbol a la de nuestras vidas

En honor a mi padre, mi maestro zen, hoy quiero hacer una invitación a tomar el basquetbol como un mecanismo para ver en ese deporte herramientas de liderazgo.

29 de mayo de 2025
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  • Llevando aprendizajes de la cancha de basquetbol a la de nuestras vidas

Por Caty Rengifo Botero - JuntasSomosMasMed@gmail.com

A diferencia de la gran mayoría de los colombianos, en mi casa el deporte que nos une como familia no es el fútbol, es el basquetbol. Mi papá, un exbasquetbolista – selección Valle del Cauca- se encargó de crear en sus hijos una necesidad casi patológica de ver los playoffs de la NBA. En honor a mi padre, mi maestro zen, hoy quiero hacer una invitación a tomar el basquetbol como un mecanismo para ver en ese deporte herramientas de liderazgo.

Conferencia Este
Los Indiana Pacers han sorprendido al tomar una ventaja de 3-1 sobre los New York Knicks. Ganaron el primer partido 138-135 y repitieron la victoria en el segundo con un marcador de 114-109, ambos en el Madison Square Garden. Sin embargo, tras un sorprendente tercer juego los Knicks llevan la serie a 3-1. La ofensiva de Indiana ha sido explosiva, destacándose por su ritmo rápido y efectividad en el perímetro. Tyrese Haliburton de los Pacers y Karl-Anthony Towns han dejado claro que los juegos solo terminan con el pito final.

Conferencia Oeste
El Oklahoma City Thunder también lidera su serie 3-1 frente a los Minnesota Timberwolves. Oklahoma ha dominado con una defensa intensa y transiciones rápidas, mientras que Minnesota ha mostrado inconsistencias ofensivas y problemas para contener a las estrellas jóvenes de los Thunders en especial Shai Gilgeous-Alexander quien entiende su rol de líder y fomenta en todo caso la comunicación y el trabajo en equipo.

De estos primeros juegos me quedaron valiosos aprendizajes sobre el liderazgo:

Adaptabilidad táctica, revisar la estrategia en tiempo real para poder ajustarnos, para ello los equipos deben estar abiertos al cambio, se debe promover una cultura de aprendizaje continuo y evaluar constantemente lo que funciona y lo que no.

Liderazgo distribuido: El éxito viene del esfuerzo colectivo, fomentar la colaboración y el protagonismo compartido fortalece al equipo dejando los egos de lado y enfocándonos en eso que nos une.

Persistencia bajo presión, incluso en situaciones adversas, mantener la calma y confiar en el proceso da frutos.

Fomentar la cultura de co-creación, celebrando los triunfos grupales y asegurándose que todos tengan tiempo con la pelota.

Gestionar los sentimientos, el liderazgo emocional implica saber canalizar la frustración y mantener la concentración, especialmente en escenarios de alta presión.

No darse por vencido, persistir, resistir e insistir, los partidos se acaban sólo cuando el pito final se escucha y bajar las manos antes no es una opción.

En un mundo que nos reta constantemente, en un país donde la gestión de sentimientos es necesaria y en un momento en que solo si trabajamos en equipo y entendemos que el objetivo social está por encima de los egos y de la necesidad de poder y visibilidad, se hace imperativo llevar los aprendizajes de la cancha de básquetbol a la cancha de nuestras vidas. Hacerlo nos da herramientas sobre el tipo de acciones y reacciones que debemos tener para que juntos cambiemos el rumbo de un mundo que cada vez grita más fuerte que necesita trabajo en equipo.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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