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¡Para ver con lupa! Escenas de la Semana Santa en puntas de lápiz y hasta pestañas: lo increíble del arte microscópico

La colombiana Flor Carvajal es la única artista mujer del mundo que se dedica a la microescultura. Actualmente, en el Centro Comercial Los Molinos hay una exposición que reúne 20 obras suyas y que traen escenas de la Semana Santa.

  • Más de 400 obras ha creado la artista santandereana Flor Carvajal durante casi tres décadas de trayectoria en la microescultura. Las obras hay que verlas con Lupa, el nivel de detalles es impresionante. FOTOS Camilo Suárez y Cortesía
    Más de 400 obras ha creado la artista santandereana Flor Carvajal durante casi tres décadas de trayectoria en la microescultura. Las obras hay que verlas con Lupa, el nivel de detalles es impresionante. FOTOS Camilo Suárez y Cortesía
  • Muchas obras hay que verlas con lupa para dimensionar el nivel de detalle que la artista le imprime. FOTO Camilo Suárez.
    Muchas obras hay que verlas con lupa para dimensionar el nivel de detalle que la artista le imprime. FOTO Camilo Suárez.
  • Así luce, en el ojo de una aguja, la escena de la crucifixión. FOTO Camilo Suárez
    Así luce, en el ojo de una aguja, la escena de la crucifixión. FOTO Camilo Suárez
hace 29 minutos
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Granos de arroz, agujas y pestañas han sido solo algunos de los lienzos poco convencionales sobre los que Flor Carvajal ha realizado sus esculturas. Y sí, como debió haber podido concluir con esa afirmación, las obras de la artista santandereana son diminutas, microscópicas. Es en esos objetos en los que, hace más de dos décadas, se ha dedicado a recrear desde la biodiversidad de las selvas y bosques colombianos, hasta las escenas más relevantes del catolicismo.

Justo en esta Semana Santa, Carvajal está exponiendo 20 de sus microesculturas en la Plaza Jardín del Centro Comercial Los Molinos, que se podrán ver hasta el 30 de abril. Allí, con ayuda de lupas se pueden ver de manera gratuita el lavatorio de los pies, la última cena y la crucifixión de Jesús, la artista reunió obras de toda su trayectoria -que pueden medir seis, cinco y hasta tres micras, o sea, una millonésima parte de un metro- incluso algunas de ellas elaboradas hace más de veinte años.

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Aunque a Flor el “bicho” de la microescultura le picó gracias a las ganas de hacer una obra religiosa, no fue precisamente una acerca de esta época, que es una de las principales celebraciones anuales de la Iglesia Católica, la primera. La artista cuenta que todo inició en Bucaramanga, en 1999, cuando estaba realizando una exposición de obras ejecutadas con reciclaje.

“Y un periodista me dijo: ‘¿Por qué no hace el pesebre más pequeño del mundo?’. Yo ya hacía pesebres, pero no eran tan diminutos como para considerarlos los más pequeños. A partir de ese reto, decidí empezar a trabajar con esa idea: ¿por qué no intentar crear el pesebre más pequeño del mundo?”, relata Carvajal, quien en ese momento ya llevaba una vida entera dedicada al arte, porque fue desde los 13 años que comenzó a soñar con que al lado de su nombre se escribiera la palabra “artista”.

Para cumplir el reto, primero usó una moneda de un centavo –que puede medir entre 17 y 19 milímetros– y también diminutas bolitas de icopor. Pero eso no era suficiente. Fue después que, como recuerda ella, le dedicó un día entero, hasta las 2:00 a. m., a un pesebre encima de un cabello ubicado en la cabeza de un alfiler.

Muchas obras hay que verlas con lupa para dimensionar el nivel de detalle que la artista le imprime. FOTO Camilo Suárez.
Muchas obras hay que verlas con lupa para dimensionar el nivel de detalle que la artista le imprime. FOTO Camilo Suárez.

Cuando uno le pregunta cómo llegó a ese resultado, en dónde o con quién aprendió, Flor dice segura y enfática que “este tipo de arte no se enseña en ningún lado, esto nace, ya venía con uno el talento y la destreza”. Una destreza que, al parecer, es de pocos porque en los 27 años que se ha dedicado a la microescultura solo ha conocido a cuatro microescultores: ella es la única latinoamericana y también la única mujer, una pionera en su oficio.

En esos primeros años, la artista se dedicó de lleno al arte religioso. Después, Carvajal comenzó a realizar animales, caricaturas y otro tipo de figuras que integran las más de 400 piezas que ha desarrollado hasta ahora. El punto de partida de estas obras, explica ella, es siempre la inspiración.

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“Yo a veces no trato de imponerme una obra, pero no soy capaz; necesito tener esas ganas de trabajar algo. Una vez me dije que quería el colibrí más pequeño del mundo dentro de una aguja, que es el Zunzuncito. Hice algo tan diminuto que la voy a postular a un récord Guinness en algún momento. Al ojo humano no se puede ver, es realmente así. Entonces me impongo eso, con ese deseo, con esas ganas de retarme, de hacer algo tan diminuto que no quepa en la cabeza de nadie”, cuenta.

Así luce, en el ojo de una aguja, la escena de la crucifixión. FOTO Camilo Suárez
Así luce, en el ojo de una aguja, la escena de la crucifixión. FOTO Camilo Suárez

Eso nace en su taller, que está repleto de tarritos con objetos diminutos; uno de los más curiosos que pueden llegar a almacenar son hasta partículas de polvo. Sin embargo, el material central de sus obras es uno que ella misma prepara y que, poco a poco, le va dando forma con agujas.

Ahora, además de dedicarse al arte religioso, está dedicada a resaltar la riqueza cultural de su país creando microesculturas con figuras como palenqueras y silleteros. También está trabajando en una serie de mascotas del Mundial 2026, aprovechando que ya está comenzado a subir la fiebre futbolera, y en una de madres. “Y a mí me gusta que todo quede perfecto. Sí, me vuelvo muy perfeccionista; cada día de mi vida quiero que las cosas queden mejor”, asegura.

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