Pico y Placa Medellín
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Buscarlo es casi imposible, pero no se trata de un capricho. Tanto ruido es innecesario... y enferma, además.
Hay que ver cómo se instala la incomodidad cuando hay silencio. Un silencio incómodo, por supuesto. Como cuando se hace presente aquel que, unos segundos antes, era protagonista en ausencia de la charla. Los rostros silenciosos lo dicen todo. Es decir, nada.
Tuve un amigo en la universidad que sorteaba el momento con un chiste sobre un hombre al que le faltaba un brazo, un orinal y unas monedas, que contaba con gracia suficiente para conjurar la mudez.
Hay gente elegante para pedir silencio, como Jorge Drexler. “No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado”, canta el uruguayo. Y hay gente que no tiene tacto para hacerlo, así le celebren la intención, como ese rey español –ya sin corona– que, salido de sí, gritó enfurecido: ¡¿Por...