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Todo apunta a que dispondremos de más tiempo libre que nunca en la historia.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
El impacto de la inteligencia artificial en nuestras vidas es descomunal. Como los robots de cocina o las aspiradoras, la IA nos facilita la vida y las tediosas tareas que antes costaban horas de esfuerzo ahora se resuelven en un abrir y cerrar de ojos. La revolución es mayor, porque ahora un resumen traducido de un informe financiero en chino de 500 páginas se toma unos segundos cuando antes podría llevar días enteros.
Normal que las horas necesarias de trabajo vayan a ir reduciéndose, sobre todo para empleos de carácter “no manual”. Un monitor de tenis deberá dedicar el mismo tiempo a sus clases, pero un estibador portuario seguro que acabará mucho antes la tarea gracias a la IA. Vayamos a los hechos. Los empleados en la Unión Europea trabajaron una media de 35,9 horas semanales en 2025, su nivel más bajo en una década, según un informe publicado por Eurostat, la oficina estadística del bloque.
La media de horas reales trabajadas cada semana por los empleados a tiempo completo y parcial cayó una hora respecto a 2015, cuando se situaba en 36,9 horas. Por países, las semanas laborales más largas se registraron en Grecia (39,6 horas), Bulgaria y Polonia (38,7 horas) y Lituania (38,4 horas), mientras que, en el extremo opuesto, Países Bajos tuvieron la semana laboral más corta (31,9 horas), seguidos de Dinamarca y Alemania (ambas con 33,9 horas) y Austria (34,0 horas).
Como ocurre con frecuencia, son los países más desarrollados donde la jornada laboral es más corta y efectiva, mientras los países del furgón de cola tienen horarios maratonianos. Como me dijo una vez una compañera colombiana “en los países pobres se madruga más”. En España, la semana laboral duró 36,3 horas en 2025, cuatro décimas por encima de la media comunitaria. Además, España registró un 40% de personas que trabajan entre 40 y 44,5 horas semanales, lo que la sitúa cerca de la media de la UE (37,6 %).
Sin embargo, el porcentaje de quienes trabajan en tramos cortos (menos de 25 horas) es inferior a la media europea, lo que refleja una menor incidencia del trabajo a tiempo parcial que en estados como Países Bajos, Alemania o Austria. Ahí entra en juego el factor estacional y el empleo menos cualificado, vinculado a la hostelería y el turismo. En el extremo opuesto, países del este de la UE muestran una concentración marcada en la franja de 40-44,5 horas, con Bulgaria (82,8 %), Letonia (77,1 %) y Rumania (75,5 %) a la cabeza, y una presencia mínima de jornadas parciales.
Grecia destaca por tener la mayor proporción de trabajadores con 50 o más horas (11,4%), frente al 5,8% de España. Los trabajadores por cuenta propia sin empleados registraron en España 43,1 horas habituales semanales, solo por detrás de Grecia (46,3) y casi empatados con Polonia (43).
Por sectores de actividad, la agricultura, silvicultura y pesca registraron la jornada más larga (41,2 horas), seguida de las industrias extractivas (38,9) y la construcción (38,6). En el extremo opuesto, las actividades de los hogares como empleadores (27,1 horas), la educación (31,8) y las actividades artísticas y de entretenimiento (32,7) tuvieron las semanas más cortas. Todo apunta a que dispondremos de más tiempo libre que nunca. Habrá que ver si en términos de productividad lograremos mantener los salarios y, no menos importante, cómo utilizar con criterio ese tiempo.