El volcán Taal, ubicado a unos 70 kilómetros al sur de Manila, la capital de Filipinas, registró una erupción freatomagmática menor que volvió a poner bajo vigilancia a las autoridades y a las comunidades cercanas.
El fenómeno ocurrió el martes, cuando el cráter produjo tres pulsos eruptivos que expulsaron chorros de ceniza gris oscura y columnas de vapor de hasta 1.200 metros de altura, las cuales se desplazaron hacia el suroeste.
De acuerdo con el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología (Phivolcs), la actividad tuvo una duración aproximada de cuatro minutos y medio, según los registros sísmicos, infrasónicos y las observaciones visuales. Pese al episodio, el organismo mantiene el nivel de alerta 1, en una escala de cinco, lo que indica que persiste una actividad volcánica de bajo nivel, aunque con posibilidad de explosiones menores.
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Las erupciones freatomagmáticas son consideradas especialmente peligrosas porque ocurren cuando el magma entra en contacto con agua. El líquido se transforma de manera instantánea en vapor, lo que incrementa considerablemente la fuerza de la explosión y provoca la expulsión violenta de ceniza, rocas y gases.
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El nuevo episodio recordó la gran erupción registrada en enero de 2020. En aquella ocasión, el Taal expulsó una gigantesca columna de ceniza que alcanzó cerca de un kilómetro de altura y obligó a evacuar al menos 8.000 personas de las zonas cercanas. Además, las autoridades elevaron el nivel de alerta a 4 sobre 5, suspendieron las operaciones en el aeropuerto internacional de Manila por la nube de ceniza y advirtieron sobre el riesgo de un posible tsunami volcánico.
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El Taal es el segundo volcán más activo de Filipinas y ha registrado al menos 34 erupciones durante los últimos 450 años. Su ubicación, en una isla situada dentro de un lago y relativamente cerca de Manila, lo convierte en uno de los volcanes más vigilados del país y de toda Asia, debido al potencial impacto que una erupción de mayor magnitud podría tener sobre millones de personas.