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Ser o no ser de la élite

Apartar de las élites académicas a aquellos estudiantes talentosos que no provienen de un entorno de privilegios es perpetuar el estancamiento social que tanto daño ha hecho a los países a lo largo de la historia.

hace 37 minutos
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  • Ser o no ser de la élite

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

Con más de nueve siglos de actividad continua, la Universidad de Cambridge en el Reino Unido es una de las más antiguas del mundo. La suya es una historia rica en tradiciones que sintetiza lo que significa una educación elitista, pues de sus aulas han salido no solo 70 premios Nobel, sino hasta el mismísimo John Harvard, fundador, al otro lado del Atlántico, de la universidad que lleva su nombre.

Sin embargo, esta institución pública ha sido acusada en muchas ocasiones de clasista y no de manera gratuita. En 2011, un estudio de Sutton Trust encontró que cuatro colegios privados enviaron más alumnos a Oxford y Cambridge en tres años que 2.000 escuelas de secundaria en todo el Reino Unido. Y un estudio de seguimiento publicado en 2018 concluyó que “poco había cambiado”. De ahí que la polémica que se ha desatado por la nueva política de ingreso que ha aprobado el Trinity Hall, uno de los “colleges” más antiguos que hacen parte de la universidad, resulte un tanto ingenua.

El mes pasado, el Trinity Hall decidió que para mejorar la “calidad” de los estudiantes que solicitan acceso a su oferta de carreras, va a centrarse en motivar a los alumnos de un reducido grupo de colegios privados del sur de Inglaterra, que pagan matrículas anuales que superan los 33.000 dólares, para que se presenten. Entre estos, el famoso Eton, colegio de donde se han graduado príncipes ingleses, 19 primeros ministros y una larga lista de afamados escritores, científicos y economistas. Eso sí, hay que tener en cuenta que solo el 7% de los estudiantes ingleses van a este tipo de instituciones.

La medida ha causado horror y ha puesto los pelos de punta a todos aquellos que creen en la movilidad social y que sienten que la brecha entre los estudiantes de colegios públicos y privados no va a hacer más que aumentar. Si bien eso es cierto, no es nada distinto a lo que se ha venido ejerciendo durante cientos de años, por más que se hayan dado esfuerzos en los últimos tiempos para ampliar la diversidad en el alumnado.

Pero hay una pregunta muy interesante que surge de esa realidad: ¿las universidades prestigiosas existen para formar a élites privilegiadas económicamente que ya están en la escala social más alta, o para formar y nutrir talentos que puedan destacar, ascender y triunfar? Lo segundo exige un esfuerzo mucho más grande por parte de la academia y parece ser que no todos sus miembros están por la labor.

Una buena educación puede transformar vidas y para muchos ha sido y sigue siendo la ruta por la cual han conseguido mejorar. Apartar de las élites académicas a aquellos estudiantes talentosos que no provienen de un entorno de privilegios es perpetuar el estancamiento social que tanto daño ha hecho a los países a lo largo de la historia. En un extenso reporte publicado en 1997 por la secretaría de Estado para la Educación en el Reino Unido, que tenía como objetivo dar recomendaciones para los siguientes veinte años, se advirtió: no podemos permitir que solo quienes tienen un pasado de privilegios puedan acceder a un futuro privilegiado. Treinta años después, algo sigue fallando en el sistema.

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