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Si quiere ser exitoso,
no pregunte

Es que el sistema no necesita que se esté de acuerdo. Le basta con que no pregunte. Me pregunto: ¿Seremos capaces de quebrar este sistema?

hace 8 horas
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  • Si quiere ser exitoso, no pregunte
  • Si quiere ser exitoso, no pregunte

Por Diego Santos - @diegoasantos

A quien pregunta le va mal. A quien incomoda, peor.

Sin darnos cuenta, durante las últimas décadas fuimos permisivos con la construcción de un sistema que premia la conformidad, la previsibilidad y la obediencia. Un sistema que castiga y silencia al incómodo, pero ensalza al incompetente.

Y ojo con la palabra. Por incompetente no me refiero al mediocre, sino al que entendió que lo promedio es la norma y que lo estándar resulta mucho más rentable que aspirar a sobresalir. El sistema no quiere a los mejores. Quiere a los que saben operar el engranaje.

Por eso hoy vemos en el poder a esa gente. No necesariamente la más capaz, la más apta o la más preparada, sino la más sumisa. La que sabe qué decir, cuándo decirlo y cómo. La que sabe que a punta de halagos irá escalando. La que optó por no contrariar.

El filósofo quebequense Alain Deneault le puso nombre a esto en “Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder”. Su tesis es simple y directa: de sociedades que progresaban gracias al pensamiento crítico y autónomo pasamos a sociedades que prefieren la capacidad de adaptación de su ciudadanía. No es un fenómeno solo colombiano. Es el aire que respiran Estados Unidos, El Salvador, Ecuador, Bolivia y buena parte del mundo que se dice democrático.

En la Colombia actual la mediocracia lleva consolidádose buena parte de los últimos años. Vemos funcionarios que no tienen la más remota idea de las carteras que regentan, pero son diestros en adaptarse. No preguntan. Siguen órdenes. Llenan sus pronunciamientos de un lenguaje vacío que parece profundo. Cambian las banderas, cambia el vocabulario, y el perfil del funcionario es idéntico.

Sin embargo, entiendo que no todo el que calla es un mediocre. En un país donde preguntar le cuesta a uno el contrato, el cargo o la tranquilidad de su familia, el silencio no es cobardía sino sentido común. Hemos construido instituciones donde la prudencia es rentable y la pregunta es un lujo que pocos pueden permitirse. Por eso indignarse contra las personas es cómodo e inútil. El problema no es que haya mediocres. Es que el sistema los fabrica, los asciende y los necesita.

¿Y entonces qué hacer? Vuelve a asomarse ese centro inerte y congelado, demasiado cómodo para tomar el toro por los cuernos. Deneault propone lo contrario: sean radicales, dejen de indignarse y organícense más allá de los refugios sectarios, mófense de las ideologías, desarmen los términos de la propaganda.

El camino es ese. Pero antes de recorrerlo hay que entender el mundo que habitamos, y ese mundo es el de la mediocracia. Es el universo en donde en instituciones tan importantes como Ecopetrol, el DNP, el DANE, Colpensiones y distintas agencias del sector mineroenergético, por poner un ejemplo, nombran personas que pese a vivir en un analfabetismo sectorial, entienden mejor que nadie lo que el sistema requiere de ellos.

Y es que el sistema no necesita que se esté de acuerdo. Le basta con que no pregunte. Y yo me pregunto: ¿Seremos capaces de quebrar este sistema?

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