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62 millones de usuarios ingresaron a un sitio web en el que había “tips” para drogar mujeres y violarlas

En los comentarios de los videos pornográficos publicados en el sitio, usuarios compartían grupos para “cumplir sus fantasías”. Allí, más de mil hombres daban consejos sobre cómo dejar inconsciente a una mujer “sin matarla”. Las víctimas, en su mayoría, eran las propias esposas de los abusadores.

  • Los grupos donde compartían aquella información fueron cerrados por Telegram. FOTO: COLPRENSA.
    Los grupos donde compartían aquella información fueron cerrados por Telegram. FOTO: COLPRENSA.
  • Chat #1.
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  • Chat #2.
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hace 8 horas
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Un sitio porno que albergaba más de 200.000 videos de mujeres siendo violadas bajo la etiqueta de “dormidas” registró 62 millones de usuarios únicos solo en febrero de 2026.

En los comentarios, cientos de hombres comentaban “consejos” para drogar a mujeres: esposas, novias, desconocidas; y así cumplir la fantasía delictiva que los unía. El caso, dado a conocer por CNN, dejó al descubierto una vez más que la violencia de género no es un problema “aislado”, sino estructural y sistemático.

Los videos subidos superan, cada uno, las 50.000 vistas.

¿Cómo llegaron los periodistas hasta ese sitio? Todo empezó con el caso de Giselle y Dominique Pelicot. Este último, esposo de Giselle, la drogó y abusó sexualmente durante años. Lo grabó todo: como traía a otros hombres a la casa para violarla, videos constatando su inconsciencia.

Pelicot usó un sitio llamado “Coco” para subir sus crímenes. Allí, la policía encontró más de 20 mil fotos y videos grabados por el hombre, y lograron identificar a 72 violadores. Aquel sitio fue cerrado, pero el rastro llevó a los periodistas hasta este nuevo lugar.

En los comentarios de los videos de aquella nueva página web, varios usuarios enviaban links para unirse a grupos de Telegram conocidos como “Academias de violación”. Uno de ellos se llamaba “zzzzz” y tenía más de mil seguidores cuando el medio CNN lo encontró.

En aquel grupo, varios hombres compartían el nombre de las drogas y las dosis específicas que debían administrar a las víctimas para dejarlas inconscientes sin riesgo de matarlas de sobredosis.

Los hombres pertenecientes a este grupo también ofrecían dinero (en forma de criptomonedas) a otros hombres para que realizaran estos actos abusivos y los publicaran.

CNN consultó a Telegram para saber su versión de los hechos y obtener una explicación de por qué permite que grupos de esa índole operen en su red. La respuesta fue el silencio, seguido del aviso de que el grupo había sido eliminado.

Antes de que lo eliminaran, el medio citado alcanzó a tomar registro de varios mensajes. Una seguidilla de ellos decía:

Usuario 1: “He querido hacerle esto a mi esposa desde hace tiempo. Puedo conseguir ___, pero la verdad me da mucho miedo una sobredosis”.

Usuario 2: “SIEMPRE empieza con poco. Estás pensando a largo plazo, así que si la primera vez no es suficiente, aumenta la dosis”.

Usuario 3: ”___ ml en un batido. Se sintió con náuseas, así que le di una tableta de “Imodium” (era ___). Tuve sexo con ella bien, pero no estaba lo suficientemente inconsciente y ya no tenía más ___ conmigo”.

Chat #1.
Chat #1.

Uno de los usuarios añadió más abajo que él tenía un negocio donde podía venderles todas esas sustancias y “enviarlas a cualquier parte del mundo”. La mayoría de hombres del grupo vivía en Estados Unidos y Europa, otra gran parte estaba en África.

En otra de las conversaciones, el equipo de investigación de CNN se hizo pasar por un usuario más del grupo. En ese contexto se dio la siguiente conversación:

CNN: “¿Cómo iban tus transmisiones? ¿Ganaste dinero?”.

Usuario: “Sí, me fue bien... esa noche tres hombres pagaron... y les transmití en vivo a mi esposa inconsciente”.

CNN: “¿Y ellos te daban instrucciones?”.

Usuario: “Me dijeron qué hacer y lo hice”.

Chat #2.
Chat #2.

Tras tener aquella conversación, el equipo de investigación encontró que el hombre vivía en Polonia, pero se negó a tener un encuentro cara a cara. Y es que, todos los usuarios operaban de manera anónima. Detrás de esa máscara, el hombre ofrecía violar a su esposa a cambio de dinero.

Le puede interesar: “Quiero contar mi historia con mis propias palabras”: Gisèle Pelicot sobre su libro.

CNN viajó hasta Polonia. Allí, encontró al hombre en un restaurante local. En ese momento, llamaron a la Policía del país. Con el hombre capturado y las pruebas obtenidas, hicieron la denuncia.

El testimonio de una de las sobrevivientes

Zoe Watts vivía lo que parecía una vida normal junto a su esposo, con quien llevaba 16 años de matrimonio y tenía cuatro hijos.

Todo cambió en 2018, cuando él le hizo una confesión inesperada que rompió por completo su realidad: durante años, había estado drogándola sin que ella lo supiera para abusar de ella mientras estaba inconsciente.

Cuando se lo contó lo hizo de manera despreocupada, como si fuera cualquier cosa. Zoe lo describió como “una lista de mercado”. Acababan de llegar a casa luego de haber ido a la Iglesia.

Aquella tarde su marido le contó que mezclaba medicamentos para dormir —que eran de uno de sus hijos— en el té que ella tomaba antes de acostarse. Mientras ella perdía el conocimiento, él aprovechaba para atarla, tomarle fotos y agredirla.

“Al final de un día muy ocupado simplemente agradecía tener una taza de té antes de irme a dormir, porque estaba muy cansada y no tenía que prepararla”, dijo, y añadió: “No esperas nada distinto a la inocencia de tu pareja”.

La revelación la dejó en shock y la llevó a cuestionar muchos momentos de su vida en pareja, incluso aquellos en los que simplemente creía estar cansada y agradecida de que él le preparara una bebida antes de dormir.

Al principio, Zoe guardó silencio. Estaba preocupada por sus hijos y trataba de asimilar lo ocurrido, pero el peso emocional terminó afectando su salud. Tras sufrir un fuerte ataque de pánico, decidió contarle a su hermana, y fue su madre quien finalmente alertó a la policía.

Aunque hoy considera que denunciar fue lo correcto, el proceso fue doloroso: el caso se prolongó durante años, sus hijos enfrentaron acoso en el colegio y su entorno social prácticamente se desmoronó.

“Nos preocupamos por quién viene detrás de nosotros cuando caminamos por la calle, o incluso por quién nos agrega en Facebook. Nos preocupa ir al carro tarde en la noche en un estacionamiento, pero no pensamos en la persona con la que compartimos la cama”, le dijo a CNN.

Además del impacto personal, Zoe tuvo que lidiar con prejuicios sobre la violencia dentro del matrimonio. Algunas personas minimizaron lo ocurrido por tratarse de su esposo. Al final, su esposo (ahora ex) fue condenado a 11 años de prisión por los delitos cometidos.

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