Laura se organizaba para ir a la escuela, estaba terminando su primaria y estudiaba por la tarde. Era martes y el calendario que su mamá tenía en la cocina decía que era 11 de septiembre. Esa fecha pudo haber pasado como un día cualquiera de no haber sido por la imagen que se quedó en los ojos de la niña, tal como perduró en la memoria de muchos: un avión se estrellaba de frente contra una de las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York, el fuego se veía a lo lejos y el humo parecía llenar toda la pantalla del televisor. Ni los reporteros creían lo que salía de sus bocas.
Aunque Laura estaba en Colombia, muy lejos del lugar de la tragedia que marcaría la historia del siglo XXI, ella creyó que el mundo se iba a acabar.