En el tercer piso de una casa del barrio Rosalpi, en Bello, una mujer descubrió no solo su talento innato en fotografía, sino también la inmensa diversidad de aves que habita en este municipio.
Era el año 2014 y Bibiana Marín Monsalve acababa de comprar una cámara y, como quien estrena juguete, la apuntó por la ventana a ver que captaba. En un cable de energía, frente a un hospital cercano a su casa, vio un pájaro que parecía posar para ella.
Bibiana, curiosa y ansiosa de estrenar su cámara, disparó enseguida para la foto.
“Uy, muy buena cámara compré”, pensó. Solo después entendió que lo extraordinario no estaba en el lente, sino en el ave que hasta ese día no había visto.
Ese instante, casi que una coincidencia perfecta, fue el comienzo de una gran trayectoria en el ámbito fotográfico que hoy ya registra cerca de 320 especies de aves residentes en el municipio.
Un largo vuelo de aprendizaje
Lo que empezó como curiosidad se volvió disciplina. Bibiana comenzó a investigar nombres científicos, a ordenar archivos, a llenar formatos técnicos y a subir registros a plataformas especializadas como eBird. Descubrió que pajarear no era solo mirar: era documentar la diversidad en pro de preservarla.
En el parque que está ubicado frente a su casa inició su práctica, identificó más de 20 especies. Luego, en Piamonte, ayudó a registrar cerca de 120 en plena zona urbana. En el Lago del ICA, otras 120; y en la Serranía de Las Baldías, más de 270. La cantidad de especies registradas revelaban algo: las aves siempre habían estado ahí, invisibles para una ciudad que aún no las nombraba.
A pajarear en forma
Tras la pandemia, esa pasión tomó forma de proyecto. En 2022, Bibiana presentó una idea a la convocatoria Bello Emprende: soñaba con una aplicación móvil para gestionar la diversidad de aves del municipio. La propuesta fue premiada, pero el verdadero giro vino con la asesoría institucional que la llevó a transformar el plan en algo más tangible: rutas de aviturismo.
Así nació Bello Birding, una plataforma de educación ambiental que ha participado en las Fiestas del Cerro Quitasol, organiza rutas en sectores como Piamonte, el Lago del ICA, la vía hacia Las Baldías y la represa La García, y dinamiza el Club de Pajareros de Bello. Cada salida empieza a las 6:00 a. m., cuando la ciudad apenas bosteza y los binoculares ya buscan movimiento entre los árboles.
“En Bello no hay rutas de aviturismo. Mucha gente sale a observar aves a otros municipios, pero a Bello no vienen porque no las hemos mostrado”, expresó en su momento.
Bello: el municipio de las aves
Bello no solo tiene cantidad, también tiene singularidad. Entre sus registros hay aves endémicas de Colombia y especies amenazadas. Una de ellas es el Montañerito paisa, ave que se creyó extinta y que fue redescubierta en el altiplano norte antioqueño. En la vereda Cuartas se han avistado ejemplares de esta especie, de la que existen apenas unos 120 individuos en el mundo.
En los barrios también vuelan los más conocidos: el azulejo común, el bichofué, el petirrojo, el carpintero habado y el gavilán pollero. Nombres que, cuando se aprende de su importancia, cambian la forma de mirar el árbol de la esquina o el cable frente a la ventana.
Bibiana vuelve a veces al mismo punto donde todo comenzó. Mira por la ventana y distingue colores y formas que antes eran solo catalogados como un ave común. Entiende que el verdadero cambio no fue la cámara, sino la mirada.
Pajarear, como explica la misma Alcaldía de Bello (que dio a conocer la extraordinaria historia de Bibiana), es aprender a nombrar, a registrar y, sobre todo, a proteger.
Y la invitación, queda para aquel que desee descubrir la belleza y diversidad de este municipio: Ir a pajarear en Bello es también una forma de redescubrir el territorio antioqueño.