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Ciberdelitos en entornos escolares: realidad que no podemos ignorar

Hoy, más que nunca, es necesario abrir conversaciones en casa y colegios, hablar sin miedo, sin juzgarlos y escuchar.

hace 4 horas
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  • Ciberdelitos en entornos escolares: realidad que no podemos ignorar

Por Natalia Zuluaga Rivera - nataliaprocentro@gmail.com

Fui invitada como expositora a un colegio de Medellín para hablar con estudiantes de 9° a 11° sobre los ciberdelitos en entornos escolares. La pregunta inicial fue: ¿quiénes tuvieron celular propio antes de los 14 años? El 90% de los estudiantes levantó la mano sin dudar. Esa escena resume una realidad: hoy los adolescentes tienen en sus manos una herramienta poderosa que les abre las puertas al mundo digital, pero también a los riesgos de la era virtual.

La mayoría de los delitos en contextos escolares ya no ocurren en los pasillos o patios, sino detrás de una pantalla. El celular se ha convertido en el principal medio a través del cual se vulneran derechos y bienes jurídicos, como: la dignidad humana, la honra, el buen nombre, la libertad sexual, y la integridad personal física y psicológica.

Entre los más comunes están la injuria, extorsión, amenazas, acoso sexual y pornografía infantil. Sin embargo, hay tres fenómenos que merecen especial atención por su frecuencia y gravedad: el ciberacoso, el grooming y el sexting.

El ciberacoso o ciberbullying. Se trata de un comportamiento agresivo, repetitivo e intencional que busca humillar, excluir o dañar a otra persona a través de redes sociales, chats o plataformas digitales. Su impacto es profundo: invade la privacidad, altera la tranquilidad y puede generar miedo constante en la víctima.

Otro delito alarmante es el grooming: se origina en plataformas aparentemente inofensivas como videojuegos o redes sociales: donde adultos se hacen pasar por menores para ganarse la confianza de niños y adolescentes, con el fin de obtener material sexual o concretar encuentros.

El sexting, por su parte, suele iniciar de manera voluntaria: con el envío de fotos o videos íntimos entre compañeros de clase. El problema surge cuando ese contenido es difundido e involucra menores de edad, donde se configura el delito de pornografía infantil.

Muchos adolescentes desconocen que difundir material intimo puede implicar responsabilidad penal, incluso con sanciones privativas de la libertad en centros especializados. La sextorsión: el chantaje mediante material íntimo para obtener dinero, favores o más contenido. Una práctica que combina manipulación, presión y violencia digital.

Más allá de lo jurídico, hay una dimensión que no podemos ignorar: la salud mental. La exposición temprana a contenido sexual, el acoso constante o la humillación pública en entornos escolares, pueden generar ansiedad, depresión, aislamiento e incluso pensamientos suicidas en los adolescentes. Las consecuencias no terminan cuando se apaga el celular.

Estudios en Colombia muestran que quienes acceden a un celular a edades más tempranas presentan mayores niveles de ansiedad y tristeza y un acceso más tardío, acompañado y supervisado, se relaciona con mejor bienestar emocional. No se trata de prohibir la tecnología, sino de aprender a usarla con responsabilidad, orientación y herramientas para protegerse en el entorno digital.

Hoy, más que nunca, es necesario abrir conversaciones en casa y colegios, hablar sin miedo, sin juzgarlos y escuchar. Mi mensaje final a los estudiantes fue claro: su bienestar está en sus manos, ustedes deciden a quienes comparten su intimidad, y el tipo de relaciones que quieren construir.

Hablen con sus padres, con sus profesores, con adultos de confianza. Pedir ayuda no es una debilidad, es un acto de valentía. En la era digital, un clic puede cambiarlo todo, pero una conversación a tiempo puede salvar una vida.

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