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Qué es Betoma, el descubrimiento arqueológico que podría redefinir la historia de la Sierra Nevada de Santa Marta

Betoma es el nombre de la red de poblados documentada por el investigador Daniel Rodríguez que ha pasado a considerarse como el mayor descubrimiento arqueológico de lo que va del siglo XXI.

  • Betoma está ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde también está Ciudad Perdida. FOTO GETTY
    Betoma está ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde también está Ciudad Perdida. FOTO GETTY
hace 24 minutos
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En el norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, hogar de pueblos ancestrales y uno de los ecosistemas más importantes de Colombia, se encuentra el Parque Arqueológico de Ciudad Perdida, un lugar construido por los tayrona que data de los años 650-800 d.C. Este sitio —al que se llega con una caminata que puede durar entre cuatro y cinco días, incluyendo la subida de más de 1.000 escalones— fue uno de los centros políticos y espirituales de este pueblo indígena, y ahora es una de las pistas que condujo al investigador Daniel Rodríguez Osorio a realizar el mayor descubrimiento arqueológico de lo que va del siglo XXI en el país.

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Betoma es el nombre de la red de poblados indígenas que se extiende por 18 kilómetros y que es 40 veces más grande que Ciudad Perdida, descubierta por el arqueólogo.

“Durante mucho tiempo, la historia arqueológica de la Sierra se contó desde unos pocos sitios emblemáticos, entre ellos, Ciudad Perdida. Betoma demuestra que ese no era un caso aislado, sino parte de un territorio mucho más amplio, densamente habitado y articulado. En ese sentido, Betoma no es una ciudad monumental concentrada en un solo núcleo, sino una conurbación: una extensa red de poblados interconectados, sin un centro primario aparente”, le explicó Rodríguez a El Tiempo.

El trabajo para identificar esta red inició en 2019, cuando el investigador comenzó a registrar de manera rigurosa las características de estos lugares. Por eso, en el caso de Betoma es más preciso hablar de documentar que de descubrir, ya que, desde hace mucho tiempo, los pobladores de la zona se habían percatado de las particularidades que presentaba.

Fue en la cuenca alta de la quebrada La Aguja donde inició la travesía de Rodríguez, quien, junto a Elver Enrique ‘Kike’ Osorio, un campesino de la zona, armó este rompecabezas arqueológico. Lo que hicieron ambos fue tomar nota de las terrazas —plataformas construidas con piedra que servían como lugar de ceremonias, caminos o cimientos de viviendas—: en la parte alta de la quebrada encontraron 1.272, que se suman a las 678 que hay en Río Frío, otra fuente hídrica de esa zona. Todo esto se hizo caminando.

En 2024, el arqueólogo comenzó a utilizar un sistema llamado Lidar, una tecnología que puede aplicarse en un dron y que permite construir mapas en 3D de objetos ocultos bajo el manto vegetal. Gracias a esto, Rodríguez logró documentar 8.334 estructuras.

Al analizar esta información, el grupo de investigadores descubrió que Betoma no era un único centro poblado, sino que se extiende como una red interconectada por senderos. Se cree que esta zona comenzó a poblarse en el siglo V y que fue entre los siglos XIV y XVI cuando alcanzó su mayor concentración de habitantes.

Los nuevos registros sobre esta zona plantean preguntas sobre cómo era el estilo de vida de quienes allí habitaban y cómo se organizaban socio-políticamente. Para entender la relevancia de Betoma, hay que tener en cuenta que, por ejemplo, Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas en Perú, o Teotihuacán, en México, son mucho más pequeñas.

“Estamos frente a un tipo de megasitio poco comprendido: extensos sistemas de asentamientos conectados entre sí por caminos compartidos, pero sin un rey, cacique o jefe central. La evidencia arqueológica sugiere que estas poblaciones habitaron el territorio durante cientos, si no miles, de años, lo que abre preguntas cruciales sobre su sostenibilidad ambiental y organización social a largo plazo”, le dijo a ese mismo diario Steve Kosiba, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Texas que ha recorrido Betoma junto a Rodríguez.

A pesar de ahora este sea considerado como el “descubrimiento” arqueológico más importante de lo que va de este siglo, el hallazgo de Betoma no es para nada punto de llegada, sino de partida. Esta investigación que ha tenido el respaldo de la Wenner-Gren Foundation, la Universidad de Texas, la Universidad de Harvard, Common Good labs, Rust Family Foundation, la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, el Banco de la República y la Universidad del Norte busca ser detonador de preguntas científicas, pero también culturales, sobre la vida y desarrollo de los pueblos indígenas colombianos.

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