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El Arkeólogo: la música como una brújula para la vida

Ventanas, publicado a finales de abril, es el tercer disco instrumental de El Arkeólogo. Cuenta con colaboraciones de Lianna, Gilmer Mesa y Fa-Zeta.

  • El disco incluye colaboraciones con Lianna, Fa-Zeta y el escritor Gilmer Mesa. FOTO Julián Gaviria @eldelasfotos
    El disco incluye colaboraciones con Lianna, Fa-Zeta y el escritor Gilmer Mesa. FOTO Julián Gaviria @eldelasfotos
Sara Kapkin

Tendencias

03 de mayo de 2026
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Ventanas es el tercer disco instrumental de El Arkeólogo, como se hace llamar Gambeta, de Alcolirykoz, en su faceta como productor. Un trabajo de 12 temas, que no dura más de media hora, pero que atesora años.

El disco, que cuenta con colaboraciones de Fa-Zeta, Lianna y Gilmer Mesa, parte de esa sensación que aparece sobre todo en los viajes por carretera, cuando el paisaje se va desdibujando al mirar y lo que se ve pasar es la vida.

—Lo que me movió la aguja para hacer el disco fue salir mucho en el carro, ir de paseo y querer grabar un montón de cosas chimbas y darme cuenta de que no tenía publicados beats míos que reflejaran esa sensación. Sentí la necesidad de hacerlo y me metí en la película —dice Gambeta, sentando en un butaquito al lado de la ventana de su estudio en Aranjuez.

Gambeta hace beats todo el tiempo y los va organizado en carpetas, mes a mes, año a año. Tiene cientos. Ventanas tiene algo de esos que ya estaban, pero tiene, sobre todo, la alegría que arropa los recuerdos de un viaje a Brasil a mediados del año pasado, para celebrar el cumpleaños de su hijo Alejandro. Una alegría honda, que ya presentía, porque el vínculo con Brasil empezó con el fútbol y los amigos, en la infancia.

—Yo voy viviendo y guardando el recuerdo de eso que siento para poderlo poner después en la música y hacerlo eterno. En este disco quería dejar una parte de ese paseo a Brasil, esa sensación de euforia y agradecimiento, ¡estamos vivos, marica, el mundo está allá afuera! —dice.

El viaje quedó recogido sobre todo en Malo Falar, uno de los temas en los que Gambeta rapea, pero Brasil se siente a lo largo de casi todo el trabajo entre guiños, destellos, samples y acentos.

Los beats son música instrumental, se hacen y se escuchan en el cuerpo, son como un brújula que señala emociones alojadas adentro que las palabras no alcanzan a decir. Se construyen, en parte, de samples, pequeños fragmentos de otras grabaciones, de canciones –voces, instrumentos–. El Arkéologo los toma de aquí y de allá, mezcla varios en un sólo beat y va agregando ritmos y melodías que él mismo crea con instrumentos –sintetizadores, bajo y batería–, en formato digital.

En los discos instrumentales que ha publicado hasta ahora, El Arkéologo ha explorado una faceta mucho más íntima de la que deja ver con Alcolirykoz. En Indiana Jones (2020) se retrató a sí mismo a través de la música que lo formó, la que escuchó al crecer; en Arketipo Temporada 1 y 2 (2022), trajo al rap ritmos que parecían distantes, ajenos; y en Ventanas, quiso mostrar cómo sonaba su presente: suena libre, liviano, suena a esa alegría que emerge de ese lugar profundo donde se guarda también el dolor. El disco, como una ventana, permite ver lo que Gambeta está mirando, pero también mirar adentro, mirarlo a él.

—Esto es muy mío. Es una conversación mía, así es mi vida. Con AZ sigue siendo algo de nosotros, lo que hablamos con Kaztro, muchas de esas cosas están pensadas para ir saliendo del hueco, porque ya hemos ido muy hondo, pero aquí yo me puedo hundir, puedo tocar el dolor sin temor a lo que pase —dice Gambeta.

Esa exploración hacia lo profundo se deja ver sobre todo en las canciones en las que rapea y que se han ido sumando con el pasar de los discos. Buenos días Vietnam, en Indiana Jones; Puñal (de Kaztro) y Hoy Es Tú Día (con L’Xuasma), en la Temporada 1 de Arketipo; El Propio y Red Velvet (con Lianna), en la Temporada 2, y Malo Falar, El Propio 2 (con Lianna) y Duelo (con Gilmer Mesa), en Ventanas. Allí su voz suena distinto, entrecortada, temblorosa, algo más ronca, como a punto de quebrarse.

El Propio

El Propio 2 empezó con un tarareo de Lianna. El beat ya estaba listo, pero Gambeta no quería que fuera sólo un beat, quería rapear encima, hay beats que llaman la letra, Gambeta lo siente en el pecho, como una marea.

Hace rato, además, quería hacer la segunda parte de la canción, tenía un par de ideas guardadas, pero no encontraba la manera.

—Yo había anotado cosas para la canción desde antes de empezar a hacer el disco, cosas que me contaban, que recordaba, pero me hacía falta sentir esa cosa que yo necesito, esa marea para poder tirar todo –dice.

Cuando el tarareo de Lianna se tradujo en palabras, la letra llegó como una avalancha.

“Ayy, cómo poder seguirte el rastro/con estos brazos no te alcanzo/te quiero todo y sólo tengo un pedazo/sólo un pedazo de tí”, canta Lianna.

La célebre escritora estadounidense Toni Morrison, dijo alguna vez que Nina Simone, la “Suma Sacerdotisa del Soul”, encarnaba a todas las mujeres. Gambeta, a su manera, encarna a todos los hombres, a los de Aranjuez, a los hombres del barrio.

Lo hace en El Propio, un personaje que creó para contar las historias de todos, las que vivió, las que sabe, las que le cuentan. Sin decir nombres, sin justificar ni achacar culpas. El Propio no es nadie, puede ser cualquiera.

“Una fiera que no sabe obedecer/perseguidor, perseguido, per se (...) Mucha libra, mucha liebre/vive preguntándose que será ser libre(...) Llorando detrás, de unos lentes de un millón/vive aplazando su dolor”, rapea Gambeta.

—Estos temas son muy liberadores, transforman las cosas, las situaciones, son una necesidad, uno los va escuchando y cada vez duelen menos, al final todo se convierte en una canción bonita. La música es como un barquito en el que uno se levanta, en medio de una tormenta muy hijueputa, y va remando hasta que todo pasa. Uno siempre sale fortalecido —dice Gambeta.

La música es la vida. Es cada uno, puede reducirse a su mínima expresión, ser apenas un negocio, pero también puede ser magia. Porque en ese proceso de rastrear emociones alojadas en el cuerpo, ponerles palabras y dejarlas salir, se remueve el pasado que sigue presente, se cambia la experiencia de ser uno mismo, es casi terapia, es alivianador. Ventanas se siente así, como quitarle el peso del cuerpo, flotar.

“La música es una de las maneras de saber todo lo que sucede en el mundo. A través de la música puedes sentir las vibraciones de cada cuerpo en cualquier parte, en cualquier momento. Puedes sentir tristeza, alegría, amor, puedes aprender, puedes ver colores a través de la música. Cualquier cosa. Cualquier cosa humana se puede sentir a través de la música, lo que significa que no hay límite para lo que se puede crear con ella. Puedes tomar la misma frase de cualquier canción y cortarla de tantas maneras diferentes, es infinito. Es como Dios”, dijo Nina Simone en una entrevista para Downbeat Magazine en 1968.

Duelo (Danger)

La última canción del disco, primero, fue un sueño. Uno que insistía, que se repetía con tenacidad.

Cada tanto, Gambeta, sueña con un perro que tuvo en la infancia, un perro del que no se pudo despedir. Un amor que se volvió una ausencia, una pérdida sin duelo. Es un sueño muy simbólico que ha ido cambiado. A veces lo ve en la terraza de su casa, a veces lo ve flaco, solo, le llevaba comida, agua, lo atiende, a veces lo ve de lejos, desde la terraza de enfrente. Lo ve cada tanto, pero a veces no lo ve. A veces sueña que se asoma a la terraza y está vacía.

Con el tiempo entendió que el perro se aparece en su sueños cada vez que siente alguna tristeza, y se lo contó a Gilmer Mesa, vecino y amigo del barrio, y Gilmer, que es escritor, le dijo que eso era material como para un cuento. Gambeta ya lo había empezado a escribir.

—Sentí que era necesario hablar de eso, hacer como una especie de cuento donde el personaje sea un perro que se llama Duelo. Parece una historia infantil, de un niño y su perro, pero tiene un montón de información codificada ahí –dice Gambeta.

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Duelo empieza con la voz de Gilmer:

“Ojalá la tristeza se fuera al despertar, se deshiciera con la vigilia. Pero se empecina en quedarse pegada a las cosas y las casas y los gestos, porque los viejos lloramos lo que de niños no pudimos lamentar. Nos prohibieron llorar y ahora nos despertamos con los ojos arenosos y el alma por el suelo de tanto llorar en sueños el duelo que no supimos guardar. El hambre de dolor parecía una estampa fácil de cargar, pero siempre fue una trampa. Aguantar parecía superior, nos jugamos la vida creyéndonos los más fuertes, pero nos demostró la muerte que no hay carga más pesada que la que creemos que somos capaces de cargar. Qué débil no es el que llora sus muertos, sino el que no sabe llorar.

El final de la canción es el principio del disco. Se escucha una voz con acento portugués que grita Gambeta, Gambeta, como llamándolo a despertar y una cortinilla que vuelve a esa atmósfera de libertad y ligereza que envuelve el disco.

Ventanas va de la alegría al dolor, se hunde en lo más profundo y encuentra la dicha de estar vivos. Es una celebración, pero el triunfo de Gambeta no es sólo por lo que ha conseguido, sino por lo que ha podido soltar, por eso se siente que flota, aunque la vida lo sacuda cada tanto.

“La vida me intentó matar un par de veces/crecer es pagar con creces/esto es, la ventana de una cárcel/aferrecé a todo lo que alcance a ver/mi silencio se entiende en cualquier idioma/el rap acompaña, el amor sana, el dolor enseña”, rapea Gambeta en Malo Falar.

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