Durante la semana pasada, el Capitolio Nacional se convirtió en una vitrina de propuestas. Uno tras otro, los diez aspirantes a la Contraloría —la entidad con más responsabilidad sobre los recursos del Estado— se presentaron en Cámara y Senado para hablar de innovación y tecnología en el control fiscal, las contralorías territoriales, la crisis de la salud y los “elefantes blancos”. Todos prometieron ser el contralor que no se deja tocar por nadie.
Lo que no se escuchó en esos recintos fueron las polémicas que rodean a algunos de los candidatos más opcionados, que van desde denuncias de acoso, sombras políticas que los respaldan, y cercanías con figuras cuestionadas.
El próximo miércoles 12 de agosto, los 286 congresistas reunidos en pleno y en votación secreta decidirán quién ocupará el puesto por los próximos cuatro años. Entre los diez aspirantes, según las fuentes consultadas por este medio en el Legislativo, la contienda se ha ido decantando hacia un empate entre dos nombres: Andrés Castro y Jorge Eliécer Laverde.
El descarte silencioso de las mujeres
Hace apenas unas semanas, los nombres de Ana Monsalvo Herrera y, en menor medida, de Diana Carolina Torres sonaban como posibles cartas femeninas. Monsalvo, coordinadora en el empalme de Abelardo de la Espriella, llegó a ser vista como la candidata con el guiño del Gobierno, aunque su cercanía con la familia Gnecco (fue contratista en la Gobernación del Cesar de Luis Alberto Monsalvo Gnecco) la puso bajo la lupa de varios sectores.
Pero según fuentes consultadas, esa opción se apagó. “El Gobierno no se va a dar la pela por nadie”, dijo una fuente enterada. Esto pese a que en ocasiones anteriores el Gobierno Nacional sí estaba detrás de algunos nombres.
Por ejemplo, hace cuatro años, Gustavo Petro habría estado a favor de Carlos Hernán Rodríguez, un candidato que no representaba a sus adversarios. Y antes, durante el gobierno de Iván Duque, el entonces contralor Carlos Felipe Córdoba fue considerado un funcionario cercano al Ejecutivo y con un papel clave en la gobernabilidad.
Zuluaga se desinfló
Otro nombre que estaba en el sonajero en las últimas semanas era el del vicecontralor Carlos Mario Zuluaga, reconocido durante este cuatrenio por ser el vocero sobre hallazgos en el sistema de salud, pero a su vez señalado desde diferentes sectores por presuntos “atajos y omisiones” en su gestión, pues en la oposición algunos lo consideran “blando” con el gobierno saliente.
Zuluaga venía sumando apoyos, pero esa fuerza se desinfló. La explicación que circula entre congresistas apunta a un mensaje informal —no oficial— desde el entorno del Gobierno entrante. Y es que aunque el ministro del Interior (d) Rodrigo Lara dijo públicamente que el proceso era de autonomía del Congreso, ha corrido el rumor de cierto “veto” tácito contra su nombre.
Zuluaga ha sido cuestionado públicamente por presuntamente haber presentado un diploma de la Universidad de Pittsburgh como un título postgrado sin que este tuviera esas características, como relatan investigaciones del medio Casa Macondo.
Detrás de esa cautela del Gobierno, consideran algunos, podría haber un cálculo político más amplio: el temor a repetir la derrota resultado de la elección de la presidencia del Senado. Por eso no habrían respaldado ningún nombre y podrían seguir una estrategia similar a la de hace cuatro años, cuando Petro habría mandado un mensaje de que no quería a la entonces candidata María Fernanda Rangel a cargo de la entidad de control.
Castro y Laverde suenan como “cartas” de Eljach
En ese terreno, la carrera se ha cerrado en torno a dos nombres que tendrían el respaldo del procurador Gregorio Eljach. De hecho, estarían buscando construir la misma imagen que llevó a Eljach a la cabeza del Ministerio Público: una que sea “amable con todos”, que genere confianza transversal entre bancadas de derecha, centro e izquierda, sin comprometerse abiertamente con ninguna.
Andrés Castro llega a la contienda con una trayectoria que incluye su paso como contralor de Bogotá, contralor delegado para el sector Justicia y magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia. Fuentes consultadas por este diario aseguran que ha buscado acercamientos con sectores progresistas, aunque también es identificado por su cercanía con el excontralor Felipe Córdoba.
En el caso de Jorge Eliécer Laverde, su principal fortaleza radica en que ha trabajado más de una década en el Congreso como secretario de la Comisión Sexta del Senado, un cargo desde el que ha construido relaciones con senadores y representantes de distintas bancadas. De acuerdo con fuentes políticas, contaría con el respaldo de la dirección del Partido Liberal.
El primero es visto por algunos como “muy de Bogotá” y el segundo “muy de los liberales”, y esos serían los “peros” que suenan entre los congresistas.
Pero Laverde también arrastra un expediente incómodo: una denuncia de acoso que hizo pública la exsenadora María José Pizarro y que él mismo ha rechazado públicamente, y una relación política que, de acuerdo con una investigación de Voragine, lo vincularía a la sombra del hoy condenado excongresista liberal Mario Castaño, protagonista del escándalo de “Las Marionetas”.
Entre los dos punteros aparece, además, un tercer nombre que gana terreno de forma casi silenciosa: Luis Enrique Abadía (quien tuvo el puntaje más alto en el examen). “No le cae mal a nadie, no le estorba a nadie”, describió a este medio un congresista.
Algunos consideran que su nombre podría sorprender el día de la votación. No obstante, este medio conoció —como también señalan otras investigaciones— que cuando Abadía fue secretario de Educación en Chocó, habría estado vinculado al clan Sánchez Montes de Oca en esa región. El también exdefensor del Pueblo por ese mismo departamento, luego se habría desmarcado de ese grupo. En diálogo con este medio, respondió que no tiene a ningún político que lo “patrocine”.
Sobre la mesa sigue la pregunta de si se repetirá la alianza informal entre el Pacto Histórico y el uribismo que ya funcionó en la reciente disputa por la presidencia del Senado. Consultado al respecto por Blu Radio, el expresidente Álvaro Uribe evitó hablar de una alianza como tal y describió las dinámicas naturales de la vida legislativa, sin comprometerse con ningún nombre.
El expresidente señaló en Caracol Radio, sobre ese tema, que ojalá el Congreso escoja un contralor que haga bien su trabajo “sin perseguir a nadie políticamente”.
Unas palabras similares utilizó la candidata antioqueña y excontralora de Antioquia y de Medellín, Diana Torres. Dijo en diálogo con EL COLOMBIANO que, en caso de quedar electa, “no perseguiría a nadie”. Agregó: “Yo creo que no estoy en desventaja, yo tengo claro que este debate debe enmarcarse en tema técnico, que tengo con mi experiencia de control fiscal”, dijo.
Y sobre el hecho de que en 2020 hubiera sido escogida por concejales de Medellín cercanos en ese entonces al alcalde Daniel Quintero, señaló que eso fue un hecho fortuito y que no fue impedimento para que su contraloría encontrara hallazgos en el programa ‘Buen Comienzo’. “Creo que se notó la objetividad en mi labor”, indicó.
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Con el secreto del voto como única certeza, la experiencia reciente del Congreso muestra que, por ahora, las cuentas no se definen. Será el miércoles próximo cuando se conozca finalmente quién será el encargado de vigilar el uso adecuado de todos los recursos públicos: desde el presupuesto nacional, las regalías y el de las empresas del Estado por los próximos cuatro años.
Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Cuándo se elige al nuevo contralor general de Colombia?
- El Congreso en pleno —286 congresistas de Senado y Cámara— elegirá al nuevo contralor general el miércoles 12 de agosto de 2026, en votación secreta.
- ¿Quiénes son los candidatos favoritos a la Contraloría 2026?
- Los punteros serían Andrés Castro, actual personero de Bogotá, y Jorge Eliécer Laverde, secretario de la Comisión Sexta del Senado, quienes según fuentes del Congreso mantienen un empate técnico. Luis Enrique Abadía suena como tercera opción.
- ¿Qué pasa si no hay mayorías hacia un candidato en la elección de Contralor?
- El Congreso debe repetir las votaciones las veces que sean necesarias hasta que una persona salga escogida con mayoría.