Mateo Santero, la poesía en las bananeras de Urabá

Poeta y dj. Mateo Santero ha publicado dos libros de versos. En ambos une la experiencia de sus ancestros con la vida cotidiana de los barrios de Apartadó y Necoclí. Esta es una muestra de su obra.

  • Mateo Santero Peña es co-fundador del Club de Lectura Letras al Viento, del Cineclub Casa en el Aire y de la Corporación Artística y Cultural La Noche del Perro Negro. Fue director del Taller de Escritores Urabá Escribe.
    Mateo Santero Peña es co-fundador del Club de Lectura Letras al Viento, del Cineclub Casa en el Aire y de la Corporación Artística y Cultural La Noche del Perro Negro. Fue director del Taller de Escritores Urabá Escribe.
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Mateo Santero cuenta que cuando la gente de Urabá -por ejemplo él- viene a Medellín se le considera muy costeña. Y al revés: cuando va a la costa Caribe se le dice que es muy paisa. No es el único ejemplo que tiene de esa encrucijada. Dice que un amigo suyo se ganó un concurso para escritores del Caribe, pero, apenas la gente se dio cuenta que era de Urabá, le dijeron que no podía recibir el premio. Entonces, el amigo escribió un ensayo para explicar que el Urabá hace parte de Antioquia y del Caribe. Se podría pensar que estas cosas resultan muy obvias, pero parece que no.

Estas historias las cuenta Mateo durante una llamada por Zoom. También dice que los poemas de Ya no siembro banano en tierras robadas al río, su primer libro, fueron escritos con el insumo informativo que reunió para escribir una tesis de pregrado en Antropología. Al final, la tesis no la terminó, pero sí escribió versos sencillos, directos, sobre la vida de los hijos y las esposas de los campesinos que trabajaron -y trabajan- en las plantaciones de banano. En casi todos los textos de ese libro, Mateo emplea la primera persona, pero lo hace de la forma en que lo hacen los investigadores y los actores. Es decir, construyen un Yo que habla directamente del otro.

Doy un ejemplo. El poema El filo de mi machete dice “El filo de mi machete/ no entiende de tierras ajenas/ entiende de quincena/jornal/ mercado/ arriendo/ pago de salud/ y pensión/ los techos de plástico/ de familias que “estorban el progreso”/ son tumbadas por cajas de banano”. Ahí están las vidas de Mateo -nacido en Apartadó, con raíces zenúes- y del campesino que va en moto a la bananera. O este otro poema, titulado Soy campesino: “Soy campesino/ y la tierra que cuido/ no es mía/ soy campesino/ y la tierra que cultivo/ la visito de 6 a.m. a 4 p.m./ Esta tierra que cuido/ que siembro/ que riego/ que recojo/ sus dueños viven en edificios a kilómetros de a aquí”. ¿Habrá necesidad de decir que en ese poema laten las ideas de Cien años de soledad, sobre todo las que sustenta la escena de la masacre de las bananeras?

Los poemas aquí publicados hacen parte de Ya no siembro banano en tierras robadas al río y de En el Caribe también se llora, el segundo poemario de Mateo. Si los poemas le tocan alguna fibra, vaya a Apartadó o a Necoclí. Busque a Mateo. En la nota biográfica, él dice que si a alguien le gustan sus poemas, lo invita a la primera “pola” en el Urabá.

Poemas de Mateo Santero

Visajosa

Me persigue

la veo

la siento

la presiento

se acerca como una sombra

esquiva y acechante

aparece y desaparece

sé que está ahí

en cada cruce

en cada silencio

me persigue

por el rabillo del ojo

la percibo

la intuyo entre miradas

ligeras y espontáneas

la siento la presiento

me persigue

la visajosa

la muerte

o la suerte...

jajaja.

***

La bananera se puso a jugar el escondite

La bananera se puso a jugar el escondite

con los padres y hermanos de mis amigos

¿quién cuenta con los ojos cerrados?

¿cuál es la base o salvavida?

¿se valía esconderse debajo de la tierra?

***

Bananero soy

Bananero soy
bebo ron los sábados
para olvidar el cansancio
para olvidar
el cadáver del padre y el hermano
sembrado en la finca
donde trabajo
¿dónde?

***

Mi padre

Quizás mi padre

quiso ser pescador

vivir frente a la mar

madrugar a pescar

pero nací

se volvió bananero

cambió la atarraya por la garrucha

cambió el salitre del mar por el esmog de la ciudad

A veces lo veo feliz

pero no dejo de pensar

que cuando vemos el horizonte

del barrio de noche

donde yo veo luces naranjas,

de lámparas,

él ve escamas del pargo rojo

que nunca atrapó.

***

Yo

Yo

después soñar

con la última parcela que tuvieron mis abuelos

no pude recordar

el color que tiene la tierra

que hay debajo del progreso

Lo que aún no sé

Sé convertir el plátano

en cabeza e’ gato y patacón,

también sé el secreto de las plantas sembradas en el patio

de mi abuela

sé lavar sin lavadora

sé pescar con varita de guadua

y quitarle las escamas al pescado

sé pelar cocos y hacer arroz de coco

sé quitarme la gripa con limón miel jengibre y un poco de ajo

Sé mirar al cielo y saber si lloverá

sé sembrar maíz y banano

sé cómo hablarle a Dios sin que te ignore

–el secreto está en no pedirle nada él nació más pobre que

nosotros y más solo–

ya sé cuál es

–de los que me habitan–

el hijo preferido de mi madre

Ya sé mirar la luna sin regalarla

sé que le caigo mal al sol porque sé dónde vive

y un miércoles iré a visitarlo

para vomitar su alfombra

con mi última borrachera

en venganza de tortuarme

cuando estoy enguayabado

ya aprendí a pensar en ella sin que me duela

sé que darles forma a las nubes es más entretenido

que mirar un partido de fútbol

incluso sé por qué bebo ron

– para apagar la bulla de mi cabeza–

sé que las estrellas se alimentan

de nuestras ideas

por eso están dejando de brillar

sé varias cosas

pero lo que aún no sé

es cómo dejar de llorar

cuando escribo un poema.

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