El próximo 7 de julio vence el contrato mediante el cual la Federación Nacional de Cafeteros administra el Fondo Nacional del Café, un modelo de parafiscalidad que ha acompañado al sector cafetero colombiano desde 1940 y que posteriormente sirvió de referencia para otros sectores productivos del país a partir de la Ley 101 de 1993.
La cercanía de la fecha ha generado preocupación entre representantes del sector productivo, dirigentes gremiales y analistas, quienes advierten sobre las consecuencias que tendría una eventual demora en la renovación del acuerdo.
El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, aseguró que uno de los mayores riesgos para el sistema cafetero colombiano es que muchos actores lo consideran una estructura garantizada y permanente.
Según explicó, en una columna de opinión en el diario La República, durante generaciones los productores han crecido con la certeza de contar diariamente con un precio de referencia para su café, con un sistema de compra asegurada, asistencia técnica gratuita, investigación científica y presencia institucional en las regiones productoras.
Bahamón destacó que estas condiciones no surgieron de manera espontánea, sino que son el resultado de una construcción colectiva de casi un siglo que hoy protege a más de medio millón de familias rurales en Colombia.
“Cuando algo funciona durante tanto tiempo, se vuelve parte natural de la vida”, señaló el dirigente gremial al referirse a la institucionalidad cafetera.
La Andi alerta sobre el impacto para 557.000 familias cafeteras
La preocupación también fue expresada por el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), Bruce Mac Master, quien afirmó que 557.000 familias cafeteras podrían verse afectadas si no se concreta oportunamente la prórroga del contrato de administración del Fondo Nacional del Café.
De acuerdo con el dirigente empresarial, la falta de una renovación a tiempo podría convertirse en un ejemplo de cómo la inacción institucional genera consecuencias significativas para uno de los sectores más representativos de la economía rural colombiana.
Mac Master advirtió que están en riesgo elementos considerados fundamentales para el funcionamiento del sistema cafetero, entre ellos la garantía de compra del café, la generación de ingresos para múltiples comunidades, la estabilidad del mercado interno, la asistencia técnica a los productores, la investigación científica y la red cooperativa construida durante 99 años.
Asimismo, señaló que también podría verse afectado el sistema social cafetero, una estructura que durante décadas ha servido de soporte para miles de productores en distintas regiones del país.
Uno de los aspectos que más inquieta a los defensores del modelo actual es el futuro de la garantía de compra del café, considerada una de las principales herramientas de protección para los productores colombianos.
Sobre este punto, el periodista Melquisedec Torres aseguró en la red social X que la situación representa una amenaza para cerca de 600.000 familias cafeteras del país.
Torres sostuvo que el Gobierno del presidente Gustavo Petro estaría retrasando la firma del nuevo contrato para la administración del Fondo Nacional del Café, situación que, según su análisis, pone en riesgo el soporte institucional que garantiza la compra y el precio del grano.
El comunicador afirmó que estas garantías constituyen un mecanismo excepcional dentro del sector agropecuario colombiano, al señalar que ningún otro producto cuenta con un esquema similar de respaldo.
Debate sobre el futuro de la institucionalidad cafetera
La discusión se produce en un momento clave para el sector cafetero colombiano, cuya institucionalidad se acerca a cumplir un siglo de existencia.
Mientras la Federación Nacional de Cafeteros y diferentes representantes gremiales insisten en la necesidad de garantizar la continuidad del modelo de administración del Fondo Nacional del Café, crecen las voces que solicitan una definición sobre la renovación del contrato antes de su vencimiento el próximo 7 de julio.
Para los defensores del sistema, una eventual interrupción podría afectar no solo la comercialización del café, sino también la estructura de apoyo técnico, científico y social que ha acompañado a los productores durante décadas.
Con la fecha límite cada vez más cerca, el futuro de uno de los principales instrumentos de apoyo a la caficultura colombiana se mantiene como uno de los temas más sensibles para el sector rural y para las cientos de miles de familias que dependen de esta actividad económica.