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Cuando el cambio empieza por nuestras manos

Cuando las palabras se convierten en acciones, las acciones en comunidad, y la comunidad en bienestar colectivo, entonces estamos verdaderamente cambiando el mundo.

28 de agosto de 2025
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  • Cuando el cambio empieza por nuestras manos

Por Caty Rengifo Botero - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Hay días en los que el miedo pesa. Miedo a lo que está pasando en Colombia, a que la violencia se tome los espacios que habitamos, a que la indiferencia nos gane. Miedo a que la esperanza se diluya entre titulares tristes y promesas incumplidas. Pero también hay días en los que ese miedo se convierte en impulso. En vez de quedarme esperando que algo cambie, decidí levantarme temprano, salir de mi zona conocida, recorrer rincones de Medellín que nunca había visitado, y dedicar dos días de mi fin de semana a construir una casa que no era para mí. Porque es lo que hacemos —no lo que sentimos o decimos— lo que realmente transforma.

La semana pasada tuve el privilegio de construir una vivienda para Doña Martha. No fue solo levantar paredes y poner un techo: fue sembrar esperanza. Estas viviendas de emergencia, resilientes y dignas, son mucho más que estructuras físicas. Son un refugio contra la lluvia, un espacio de dignidad, y, sobre todo, un lugar que será llamado Hogar. Ver cómo una estructura sencilla puede cambiar la vida de una familia, cómo un espacio puede devolverles la seguridad y la posibilidad de soñar, es profundamente transformador.

Construir junto a otros voluntarios me recordó que los compromisos sociales, cuando se hacen en equipo, multiplican su impacto. Compartir herramientas, sudor, historias y silencios con personas que también decidieron actuar, me hizo sentir parte de algo más grande. En vez de quedarnos viendo las noticias, criticando lo que sucede o esperando que otros generen el cambio, salimos con nuestras propias manos a hacerlo realidad. Y eso, más que cualquier discurso, es lo que realmente mueve el mundo.

La Fundación TECHO lleva años trabajando en Colombia, con presencia en múltiples comunidades urbanas y rurales. Su labor va más allá de la construcción de viviendas: promueve procesos de organización comunitaria, impulsa proyectos de infraestructura básica y fomenta el liderazgo local. Lo que más me inspira de su trabajo es que no se trata solo de entregar soluciones materiales, sino de acompañar a las comunidades en la construcción de un futuro más justo y digno. Cada voluntario, cada jornada, cada conversación con las familias, es una semilla de transformación.

Porque el miedo paraliza, pero la acción transforma. Cuando las palabras se convierten en acciones, las acciones en comunidad, y la comunidad en bienestar colectivo, entonces estamos verdaderamente cambiando el mundo. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas decisiones que, sumadas, generan un impacto profundo.

Y tú, ¿qué estás haciendo por Medellín, Antioquia, Colombia y el mundo?

Como dijo John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país.”

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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