Sabaneta, el municipio más pequeño del área metropolitana del Valle de Aburrá, vive un momento de obras simultáneas, trancones y polémicas.
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El alcalde responde por el aumento del impuesto predial, las demoras de la avenida 43, el lío del ‘sube o no sube’ en San José, el POT que examina el Consejo de Estado y el centro de eventos que se construye en el municipio.
Sabaneta, el municipio más pequeño del área metropolitana del Valle de Aburrá, vive un momento de obras simultáneas, trancones y polémicas.
Su alcalde, Alder Cruz —que pasó por las inferiores del Atlético Nacional antes de dedicarse a la política—, recibió a El Colombiano, en plenas Fiestas del Plátano, para responder por los temas que más inquietan a sus habitantes: el alza del impuesto predial, la eterna demora de la avenida 43, la loma de San José que se volvió viral con el ‘sube o no sube’, el POT que examina el Consejo de Estado y el centro de eventos que se levanta en su territorio.
¿Cómo van las Fiestas del Plátano?
“Van a ser unas fiestas de talla mundial y, aprovechando el Mundial de fútbol, vamos a transmitir todos los partidos en pantalla gigante, para que nadie diga ‘no voy a tal evento porque juega tal selección’.
En el concierto principal estarán Víctor Manuel, Jean Carlos Centeno y Luis Alberto Posada; el domingo, Fabián Corrales; y también Sabaneta Comedia, con Loquillo, Boyacó Man y El Gato como presentador.
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Habrá desfile de motos clásicas y una carrera atlética de cinco kilómetros, competitiva y recreativa, por toda la 43, para que la gente conozca los andenes y la ciclorruta que estamos construyendo.
Para los que prefieren comer está Sabaneta a la Carta, versión Plátano: más de sesenta restaurantes inscritos compiten con una receta de plátano y los comensales votan por una aplicación. Es la tercera versión y los restaurantes llegan a aumentar sus ventas un setenta u ochenta por ciento esa semana. También hay una feria de diversidad y emprendimiento para la población LGBTIQ+. Hay un evento para cada miembro de la familia”.
La 43 es una obra que se ha demorado muchísimo, ¿qué ha pasado? ¿Por qué tanta demora y cuándo la entregan?
“Qué bueno que me lo preguntes, porque cada vez que puedo trato de explicarlo con plastilina. La dificultad no es la obra en sí, sino la gestión predial.
Cuando llegamos faltaban sesenta y ocho predios por adquirir, muchos en propiedad horizontal: comprábamos diez apartamentos de un edificio y el onceavo era una sucesión sin herederos, o tres hermanos donde uno quería vender y otro no, y tocaba entrar en litigios largos. Había locales de veinte o veinticinco años cuyos dueños aceptaban la oferta, pero pedían seis, ocho o diez meses para trasladarse.
Negociamos con un colegio, el Gimnasio Los Alcázares; con la parroquia Villa del Carmen, y con dos conventos. El padre de Villa del Carmen me dijo: ‘le acepto, pero no me intervenga el atrio hasta después de Semana Santa’. ¿Y cómo le digo que no al padre?
En el Hogar Nazaret me tocó esperar a que la madre superiora viniera desde Bucaramanga. Cada inmueble es un mundo. Aun así, en 20 meses compramos 65 de esos 68 predios; hoy solo faltan dos, que ya estamos cerrando, y entregamos la obra en el primer semestre del año entrante”.
Sabaneta se volvió famoso con la loma del “sube o no sube”, ¿qué pasa ahí?
“Todas nuestras veredas tienen lomas muy inclinadas, con nombres como El Asfixiadero o la Loma del Esfuerzo. Pero el problema de fondo en San José fue un error grandísimo: el PBOT aprobado en 2009, siendo alcalde Guillermo Montoya, que subió la zona de expansión de la cota 1.200 a la 1.800.
Antes, en un lote en la cota 1.500 usted construía una casa de dos niveles; de un momento a otro podía levantar una torre de veinte. Por eso, al cruzar el puente desde La Estrella, uno ve las veredas sembradas de edificios.
Sobre eso se aprobaron, entre 2012 y 2014, los planes parciales Casas Sabaneta y La Macana. La gente cree que el problema de San José es de esta administración, pero nosotros heredamos algo de atrás: se autorizaron las torres sin exigirles a los constructores las cargas y obligaciones urbanísticas —vías, acueducto, alcantarillado, alumbrado—, que debían construirse a la par de las ventas y nunca aparecieron.
Esa loma estaba diseñada para una vereda de cuarenta casas a la que subían jeeps Willys; la pavimentaron con una inclinación antitécnica, y por eso un carro pequeño no sube. Nosotros instalamos una mesa de constructores y les regulamos el plan de manejo de tránsito —no puedo quitarles las licencias, pero sí controlar el tráfico de vehículos pesados— hasta que se comprometieran con el equipamiento público.
Cuando llegamos no existían ni la Vía S, ni la 75B, ni el alumbrado; hoy la S y la 75B ya están construidas y la 77 Sur se está ampliando, con andenes y barreras de contención. Invito a los medios a subir a San José: la fotografía es totalmente distinta”.
Hablemos del POT que está en el Consejo de Estado, el de 2019...
“El POT de 2019 fue una revisión extraordinaria en la que, a mi juicio, se tocaron temas de fondo que no se podían tocar en ese tipo de revisión. Yo era concejal entonces y me declaré impedido para votar varios de esos artículos, porque sabía que no cumplían la normatividad.
Hoy estamos a la espera del fallo del Consejo de Estado para saber cómo actuar frente a las solicitudes y licencias que llegan. Nuestra tranquilidad es que en este gobierno no hemos aprobado una sola licencia de construcción en la ladera ni en las veredas; somos la administración que menos licencias ha aprobado en los últimos dieciséis años.
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Si el POT se llegara a caer, volvería a regir el de 2009, que era mucho más permisivo en densidades; el que está en el Consejo de Estado es más restrictivo, y el que estamos elaborando nosotros lo será aún más”.
Este año ha habido muchas quejas por el predial: que llegó tardísimo, que llegó altísimo, que no les tienen en cuenta pagos anteriores...
“Me encanta que toquemos el tema. Sabaneta pasó 16 años sin una actualización catastral, porque los alcaldes no quisieron asumir el costo político, aunque la ley obliga a hacerla cada cinco años. La última fue en 2007.
Imagínese el desequilibrio entre los avalúos de hace dieciséis años y los de hoy. La actualización la empezó el exalcalde Santiago Montoya en 2023, por etapas; la más grande, de 68.000 predios, se hizo el año pasado y empezó a regir este año.
La ley nos obliga a actualizar entre el 60 y el 100 por ciento del avalúo comercial, y nosotros elegimos el mínimo, el 60.
Un ejemplo: en el proyecto Vigo, en la 46, los apartamentos se vendían en 2024 entre 450 y 500 millones, y su avalúo catastral era de $68 millones; con la actualización quedó en $198 millones, no en los 300 que habría permitido la norma.
Una cosa es el avalúo y otra la tarifa: por ley no se le puede cobrar a una persona, en una vigencia, más del cien por ciento de lo que pagó en la anterior. Además, en diciembre llevamos al Concejo un acuerdo para congelar tarifas, que intentaron sabotear demandando a los concejales. Buena parte del ruido ha venido más de la oposición que de la realidad del cobro”.
Pero más allá de la política, hay gente denunciando que les están cobrando recibos que ya pagó...
“Sí. Fueron 68.000 unidades actualizadas y las revisamos una por una para que la factura saliera con el menor error posible, pero en ese volumen se nos pudieron ir errores. Por eso abrimos una oficina con diez o doce personas calificadas: el que crea que su factura tiene un error radica un derecho de petición, lleva su factura y se le responde, y si hay error se corrige en tiempo real y se imprime una nueva.
Ampliamos el plazo del pronto pago hasta el 30 de junio. También es cierto que a veces no hay error, sino que toca pagar lo que corresponde: encontramos fincas que se vendían en 4.500 millones y figuraban en el catastro en 178, y bodegas de 9.000 millones que aparecían en 800.
El atraso por no haber actualizado nos costó muchísimo recaudo; con esa plata ya tendríamos nuevo hospital y más vías”.
Sabaneta va a tener un gran centro de eventos, el DaviArena, algo que le hacía falta al área metropolitana. ¿Qué significa para el municipio y qué van a hacer con la movilidad, que es lo que preocupa a los vecinos?
“El DaviArena va a cambiar la dinámica económica, no solo de Sabaneta, sino de toda el área metropolitana: turistas, gastronomía, transporte, hotelería.
Nos hemos venido preparando desde nuestro Centro de Orientación para el Empleo y el Emprendimiento, formando jóvenes en inglés, logística y producción de eventos, por la demanda de empleo que va a generar.
En seguridad, hoy somos la ciudad más segura del país: tenemos la central de monitoreo más moderna, parque automotor y equipos nuevos para la fuerza pública, una estación de policía modernizada y un cuerpo de bomberos con escuela propia.
Eso sí: el Arena tiene que ser un hecho metropolitano. Lo he llevado a dos juntas metropolitanas, porque aunque está en Sabaneta, impacta directamente a Envigado, Itagüí y La Estrella, y desde el Área Metropolitana se deben destinar recursos para seguridad, movilidad, infraestructura y medioambiente. No lo puede asumir solo el alcalde de Sabaneta”.
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