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Defender las ideas, cuidar a las personas

Si solo sembramos soberbia, resentimiento y odio, no deberíamos sorprendernos cuando eso sea lo único que cosechemos.

hace 2 horas
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  • Defender las ideas, cuidar a las personas

Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente

Colombia acaba de vivir una primera vuelta presidencial que confirmó algo evidente. Somos un país diverso, apasionado y dividido en nuestras visiones sobre el futuro.

Dos candidaturas opuestas llegaron a la segunda vuelta. Dos proyectos políticos, dos maneras de entender el país y dos relatos que hoy concentran el respaldo mayoritario de los colombianos. Pero es un error creer que Colombia cabe únicamente en esos dos bandos. Entre una y otra posición existen millones de personas con matices, dudas y críticas. Escucharlos y hablarles a ellos es una obligación democrática.

Las próximas tres semanas, la campaña presidencial seguirá presente en nuestras conversaciones. Estará en las mesas familiares, en los grupos de WhatsApp, en las oficinas, en las universidades, en los bares, en los cafés y en los barrios. Muchos defenderán con convicción una u otra candidatura y otros optarán por el voto en blanco. Eso es normal y tenemos el deber ético de respetarlo. Lo que no debería ser normal, y debe ser rechazado, es el fanatismo, el odio, el insulto y la violencia.

No podemos estigmatizar a quienes piensan distinto. No todo el que vota diferente a uno es un ignorante, un fanático, un facho, un paraco, un guerrillero o un enemigo. Detrás de cada decisión política hay experiencias de vida, preocupaciones legítimas, ilusiones y emociones. La democracia no exige que estemos de acuerdo en todo, exige que seamos capaces de convivir y respetarnos en medio de la diferencia. Si algo necesitamos en esta segunda vuelta y en la vida es aprender a ser críticos con los argumentos y suaves con las personas. Esto incluye a los candidatos y a sus votantes. Defender una idea no requiere humillar a nadie. Contradecir una propuesta no obliga a destruir una amistad o una relación. Criticar una candidatura no implica deshumanizar a quien la apoya. Es necesario menos hostilidad y más escucha, menos soberbia y más dulzura.

También conviene recordar algo que suele perderse en medio de la tensión electoral: quien gane no gobernará sin límites. Colombia cuenta con instituciones diseñadas para evitar abusos del poder. Existen las altas cortes, el Congreso de la República, una Registraduría que garantiza reglas electorales, una ciudadanía activa y organizaciones vigilantes. El futuro del país no depende únicamente de una persona ni de una sola elección.

Más allá de nuestras preferencias políticas, estas tres semanas representan una oportunidad para demostrar sensatez y respeto. Debatamos. Defendamos nuestras ideas. Participemos. Pero no olvidemos que, cuando termine la campaña, seguiremos compartiendo las mismas calles, los mismos parques, los mismos barrios, las mismas familias, los mismos amigos y, ojalá, también nuevas amistades nacidas de una conversación respetuosa.

De la violencia, incluso cuando comienza en las palabras, difícilmente brota algo bueno. Si solo sembramos soberbia, resentimiento y odio, no deberíamos sorprendernos cuando eso sea lo único que cosechemos. Allí donde se cultiva la violencia, nunca florece la vida.

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