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Otra dura cachetada...

¿A quién se le puede ocurrir que un niño de 14 años tenga la capacidad de decisión para unirse a un régimen del terror como el que se vive al interior de estas organizaciones criminales y desalmadas?

29 de noviembre de 2023
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Por Cristina Plazas Michelsen - opinion@elcolombiano.com.co

El gobierno del presidente Petro ha demostrado desde el primer día que los niños no son de su interés. Basta recordar los meses que se tardó en nombrar al director del ICBF, y luego el desafortunado nombramiento de la señora Baracaldo, más conocida por su habilidad en el canto que por su conocimiento en la niñez.

Desde el inicio, la política definida de este gobierno ha sido la defensa de los miembros de la primera línea que están en prisión por los daños causados durante las protestas. Al permanecer constantemente del lado de los criminales, han intentado implementar leyes y decretos para liberarlos.

Afortunadamente, la separación de poderes, aunque ultrajada por el presidente, ha actuado como un freno, preservando un equilibrio esencial.

Lo que Petro hizo esta semana es el acto más despreciable hacia los más vulnerables desde que asumió el gobierno. Anunció que Otty Patiño lideraría los procesos de paz tras la salida de Danilo Rueda, propinando así otra afrenta a la infancia y a las víctimas de la guerra. Aunque generó indignación, no sorprendió debido al menosprecio constante que ha mostrado hacia el tema de la niñez y adolescencia.

Este nombramiento no solo es un insulto, sino también una revictimización para aquellos afectados por el reclutamiento. Patiño no solo niega la evidencia de este flagelo, sino que va más allá al afirmar que los niños se unen voluntariamente a grupos al margen de la ley. ¡Sinvergüenza, cínico y descarado!

¿A quién se le puede ocurrir que un niño de 14 años tenga la capacidad de decisión para unirse a un régimen del terror como el que se vive al interior de estas organizaciones criminales y desalmadas? A los menores de edad, estos monstruos les roban la infancia, anulan su dignidad y violan sus garantías fundamentales.

El silencio cómplice de Petro, de la vicepresidenta y del gabinete en ese momento evidenció que la posición de Patiño es la del Gobierno. Y este nombramiento sin duda lo confirma, reafirmando una postura insensible y desacertada que pone en riesgo el bienestar y la seguridad de los niños y adolescentes en Colombia.

Desde Danilo Rueda hasta Patiño, el gobierno ha seguido una política que parece favorecer la impunidad de grupos criminales, mostrándose condescendiente con estos y debilitando la fuerza pública. La actitud de Patiño hacia el ELN plantea serias preocupaciones y cuestiona la integridad de la gestión gubernamental en áreas críticas para la seguridad y el bienestar de la sociedad.

Antes del secuestro de Manuel Díaz, ¿alguien había escuchado a Otty Patiño abogar por los secuestrados? Este individuo, encargado de liderar las negociaciones con los terroristas del ELN, permitió que el secuestro no fuera considerado en el cese al fuego.

De Rueda a Patiño, la diferencia es nula.

Adenda:

Tras la confesión del ministro de Salud sobre la mermelada entregada, los congresistas que respalden la reforma y hayan recibido, podrían estar cometiendo un delito. El ministro pone en aprietos a varios parlamentarios. Estas declaraciones deben ser el punto de partida, sin lugar a dudas, para una investigación que aclare quiénes están dando su voto a cambio de prebendas. ¡Vaya gobierno del cambio!

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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