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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

Con esos impuestos para qué enemigos

hace 33 minutos
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  • Con esos impuestos para qué enemigos
  • Con esos impuestos para qué enemigos

Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

Los cazadores-recolectores no pagaban impuestos. No porque fueran libertarios sino porque eran tan pobres que no había nada por cobrarles. Los impuestos nacieron cuando la humanidad empezó a acumular, a producir, a progresar. Son, en esencia, el precio de la civilización. Pero como ocurre con todo precio, hay un punto en el que deja de ser razonable y empieza a ser confiscatorio. Y Colombia cruzó esa línea hace rato.

¿Cuánto cree usted que gana una gran empresa colombiana por cada 100 pesos que vende? ¿25? ¿30? Según la Superintendencia de Sociedades, las 10.000 empresas más grandes del país ganaron en 2024 apenas 6 pesos por cada 100 ingresados. Seis. Y eso las grandes —imagínese las medianas y pequeñas—. Todo el riesgo de montar una empresa, de pagar nóminas, de madrugar y trasnochar, ¿para quedarse con seis centavos de cada peso?

Lo ví de primera mano. Trabajé para una empresa que en un año perdió plata y, aun así, pagó el equivalente de esa pérdida en impuestos. Perder y pagar. Como si al paciente que llega malherido a urgencias le sacaran sangre en vez de ponérsela.

Sumemos. Por cada 100 pesos de utilidad, una empresa formal paga 46 en renta, 26 en IVA no descontable, 19 en aranceles y 12 en una procesión de tributos que incluyen 4x1000, patrimonio y gasolina. Van 103. Pero falta el capítulo territorial: ICA, predial, otra sobretasa a la gasolina y excentricidades como impuesto al degüello de ganado o la sobretasa bomberil. Otros 17. Total: 120 pesos en impuestos por cada 100 de utilidad. Con parafiscales, 147. El Estado se lleva más plata que los dueños de la empresa. Los accionistas ponen el capital, asumen el riesgo, generan el empleo —y se quedan con las sobras—.

No tiene que ser así. Irlanda, que en los años 80 era el país pobre de Europa —la emigración irlandesa hacía ver la colombiana como un paseo—, hizo una apuesta radical: bajó el impuesto corporativo al 12,5% y simplificó su sistema tributario. El resultado fue el “Tigre Celta”: en dos décadas pasó de un ingreso per cápita inferior al promedio europeo a ser uno de los más ricos del continente. Hoy el PIB per cápita irlandés triplica el español. La receta no fue cobrar más, sino dejar que las empresas crecieran y luego recoger más de una torta más grande.

Colombia tiene todo para repetir esa historia. Tenemos los emprendedores, el talento, la geografía, los recursos. Lo que nos falta es un sistema tributario que deje de tratar al empresario como sospechoso y empiece a tratarlo como aliado. Hoy tenemos el tercer sistema impositivo menos competitivo de la OCDE. Tercero de abajo. Con ese ranking no habrá más empresas, ni mejor empleo, ni el crecimiento del 6% que necesitamos.

Solemos decir que los empresarios colombianos son héroes, aunque con estos números más bien parecen mártires —conozco santos que han sufrido menos—. Pero no tiene que ser así. El día que Colombia decida devolverle sus empresas a los empresarios y el estado deje de llevarse una tajada de bully, descubriremos que nuestro peor enemigo no estaba afuera sino en la contabilidad. Y que derrotarlo era más fácil de lo que creíamos.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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