Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co

¡Ve!, caí en cuenta

hace 4 horas
bookmark
  • ¡Ve!, caí en cuenta
  • ¡Ve!, caí en cuenta

Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co

Me atrae cuando de golpe, alguien cae en la cuenta de algo y dice, “¡Ve!, caí en cuenta”. El, “¡ve!”, no es el imperativo del verbo ver, sino, una expresión de sorpresa usada en la zona andina. Qué momento más sagrado ese, no me detengo en, ¿qué descubría esa persona? Me complace saber que cayó en cuenta. “Caí en cuenta”, conlleva a la preposición (de qué); sin embargo, me complace la primera parte que supone que alguien más en el mundo tuvo una revelación. Espero, eso sí, que quien cayó en cuenta, no lo hiciera tarde, la tradición oral amonesta a los lentos de entendimiento diciendo crudamente que, “el bobo o el necio acatan tarde”. La expresión “caer en cuenta”, alude a percatarse de algo de manera súbita, en filosofía se asocia con la Anamnesis de Platón, en la que el conocimiento aparece porque el alma lo recuerda de un momento a otro. En clave de la Psicología se menciona como insight, la comprensión lúcida de la realidad.

Están los que caen en cuenta sobre las cosas del amor, “apegados que no aman”; aquellos que se percatan de un mal negocio, “inversionistas en ilusiones, no en realidades” y los inmortales que, ante un sismo, toman conciencia de que la vida es blandita y que somos frágiles. Se cae en cuenta sobre lo trascendental, como en el relato bíblico según el cual Pedro cayó en la cuenta de lo que Jesús le profetizó, “...antes de que el gallo cante, me negarás tres veces”. Judas también cayó en cuenta tarde, y Cleofás en el camino a Emaús, cayó en cuenta de que era Jesús el que los había acompañado, “¡entonces les fueron abiertos los ojos!”. A veces caemos en cuenta a tiempo, tenemos una epifanía a partir de la observación y de la calma como cuando Arquímedes exclamó su Eureka observando el agua en la bañera y luego planteó el principio de los desplazamientos de los volúmenes. Newton, expuso la ley de la gravedad viendo caer una manzana y Einstein promulgó la teoría de la relatividad después de visualizar un rayo.

Nos advierten sobre la importancia de vivir conscientemente, sin hipervigilar, de anticipar riesgos, discerniendo lo conveniente, de lo no tanto. No solo debemos pedir entendimiento, sino esforzarnos en entender. Independiente de que sea a partir de la consciencia psicológica (vivencia subjetiva del yo y el entorno); de la conciencia moral (el juicio de lo correcto y lo incorrecto) o de la consciencia reflexiva (darse cuenta de la propia existencia); debemos advertir para reparar y aprender. Que no se haga tarde para caer en cuenta de que somos creados, del amor propio, de que hay que descansar tanto como esforzarse, de que la paciencia es tanto para los de afuera como para nosotros mismos, de que a veces somos injustos. Dispongámonos a “caer en cuenta”, de paso aprovechamos oportunidades y moderamos tozudeces. Seguiré celebrando cada que alguien diga repentinamente, “¡ve!”, caí en cuenta. Eso ya es mucho.

Sigue leyendo

Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD