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Las acciones violentas con frecuencia se desatan por imitación. Las personas que atacan a otras consideran legítimo devolver el agravio con la ley del talión.
Por Fanny Wancier Karfinkiel - fannywancier7@gmail.com
- ¿Sabías que tenemos la tendencia a imitar a los demás, que cuando se remeda a una persona en su forma de hablar, en sus gestos y acciones se mimetiza con ella? Le decía Honorio a su colega Eustaquio, mientras caminaban hacia el bar de la esquina después de cumplir con una jornada donde a duras penas tenían tiempo para respirar. Trabajaban en el Centro de Prevención de la Violencia para que la gente aprendiera a modificar los pensamientos y emociones que la fomentaban. Además de trabajar juntos, compartían borracheras, armaban planes y discutían con sinceridad sus asuntos personales. Ambos se ufanaban de tener una excelente amistad.
- ¿A qué viene la pregunta? contestó Eustaquio, acostumbrado a que su amigo repitiera los mismos temas como si de esa manera los solucionara.
- A enfatizar que las acciones violentas con frecuencia se desatan por imitación. Las personas que atacan a otras consideran legítimo devolver el agravio con la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente) sin darse cuenta que responden exactamente con lo mismo que reciben. Me refiero a la mimesis de la violencia, podría decirse que son unos burdos imitadores. ¡Qué falta de originalidad la que se gastan! agregó Honorio.
- Por lo menos es un ojo por un ojo y un diente por un diente y no por las orejas, las piernas, el corazón, el hígado, los pulmones y, en el peor de los casos, la vida. Son intentos fallidos de prevenir futuras agresiones como la venganza, que termina por ser el fuego que quema la propia casa. Respondió Eustaquio, con un tono de sutil enfrentamiento, mientras la cuarta cerveza se le subía a la cabeza y el juicio se le nublaba. Algo de razón tienes, puede que por un tiempo se calme el impulso violento, sin embargo, se prolongan los juegos de poder. Parece que no lo entiendes agregó Honorio, con la ira contenida y un fuerte golpe de la quinta botella de cerveza sobre la barra.
- ¿Sabías que detrás de la violencia hay miedo? Me parece importante no alimentarlo dijo Eustaquio, con actitud temeraria y dándose cuenta que los puños de su amigo exhibían una frustración de origen antiguo, casi ancestral.
- ¡Debemos romper el espiral de la violencia! ¿Acaso no somos responsables? ¡Trabajamos hace años en esto! gritó Honorio.
- ¡Te desconozco! respondió Eustaquio, con un lenguaje corporal de confrontación.
Epílogo. Por el desenfrenado ataque que causó graves daños en las instalaciones del concurrido bar ubicado en la esquina sur del Centro para la Prevención de la Violencia, dos de sus funcionarios fueron llevados a juicio por los delitos de daño en bien ajeno e incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace, esto es, por “mucho tilín y pocas paletas”. A continuación, tres bares de la ciudad fueron destruidos. Las autoridades refrenaron a los imitadores, quienes fueron sometidos a juicio por los delitos de daño en bien ajeno e imitación por “ausencia de chispa creativa”.