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El tororoí, el ave en peligro que podría ser emblema de Urrao, en Antioquia

El Tororoí de Urrao, un ave endémica de Antioquia, vive únicamente en el Páramo del Sol.

  • El Tororoí tiene como nombre científico: Grallaria urraoensis. Grallaria por sus piernas largas y su cola corta, y urraoensis, el gentilicio en latín de los habitantes de Urrao, Antioquia. Foto: Nigel Voaden.
    El Tororoí tiene como nombre científico: Grallaria urraoensis. Grallaria por sus piernas largas y su cola corta, y urraoensis, el gentilicio en latín de los habitantes de Urrao, Antioquia. Foto: Nigel Voaden.
hace 4 horas
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Entre frailejones y pajonales, suenan tres silbidos, con una pausa después de la primera nota y la última más aguda: tororoí. Así como suena y así mismo se llama. Tororoí. Nombre científico: Grallaria urraoensis. Grallaria por sus piernas largas y su cola corta, y urraoensis, el gentilicio en latín de los habitantes de Urrao, Antioquia.

Con unas patas que parecen zancos y un plumaje miel en su espalda y cabeza y ceniza en su pecho y vientre, esta ave poco se deja ver y por eso también hay pocos estudios sobre ella.

Es una de las cuatro endémicas que hay en el departamento, es decir, que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. También están en esa lista el arrierito antioqueño, el cucarachero paisa y el montañerito paisa. Todos están en peligro de extinción por la destrucción de su hábitat.

Infográfico
El tororoí, el ave en peligro que podría ser emblema de Urrao, en Antioquia

El Tororoí es un ave tímida, vive oculta entre los bosques andinos del suroeste de Antioquia. Fue descrita como una nueva especie para la ciencia apenas en 2010.

“Es una especie de alto interés, porque tiene una distribución supremamente limitada. Solo existe en el Páramo del Sol, entre Frontino y Urrao”, explica Ana María Castaño Rivas, presidenta de la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO).

En eBird, la plataforma de registro de observación de aves del Laboratorio de Ornitología de Cornell, solo se han logrado 64 fotografías del Tororoí, muy pocas comparadas con las miles que acumulan otras especies.

No existe, además, un estudio poblacional que determine cuántos ejemplares quedan. Lo único certero es su clasificación: en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Su hogar

El Tororoí habita bosques nublados montanos y subpáramos dominados por robles y chuscales de bambú, entre los fríos 2.500 y 3.500 metros sobre el nivel del mar. Su hogar, donde más se le puede encontrar, el Páramo del Sol, es un complejo de apenas 30 kilómetros cuadrados, ubicado, principalmente, entre los municipios de Urrao y Frontino. Es el pico que más roza el sol en Antioquia.

Se trata de un macizo ígneo y volcánico moldeado por tres glaciaciones ocurridas hace 10.000 años antes de Cristo.

Es el bastión del funcionamiento hídrico de la región: las hojas de los frailejones captan y almacenan agua, que luego se desliza hacia las llanuras a través de un intrincado sistema de lagunas y humedales. Gracias a eso, diez municipios de Antioquia y uno de Chocó reciben agua de este páramo. Y el Tororoí no solo es tímido, sino que también es un ave casera; vive casi exclusivamente en ese páramo que es su hogar.

Es una especie microendémica, y cualquier amenaza a este territorio es, en la práctica, una amenaza directa a la supervivencia global del Tororoí.

El turismo y su amenaza

Un atardecer en el Páramo del Sol es como flotar sobre un mar de nubes bañadas de oro. Y esa belleza es, precisamente, el riesgo. En los últimos diez años, el turismo hacia el Páramo del Sol creció, impulsado por las redes sociales, con la promesa de recorrer sus valles y cerros de los ancianos frailes.

Llegar hasta el Alto de Campanas, el punto más elevado de Antioquia, a 4.080 metros sobre el nivel del mar, fue un sueño cumplido para muchas personas Pero nunca hubo un control a los exploradores. En 2022, después de años de denuncias por contaminación, quemas y frailejones destruidos, un grupo de turistas fue la gota que derramó el vaso: por instalar un campamento, terminaron mutilando a varios centenarios frailejones.

Además, claro, dejaron toda su basura abandonada. En julio de ese año, la Alcaldía de Urrao y Corpourabá finalmente decidieron cerrar el páramo al turismo.

El cierre se ha prorrogado y extendido hasta agosto de 2026, a la espera de un estudio de capacidad de carga que determine si el turismo podría volver a permitirse y en qué condiciones.

Sin embargo, según denuncias locales, el cierre se cumple a medias: sin un guardabosques permanente ni personal de control territorial suficiente, cientos de personas siguen entrando al páramo guiadas por operadores no certificados, a través de accesos por Caicedo o Frontino. Aun así, los tres años de cierre han mostrado señales alentadoras: según Corpourabá, se ha evidenciado una recuperación de las poblaciones de frailejones y del oso andino, especies que sirven como termómetro de la salud del ecosistema.

Esto es, en el fondo, la misma lógica que ahora se busca aplicar con el Tororoí: proteger una especie carismática para proteger, de paso, todo lo que la rodea.

Un llamado de protección

Bajo la premisa que resume Castaño: se conserva lo que se ama y se ama lo que se conoce, surgió una acción artística en la plazoleta del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). La artista visual Carolina Caycedo, en colaboración con la SAO y el museo, convocó a cerca de 75 personas para formar con sus propios cuerpos, tendidos en el suelo, la frase “Tororí resiste”, fotografiada desde el aire con un dron.

La artista prefiere hablar de esta nueva pieza como una acción colectiva más que como una obra de su autoría: se trata de una imagen sin firma y de libre uso. Para Caycedo, ocupar un espacio público con un reclamo es también una forma de recordar que esos espacios son bienes comunes, igual que lo es el páramo.

“El Páramo del Sol como un espacio que es un bien común también que debemos proteger”, dice.

Del arte a la política municipal

Finalmente, la cultura también puede ser una herramienta de protección. Con esto en mente, la SAO envió una carta al Concejo de Urrao para respaldar formalmente la propuesta de declarar al Tororoí como ave emblemática del municipio, una iniciativa que partió de la propia Administración Municipal.

En la carta la organización —que coordina la implementación de la Estrategia Nacional para la Conservación de las Aves en Colombia (ENCA), junto con el Instituto Humboldt, Audubon y la Red Nacional de Observadores de Aves— sostiene que la declaratoria “constituye una decisión estratégica que trasciende el valor simbólico”, porque puede convertirse en un eje articulador para impulsar investigación científica, educación ambiental, restauración ecológica y monitoreo de biodiversidad.

Además, posiciona a Urrao como referente de aviturismo responsable: el municipio alberga más de 750 especies de aves, una de las cifras más altas del país.

La propuesta fue recibida con buen ánimo en una sesión del Concejo Municipal, pero no ha sido oficializada.

Para Castaño, más allá del reconocimiento simbólico, declarar al Tororoí como emblema del municipio es también una forma de justificar y sostener acciones concretas: estudios poblacionales que hoy no existen, la definición de corredores de conectividad entre los fragmentos de hábitat disponibles, y un turismo de observación de aves basado en estudios de capacidad de carga que respeten la fragilidad del páramo.

Con todo esto sobre la mesa, vale la pena preguntarse qué pasará no solo con el Tororoí, sino con las otras aves únicas que habitan las montañas de Antioquia y que también están en riesgo de extinción por la pérdida de su hábitat.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Qué es el Tororoí (Grallaria urraoensis) y por qué su conservación es de alto interés para la ciencia?
Es una pequeña ave tímida de patas largas y plumaje miel y ceniza, descrita para la ciencia en 2010. Su conservación es crítica porque es una de las cuatro especies microendémicas de Antioquia (no existe en ningún otro lugar del planeta) y habita exclusivamente en una franja de apenas 30 km² en el Páramo del Sol, categorizada en peligro crítico de extinción por la UICN.
¿Qué amenazas afectan al Páramo del Sol y qué impacto ha tenido su restricción de acceso?
El crecimiento del turismo sin control provocó basuras, quemas y la mutilación de frailejones centenarios, lo que llevó a la Alcaldía de Urrao y a Corpourabá a cerrar el páramo. Aunque persisten ingresos ilegales por falta de guardabosques permanentes, el cierre ha permitido dar señales de recuperación en la flora nativa y en especies clave como el oso andino.
¿Qué iniciativas artísticas y políticas se adelantan para proteger al Tororoí y su ecosistema?
En el MAMM, la artista Carolina Caycedo y la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO) coordinaron una acción colectiva formando la frase «Tororí resiste» con cuerpos en el suelo. Paralelamente, la SAO solicitó al Concejo de Urrao declarar oficialmente al Tororoí como ave emblemática del municipio, buscando apalancar investigación científica, educación ambiental y un modelo de aviturismo responsable.

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