La comunidad académica y científica antioqueña y colombiana está acongojada tras conocerse el fallecimiento del profesor Rafael Otero Patiño, médico pediatra y toxicólogo, más conocido en el gremio como el "encantador de víboras", según recordaron sus familiares.
Otero Patiño fue un importante investigador y docente que dedicó gran parte de su vida al fortalecimiento de la educación médica, la investigación en toxinología y la atención de las poblaciones más vulnerables del país.
El deceso del importante especialista se dio el domingo 31 de mayo a las 11:20 p.m., a sus 80 años de edad, según informaron sus familiares.
Según la biografía del docente, Otero nació en el corregimiento El Centro, de Barrancabermeja, el 2 de febrero de 1946. Inició su formación académica en 1963 en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y posteriormente obtuvo el título de Médico Cirujano de la Universidad de Antioquia en 1970.
Más adelante se especializó en Pediatría en la misma institución, complementando su formación con estudios y entrenamiento en Toxicología Clínica y Experimental en el Instituto Butantan de São Paulo, Brasil, y en el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica, dos de los centros más reconocidos de América Latina en el estudio de venenos y antivenenos.
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Durante 21 años fue profesor titular e investigador en Infectología Pediátrica en los programas de pregrado y posgrado del Departamento de Pediatría de la Universidad de Antioquia, labor que desarrolló desde el entonces Hospital Infantil de Medellín. Asimismo, ocupó la jefatura de Pregrado e Internado de la Facultad de Medicina durante cuatro años, contribuyendo a la formación académica de cientos de médicos.
Uno de sus aportes más significativos fue la creación del Grupo de Ofidismo y Escorpionismo de la Universidad de Antioquia, inicialmente denominado Ofidismo en Antioquia y Chocó. La U. de A. resaltó que el Grupo se gestó a finales de 1986 por iniciativa de Otero Patiño, y un año después, Colciencias y la Universidad de Antioquia aprobaron el primer proyecto de investigación, en el cual lo acompañaban un grupo multidisciplinario de profesores, de médicos de hospitales de Antioquia y Chocó, y la asesoría del Instituto Clodomiro Picado de Costa Rica. El grupo inició labores el 1 de marzo de 1988.
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Además de ser su fundador, fue su primer coordinador durante 14 años, liderando investigaciones que ampliaron el conocimiento sobre los accidentes ocasionados por serpientes y escorpiones en Colombia.
“La fundación y consolidación del Grupo de Ofidismo y Escorpionismo constituyen uno de los mayores legados científicos del profesor Otero Patiño, cuyo trabajo permitió fortalecer la investigación y la atención de pacientes afectados por accidentes con animales ponzoñosos”, destacaron sus allegados.
En 1995 Otero Patiño fundó la Maestría en Inmunotoxinología de la Universidad de Antioquia, programa en el que se desempeñó como tutor hasta 2005. Posteriormente continuó vinculado como docente de cátedra y asesor de investigación en programas de pregrado y posgrado, así como en el Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina hasta 2010.
A lo largo de su carrera también tuvo una activa participación en organizaciones científicas nacionales e internacionales, de acuerdo a la semblanza hecha. Fue miembro de la Sociedad Colombiana de Pediatría, donde ejerció como secretario durante dos años; integrante de la Sociedad de Pediatría de Antioquia, de la que fue presidente y secretario en distintos periodos; además de miembro de la Sociedad Internacional de Toxinología y de la Sociedad Brasileña de Toxinología.
Para Felipe Merino, sobrino del doctor Otero, el médico fue uno de los expertos más importantes del país en la búsqueda de antídotos para mordeduras de serpientes y picaduras de alacranes. De hecho alcanzó publicar 150 investigaciones sobre su línea de trabajo.
"Pero más importante aún, fue uno de los pocos médicos que se acercó a la comunidad para conocer sus necesidades pero también las plantas con las que estas contrarrestaban los venenos
de estos animales. A raíz de eso, hizo un libro muy bonito en el años 2000 llamado 'Plantas utilizadas contra mordeduras de serpientes en Antioquia y Chocó'", detalló Merino.
Para el sobrino, las más de 3.000 muertes al año en el país por estas picaduras, eran una constante preocupación del doctor Otero, quien también educaba en que no había que matar a las especies ponzoñosas, sino más bien concentrar esfuerzos en buscar el antídoto a sus males.
“Su sueño era crear un antídoto que no requiriera refrigeración para su conservación. Ese era su mayor sueño para así poder ayudar a las comunidades alejadas que tanto le preocupaban. Infortunadamente, se retiró sin lograr este avance. Aún así fue uno de los toxicólogos pediatras más importantes del país”, añadió Merino.
La red de especialistas en toxinología Redtox escribió que “su trabajo científico contribuyó de manera significativa al conocimiento de los venenos de serpientes y escorpiones, así como al fortalecimiento de la toxinología clínica en nuestra región. Sus investigaciones, docencia y compromiso con la salud pública dejaron una huella imborrable en generaciones de profesionales y estudiantes”.
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