Han pasado diez años desde que el ébola dejó en evidencia que el planeta estaba mal preparado para enfrentar epidemias. Y han pasado seis desde que el covid-19 convirtió esa debilidad en una tragedia mundial. Sin embargo, hoy las cosas no parecen haber mejorado mucho.
Esa es la conclusión principal de Un mundo al límite: prioridades para un futuro resiliente ante las pandemias, un nuevo informe de la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación, un organismo independiente respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, cuyo propósito es hacer seguimiento a qué tan listos estamos para enfrentar emergencias sanitarias.
Lea: OMS mantuvo a hantavirus en “riesgo bajo” antes de llegada de crucero a Países Bajos
El informe muestra que los brotes de enfermedades infecciosas no solo son cada vez más frecuentes, sino también más devastadores: afectan más la salud de las personas, golpean las economías, generan inestabilidad política y fracturan el tejido social. Y lo más preocupante: cada vez nos cuesta más trabajo recuperarnos.
La junta también advierte que, en la última década, la inversión en preparación no ha crecido al mismo ritmo que el riesgo. Si bien han surgido nuevas iniciativas, sus avances se ven frenados por tres factores: las tensiones entre países, el deterioro del medio ambiente y el aumento de los viajes internacionales, que facilitan la propagación de enfermedades.
El informe repasa diez años de crisis sanitarias mundiales, desde el ébola en África Occidental hasta el covid-19 y la viruela del mono, y analiza cómo estas emergencias afectaron los sistemas de salud, las economías y la vida en sociedad.
Los resultados son preocupantes: en aspectos clave como el acceso igualitario a pruebas diagnósticas, vacunas y tratamientos, el mundo está retrocediendo. Un ejemplo claro: las vacunas contra la viruela del mono llegaron a los países más pobres casi dos años después de que comenzara el brote, incluso más tarde que las vacunas del covid-19, que tardaron 17 meses en llegar.
Pero el daño va más allá de lo económico y sanitario. Tanto el ébola como el covid-19 erosionaron la confianza de la gente en sus gobiernos, redujeron libertades y debilitaron la democracia, dejando a las sociedades en peor estado para enfrentar la próxima crisis.
El informe advierte que si llegara una nueva pandemia hoy, golpearía a un mundo más dividido, más endeudado y con menos capacidad de proteger a su gente que hace diez años. Al mismo tiempo, destaca el potencial de la inteligencia artificial y las tecnologías digitales para mejorar la vigilancia y detección temprana de amenazas.
Sin embargo, los expertos son claros: sin reglas claras y controles efectivos, estas herramientas podrían terminar ampliando las desigualdades que ya vimos con el covid-19, en lugar de reducirlas.
“Al mundo no le faltan respuestas”, señaló Kolinda Grabar-Kitarović, copresidenta de la junta. “Pero sin confianza y equidad, no llegarán a quienes más las necesitan. Los líderes políticos, la industria y la sociedad civil aún pueden cambiar el rumbo si convierten sus compromisos en resultados concretos antes de que llegue la próxima crisis”.
Le puede interesar: Ébola: medio siglo de un virus letal que sigue poniendo en alerta al mundo
La junta propone tres acciones concretas para revertir esta situación: crear un mecanismo permanente e independiente para monitorear el riesgo de pandemia; garantizar acceso igualitario a vacunas, pruebas y tratamientos y asegurar financiamiento suficiente tanto para la preparación como para responder a futuras crisis.
“Si la confianza y la cooperación siguen deteriorándose, cada país quedará más expuesto cuando llegue la próxima pandemia. La preparación no es solo un reto técnico: es una prueba de liderazgo político”, concluyó Joy Phumaphi, copresidenta de la junta.