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¿Y qué sigue?

Las repercusiones del caos venezolano serían funestas aquí si no se asume con inteligencia y responsabilidad el desafío.

hace 5 horas
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  • ¿Y qué sigue?

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Hasta el momento de enviar esta columna, seguía siendo impredecible la situación en Venezuela después de la captura de Maduro. Hay muchos intereses nacionales e internacionales en juego y numerosos actores capitalizando la incertidumbre. En consecuencia, no son pocos los interrogantes que se abren en torno al futuro inmediato de esa nación. Siguen vivos los colectivos chavistas armados, sembrando miedo en las calles de Caracas. Está en pie de batalla la Asamblea Nacional y vigentes los cerebros y cómplices del régimen de Maduro, Diosdado Cabello, Padrino López y los hermanos Rodríguez. ¿Pronto, o nunca, harán viaje como cuarteto para cantar en los tribunales neoyorquinos? ¿Se les unirá el oscuro Rodríguez Chacín? Ya Maduro comenzó a cantar, desafinando al declararse, con inocultable cinismo, inocente de los cargos imputados por la justicia norteamericana.

Mientras estos interrogantes se vayan despejando, Trump proclama, con la inocultable arrogancia del vencedor, que manejará a Venezuela mientras se efectúa la transición, dejando muy mal parada a Delcy Rodríguez —quien asumió el poder, apoyada por militares y por el Legislativo— notificándole que si no hace lo correcto, “pagará un precio mayor que el de Maduro”. ¿Enredará esto más la reconstrucción del tejido institucional venezolano?

Le adjudican a Marx la idea de que “detrás de todo conflicto bélico hay razones económicas que lo fundamentan”. El dominio del petróleo ha sido el gran factor que desvela al presidente Trump. Ha sido su riqueza, el monotema en sus primeras intervenciones, dejando de lado conceptos como la recuperación de la democracia, la liberación de los presos políticos y la defensa de los resultados electorales de quienes ganaron las elecciones presidenciales el año pasado. Su pragmatismo está sobre los principios.

¿Qué pasará en Colombia frente a lo que ocurra en Venezuela, refugio de la subversión nacional? ¿Disminuida la revolución bolivariana, regresarán al país los contingentes guerrilleros que vivían impunemente allí? ¿Está nuestro Estado preparado, con unas Fuerzas Militares desmoralizadas, para enfrentar esas guerrillas e imponer la seguridad? ¿La captura de Maduro originará nueva crisis diplomática entre EE. UU. y Colombia? ¿Afectará la candidatura presidencial de Cepeda, adepto al socialismo del siglo XXI, quien al anunciar mayor intervencionismo de Estado a costa de la libre empresa, desafía a todo lo que cree y practica Trump en su liberalismo económico? ¿Despertarán de su letargo las decenas de precandidatos presidenciales, desde los preparados hasta los mediocres, para lograr un gran Acuerdo Nacional que los lleve a superar en las urnas al candidato de la extrema izquierda?

Lo que está sucediendo y queda por suceder en el país vecino, puede traer consecuencias delicadas a Colombia si no sabe manejar semejante desafío. La migración venezolana podría incrementarse si no cuaja la recuperación de su democracia. Las repercusiones del caos venezolano serían funestas aquí si no se asume con inteligencia y responsabilidad el desafío. La fragilidad institucional colombiana es incontrovertible. El régimen populista que nos preside preocupa no solo por su incapacidad para asumir los retos que plantea hoy el país vecino, sino por su constante ánimo pendenciero contra el impredecible y colérico mandatario gringo. Y ya se sabe de lo que es capaz.

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