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Gobierno verde,
legado gris...

05 de mayo de 2025
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  • Gobierno verde, legado gris...

Por Cristina Plazas Michelsen - opinion@elcolombiano.com.co

El martes 28 de abril, la juiciosa representante Julia Miranda lideró un debate en el Congreso que nos dejó con el corazón partido. Las cifras sobre el cumplimiento del gobierno Petro frente a las metas climáticas son devastadoras. Pero más desoladoras fueron las respuestas del Ministerio de Ambiente: evasivas, sin datos claros, sin rumbo. Perdidos, como todo en este gobierno.

Y eso que se autoproclamaron “gobierno del medio ambiente”. Vive del discurso de transición energética y justicia ecológica, pero no cumple ni deja cumplir. Mientras sabotean proyectos de energías limpias, tampoco hacen lo que les corresponde: restaurar, proteger páramos, reducir emisiones o frenar la deforestación.

Aquí el top 12 de los grandes incumplimientos del gobierno Petro frente al cambio climático. No es ideología: son datos. Y son vergonzosos.

El Acuerdo de Escazú es letra muerta. Tanto que lo promovieron, y hoy no hay ni transparencia en la información ambiental ni protección para los líderes que la defienden.

No entregaron nuevas metas climáticas (NDC). Colombia debía actualizar sus compromisos en febrero de 2025. No cumplieron. ¿La excusa? Que están realizando talleres. ¿Y qué hicieron los tres años anteriores? En noviembre será la COP y Colombia llegará sin la tarea hecha. Un papelón.

Ministra encerrada en su burbuja ideológica. Susana Muhamad no dialogó con congresistas, empresarios ni ONG. Se encerró a escuchar solo los aplausos de sus áulicos. Así no se construye política pública.

La deforestación volvió a dispararse. En 2024 se deforestaron 107.000 hectáreas, un aumento del 35%. Gran parte ocurre en la Amazonía y en parques como La Macarena o Chiribiquete. Quienes deciden si un bosque se tumba o no, son los narcoterroristas.

Entregan parques nacionales a los invasores. Chiribiquete pasó de 5 a más de 300 familias invasoras desde 2018. Y en vez de protegerlo, el gobierno busca legalizar esas invasiones a través de leyes. Eso incentiva nuevas ocupaciones.

Se rajaron en reducir el carbono negro. La meta es reducir 40% estas emisiones para 2030. Pero el gobierno frenó proyectos claves como el Metro de la 80 en Bogotá y el Túnel del Toyo en Antioquia, aplazando 12 billones del presupuesto. Tampoco ha impulsado buses eléctricos en el país.

Obstaculizan la transición energética. El sector minero-energético genera 34,6% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero el gobierno frena proyectos como el de transmisión de energía para Bogotá, dejando a la ciudad dependiendo de Termozipa, una de las plantas más contaminantes del país. Lo mismo ocurrió en La Guajira: el parque eólico está abandonado y las torres oxidadas.

Agua contaminada, promesas estancadas. Una de las metas era ampliar el tratamiento de aguas residuales, fundamental para reducir emisiones y proteger la salud pública. Pero para la planta Canoas, uno de los proyectos más importantes, se tardaron dos años y medio en aprobar un crédito por pura negligencia institucional. El panorama se repite en el país: el Ministerio de Vivienda no impulsa nuevos proyectos. Otra meta abandonada.

Páramos sin planes de manejo. Colombia tenía la obligación de tener todos sus páramos delimitados y con planes de manejo en ejecución antes de 2025. Ni siquiera han terminado de delimitarlos. “Después vendrán los planes”, respondieron. El reloj corre y los páramos siguen esperando...

Restauración de ecosistemas: promesa rota. La meta era restaurar 100.000 hectáreas en parques naturales. Hasta marzo de 2024 solo iban 13.678. Apenas el 13%. El Parque Tinigua pierde 6.000 hectáreas al año por deforestación. Vamos directo a perder ecosistemas enteros.

Infraestructura “verde”: el chiste del pavimento en Chiribiquete. Prometieron vías ecológicas y pavimentaron 11 km de una carretera ilegal en Guaviare, cerca del parque Chiribiquete, sin mitigación ni pasos de fauna. Lo presentaron como logro ambiental, pero fue una licencia para destruir.

Plata para adaptación, usada para decorar la COP. Mientras en zonas como Córdoba la erosión arrasa con casas y cultivos, el gobierno despilfarró 90 mil millones del fondo climático en jardines y maquillaje urbano para la COP en Cali. Puro show, cero impacto.Prioridades invertidas.

¿Este es el gobierno ambiental? ¿El de la vida? No lo parece. Porque si hay un área donde no solo han fallado, sino retrocedido, es en la lucha contra el cambio climático..

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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