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La historia de Elisa: la paisa que vivió el secuestro de un avión en Uganda hace 50 años

Elisa Shulman de Vayda, quien falleció en 2002, padeció el secuestro de un avión de Air France por parte de terroristas propalestinos en junio de 1976; suceso que puso en jaque la geopolítica mundial y que hasta hoy es recordado también por el cinematográfico operativo antiterrorista que puso fin al cautiverio.

  • Los hermanos Arturo y Gisela Vayda Shulman sostienen el libro de recortes donde está documentada la historia de lo ocurrido. FOTO Manuel Saldarriaga.
    Los hermanos Arturo y Gisela Vayda Shulman sostienen el libro de recortes donde está documentada la historia de lo ocurrido. FOTO Manuel Saldarriaga.
  • Una vez tomaron el avión, los secuestradores les quitaron los pasaportes a los viajeros para así separar a los israelíes de los demás extranjeros. FOTO Manuel Saldarriaga.
    Una vez tomaron el avión, los secuestradores les quitaron los pasaportes a los viajeros para así separar a los israelíes de los demás extranjeros. FOTO Manuel Saldarriaga.
  • Una de las páginas de los libros de recortes que la familia conserva para recordar el suceso que vivió la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    Una de las páginas de los libros de recortes que la familia conserva para recordar el suceso que vivió la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
  • La señora Elisa Shulman tras su regreso al país luego de su secuestro en Uganda. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    La señora Elisa Shulman tras su regreso al país luego de su secuestro en Uganda. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
  • Aviso de confirmación del 1 de julio de 1976 de la liberación de la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    Aviso de confirmación del 1 de julio de 1976 de la liberación de la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
  • El sombrero que la señora Elisa alcanzó a traerse de Uganda luego de padecer varios días secuestrada por un comando palestino en dicho país. FOTO: Cortesía
    El sombrero que la señora Elisa alcanzó a traerse de Uganda luego de padecer varios días secuestrada por un comando palestino en dicho país. FOTO: Cortesía
  • Fueron muchos los ramos que amigos, familiares y allegados le enviaron a la señora Elisa tras su regreso al barrio Laureles en Medellín. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    Fueron muchos los ramos que amigos, familiares y allegados le enviaron a la señora Elisa tras su regreso al barrio Laureles en Medellín. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
  • El libro tiene recortes de prensa de diferentes lugares que hacen mención al suceso que paralizó al mundo a mediados de 1976. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    El libro tiene recortes de prensa de diferentes lugares que hacen mención al suceso que paralizó al mundo a mediados de 1976. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
hace 11 horas
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En los archivos de la vieja inspección de policía del barrio Belén de Medellín tal vez aún esté engavetada parte de una historia tan increíble que –de no haber sido por el riesgo y las penurias que vivió su protagonista– bien podría parecer una de las inolvidables escenas de alguna obra del Águila Descalza.

La protagonista es la señora Elisa Shulman de Vayda, una mujer que pese a su ascendencia rumana, según su familia era tan paisa como cualquier hija de estas tierras y que incluso tenía una receta para hacer inolvidables sus fríjoles montañeros.

Pero lo más curioso aún es que fue una antioqueña que, sin proponérselo, terminó siendo testiga directa del secuestro en 1976 del vuelo 139 de Air France, que fue llevado por terroristas palestinos y alemanes hasta Uganda, en África, hecho que desató una tormenta geopolítica y un operativo militar que hasta hoy tiene eco.

Una vida, muchas historias

Quienes cuentan su historia con atrapante estilo son sus hijos Arturo y Gisela Vayda Shulman. Según narraron, la historia les volvió a la cabeza justamente este 2026 por dos motivos particulares: la fecha del secuestro es la misma del cumpleaños de Arturo, y porque este año se conmemoran 50 años del rapto y de la inédita operación de rescate.

Del suceso que marcó la vida de la familia sobrevive un álbum con recortes de prensa y otros elementos que atestiguan la veracidad del mismo. El libro contiene no solo recortes de prensa, sino documentos y hasta registros de las llamadas que hizo la familia para dar con la señora.

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Elisa nació en Rumania en 1921 en el seno de una familia judía. En 1932, su padre, Ruben, se radicó Medellín en busca de un futuro mejor. En 1934 pudo traer al resto de su familia, entre ellos Elisa.

Pese a su ascendencia, Elisa creció como una niña común y corriente de la ciudad. Cursó su bachillerato en el Instituto Central Femenino Cefa y más tarde ingresó a estudiar Ingeniería Química en la Universidad Pontificia Bolivariana, en los primeros años de apertura de esa carrera.

Una vez tomaron el avión, los secuestradores les quitaron los pasaportes a los viajeros para así separar a los israelíes de los demás extranjeros. FOTO Manuel Saldarriaga.
Una vez tomaron el avión, los secuestradores les quitaron los pasaportes a los viajeros para así separar a los israelíes de los demás extranjeros. FOTO Manuel Saldarriaga.

Por cosas de la vida conoció a su esposo, Guillermo Vayda, otro joven de origen húngaro que había llegado a Colombia en 1939, también producto de la diáspora europea tras la inminencia de la guerra. Tras casarse a los veintitantos años cada uno, Guillermo y Elisa empezaron una vida entre Medellín y Bogotá, siguiendo los cambios laborales de él. De esa unión nacieron sus hijos, entre ellos Arturo y Gisela, y con la llegada de estos al mundo, se establecieron por fin en Medellín.

El hilo del destino

La historia avanza hasta mediados de la década de 1970, periodo en que el mundo vivió una intensa ola de terrorismo impulsada por facciones palestinas como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), que convirtió el secuestro de aviones en una forma de luchar contra Israel. Se estima que entre 1968 y 1977 hubo cerca de 40 a 50 secuestros o intentos de secuestro de aviones comerciales por parte de terroristas. La mayoría de vuelos terminaban en Medio Oriente o África del Norte.

Volviendo al relato de doña Elisa, para esas fechas Gisela, ya toda una arquitecta, decidió irse a vivir a Israel. En mayo de 1976, su madre (pese al temor que le daba volar) decidió ir a visitarla.

Según sus hijos, la señora de 55 años se convenció de que el piso del avión no se abriría de golpe, se tomó sus pastillas para los nervios y hasta el país hebreo fue a dar montada en un avión.

Para el domingo 27 de junio de 1976, ya estaba previsto el regreso de Elisa. Lo habitual era que para esas fechas solo hubiese un vuelo que salía de Tel Aviv con destino a París, donde haría escala para luego retornar a Colombia. Sin embargo, justo ese día apareció un segundo vuelo Tel Aviv–Atenas–París.

Una de las páginas de los libros de recortes que la familia conserva para recordar el suceso que vivió la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
Una de las páginas de los libros de recortes que la familia conserva para recordar el suceso que vivió la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

La señora Elisa se embarcó en el vuelo 139 de Air France con escala en la capital griega, pues a fin de cuentas resultaba ser una conexión sencilla y quitaba el peso de pernoctar en París.

La nave despegó alrededor de las 8:00 a.m., y cerca de las 10:30 a.m., llegó a Atenas. Casi dos horas después el Airbus A300 con 248 pasajeros y 12 tripulantes salió rumbo a París, destino que no alcanzaría como estaba planeado.

Resulta que minutos después, cuatro terroristas –dos palestinos y dos alemanes– se levantaron de sus asientos y exhibiendo armas y explosivos anunciaron que el vuelo había sido secuestrado por un comando conjunto del FPLP y las Células Revolucionarias de Alemania.

Estos exigirían posteriormente la liberación de más de 50 presos palestinos y otros militantes encarcelados en Europa, Israel y África en un plazo de 72 horas; sino empezarían a ejecutar rehenes.

Secuestro y crisis geopolítica

Según las crónicas del suceso, cerca de las 2:00 p.m., el avión llegó al aeropuerto de Bengasi en Libia, país manejado en ese entonces por el dictador antisemita Muamar el Gadafi.

Allí el vuelo permaneció casi 7 horas, tiempo que los pasajeros como la señora Elisa tuvieron que padecer el calor infernal de esta zona de África que casi los asfixia.

Cerca de las 8:30 p.m., y tras reabastecerse de combustible –cortesía del tirano– el avión voló con destino a Uganda, llegando al aeropuerto militar de Entebbe, cerca de las 3:00 a.m., del lunes 28 de junio; mostrando el apoyo del líder africano Idi Amín –conocido como el Carnicero de Uganda– a la acción terrorista.

Los rehenes han comentado que dormían sobre el suelo, en bancos metálicos o en colchones improvisados. Durante el día soportaban el calor y la humedad de Uganda. Los sanitarios eran limitados y sucios debido al elevado número de personas confinadas en un mismo espacio.

“Mi mamá contó que cuando estaban en el aeropuerto sí les trajeron cosas para comer, entre ellas una carne durísima que de pronto sería de camello, o de elefante, o de quién sabe qué cosa. Pero que era durísima. Tan durísima era que hubo una rehén (Dora Bloch) que se atragantó. A la señora se la llevaron a un hospital en Uganda y nunca se volvió a saber nada de ella”, recordó Arturo con su peculiar estilo de narrar.

Otro recuerdo de la señora Elisa era el trato de la única mujer del grupo de terroristas, Brigitte Kuhlmann. “Ella sí decía que esa vieja era como una especie de Hitler en mujer. Que era muy mandona y muy gritona”, agregó Gisela también.

Noticia llegó hasta Rionegro

Gisela recordó que ese 27 de junio no se había enterado de nada. Fue una amiga la que la llamó y de manera muy sutil comenzó a “tantearla”. “Me preguntó si mi mamá sí había viajado y yo le dije que sí, luego que si iba por Atenas, y yo le dije que creía que sí. Ahí fue cuando me soltó: ‘Ese avión como que lo secuestraron’. Y yo ahí mismo: ‘¡¿Cómo así?!’. Y de ahí si me pegué del radio y del teléfono a llamar a Air France para averiguar”, recordó.

Mientras tanto en Antioquia, Arturo y el resto de la familia Vayda–Shulman celebraban su 25° cumpleaños. Ya estaban retornando de Rionegro donde era el festejo, cuando su padre detuvo el carro en el que venía. Había acabado de escuchar en la radio del secuestro del vuelo 139.

“Llamamos al gerente de Air France acá en Medellín, que era amigo nuestro. Y entonces él se fue para la oficina a pegarse del ‘Telex’ –que era una máquina para comunicarse escribiendo, como un fax– y ahí le mandaron la lista de pasajeros del vuelo retenido. Y, claro, ahí figuraba mi mamá”, detalló Arturo.

La señora Elisa Shulman tras su regreso al país luego de su secuestro en Uganda. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
La señora Elisa Shulman tras su regreso al país luego de su secuestro en Uganda. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

Tras conocer la grave noticia, la familia Vayda–Shulman no se quedó quieta. Durante el cautiverio de Elisa se dividieron las tareas de buscar contactos o la forma de dar con alguien que pudiera al menos ayudarles a saber cómo estaba ella.

A punta de contactos y de “pegarse” a las operadoras de Telecom se consiguieron el número del Palacio de San Carlos, sede de la diplomacia colombiana. Allí dieron con el canciller Indalecio Liévano. La tía Simone, la vocera de la familia, le expuso el caso al diplomático.

Sin embargo, la familia recuerda que Liévano los despachó olímpicamente diciendo que este era un asunto de potencias mundiales en el que el país nada tenía que hacer. “’Hay que esperar como lo resuelven las potencias. Que esté muy bien’. ¡Pac! Le colgó, muy diplomático el hombre”, recordó Arturo.

Aparte de esto, ahora la prensa amarillista se inventaba que una colaboradora de los secuestradores era una tal colombiana y que encima el secuestro había sido coordinado por el temido terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias El Chacal, de quien la tal colombiana era su novia.

Los embates no amilanaron a los Vayda–Shulman, quienes siguieron buscando contactos hasta que a punta de lidiar con Telecom dieron con un funcionario de Air France en Uganda que les confirmó que la señora Elisa estaba en un aeropuerto militar, y algunos detalles de lo que allí transcurría.

El “paisano” en Uganda

Entre el 28 y el 29 de junio, los secuestradores les quitaron los pasaportes a los viajeros para así separar a los israelíes de los demás extranjeros. En un giro macondiano de los hechos, justamente quien recogió el pasaporte de la señora Elisa era un palestino que resultó siendo un “paisano colombiano”.

“Mi mamá, como era judía, en todos esos días no se quitó del cuello su Magen David (la estrella de David). Tan de buenas que como que nunca se lo vieron porque no le dijeron nada. Además, la distinción de judío o no judío solo la hicieron con los pasaportes. Resulta que por esos días un palestino empezó a recoger los pasaportes. Mi mamá le entregó el de ella, él lo miró y le dijo en español. ‘Ah, usted tiene pasaporte colombiano, entonces somos paisanos’. Ella le dijo que como así, y él le contestó: ‘Sí, somos paisanos. Yo viví en Maicao y en Barranquilla varios años’. Entonces ella recordó que le dijo: ‘Ah, entonces... ¡Qué hubo paisano!’. Y así cada que se cruzaban se saludaban con el ‘¡Qué hubo paisano!’”, añadió Arturo.

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Para el 30 de junio, mientras avanzaban las negociaciones entre Francia, Israel y los terroristas, se liberó un grupo de 47 rehenes entre mujeres, ancianos y personas no israelíes. De inmediato fueron trasladados a París.

Aviso de confirmación del 1 de julio de 1976 de la liberación de la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
Aviso de confirmación del 1 de julio de 1976 de la liberación de la señora Elisa. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

Para el 1 de julio se dio la segunda liberación: casi 100 pasajeros no israelíes ni judíos. Es ahí donde tal vez doña Elisa sacó todo su ingenio antioqueño y se le acercó al “paisano” para lograr su liberación.

“Ella nos contó que empezaron a llamar para liberar otra tanda de rehenes. Y entonces mi mamá vio al palestino y haciendo de tripas corazón se le arrimó y le dijo: ‘Paisano, y a mí que soy colombiana, ¿no me van a liberar?’. El tipo la miró, y luego le dijo: ‘¡Sí, sí, sí!. Coja su cartera y váyase!’. Y ya de ahí ella salió con los demás y se los llevaron para el aeropuerto civil de Kampala”, añadieron los hermanos.

Ya en el aeropuerto de Kampala, tal vez en otro giro macondiano, en ese mar de gente la señora Elisa tuvo la suerte de encontrarse con el empleado de Air France que desde Medellín los Vayda–Shulman habían contactado, lo que también muy seguramente le volvió al alma al cuerpo pues le permitió descubrir que después de tantos días y miles de kilómetros de distancia, los suyos hacían lo posible para cuidar de ella.

De inmediato la señora Elisa fue embarcada en un vuelo con destino a París, donde se reencontró con Gisela. Pero, antes de abandonar ese infierno africano –y también dando muestras de ser antioqueña de pura cepa– la señora Elisa se las arregló para conseguirle a su esposo un sombrero ugandés, tal vez un recuerdo de todo ese loco asunto en el que quedó inmersa. El sombrero se volvió una reliquia que la familia aún conserva.

El sombrero que la señora Elisa alcanzó a traerse de Uganda luego de padecer varios días secuestrada por un comando palestino en dicho país. FOTO: Cortesía
El sombrero que la señora Elisa alcanzó a traerse de Uganda luego de padecer varios días secuestrada por un comando palestino en dicho país. FOTO: Cortesía

Se “salvó” de milagro

Cuando madre e hija se reencontraron en París también se dieron cuenta de que tras la liberación de Elisa se había efectuado una de las operaciones de rescate más importantes realizada por Israel en suelo extranjero: la Operación Entebbe o Thunderbolt, suceso militar que hasta hoy tiene eco y que incluso Hollywood retrató en por lo menos tres películas que hasta en Netflix han salido.

Resulta que ante el fracaso de las negociaciones, Israel planificó una operación militar secreta a más de 4.000 kilómetros de distancia. Según lo conocido del tema, comandos de élite israelíes volaron en aviones de transporte hasta Entebbe, y utilizando información de inteligencia detallada sobre la terminal, la ubicación de los rehenes; así como varios ardides propios del espionaje, se propusieron liberar a la fuerza a los cerca de 100 israelíes que seguían raptados.

En la noche del 3 al 4 de julio de 1976, las fuerzas israelíes irrumpieron en la terminal del aeropuerto, mataron a los secuestradores y se enfrentaron a los soldados ugandeses. La operación duró menos de una hora y resultó en la liberación de la mayoría de los rehenes.

En la misma murieron los cuatro secuestradores, varios soldados ugandeses y tres rehenes. En el operativo también resultó mortalmente herido el comandante israelí Yonatan Netanyahu (hermano del hoy primer ministro israelí Benjamín Netanyahu).

El rescate es considerado hasta hoy como un éxito militar sin precedentes y por lo mismo se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de la lucha antiterrorista moderna en este país y en el mundo.

“En un momento se habló que una película de ese operativo la protagonizaría Elizabeth Taylor (gran musa del cine). Y yo por eso le mamaba gallo a la gente diciendo que como mi mamá se llama Elisa, entonces se tuvieron que conseguir otra “Eliza” para hacer el papel de mi mamá”, bromeó Arturo.

El regreso a Colombia

A su regreso a Colombia, la señora Elisa fue asediada por la prensa para conocer de primera mano su relato. Hasta en el estudio del importante Noticiero de las 7 de la época fue a dar su testimonio, apenas llegó al país.

Fueron muchos los ramos que amigos, familiares y allegados le enviaron a la señora Elisa tras su regreso al barrio Laureles en Medellín. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
Fueron muchos los ramos que amigos, familiares y allegados le enviaron a la señora Elisa tras su regreso al barrio Laureles en Medellín. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

“’La señora Elisa Schulman de Vayda había llegado a Bogotá en la tarde ayer, 8 de julio, procedente de París. ‘Los secuestradores nos dieron buen trato, pues nosotros hacíamos lo que nos ordenaban y continuamente nos estaban dando las gracias por la forma como nos portábamos. Pese a que estaban dispuestos a todo, ellos se portaron bien y no maltrataron ninguno de los pasajeros’. A una pregunta de si volviera a vivir un rato de estos, ¿qué actitud asumiría?, ella respondió sonriente: ‘espero que no me vuelva a ocurrir lo mismo. ¡Sería demasiada casualidad. Eso ni pensarlo!’”. fue lo que ella comentó a la prensa en esa época.

Según los hermanos, tras el suceso, la señora Elisa más bien hablaba poco de lo sucedido y con el paso del tiempo el hecho quedó como una gran historia familiar que de vez en cuando se comentaba, o que era recordada en fechas particulares, como este 2026.

Eso sí, el mutis del asunto solo se habría interrumpido dos meses después del secuestro, cuando Arturo y la señora Elisa empezaron a tramitar un nuevo pasaporte. Fue ahí cuando acudieron a la inspección de policía de Belén.

“El inspector empezó a chuzografiar en su máquina Olivetti. ‘Y ¿a dónde fue que se le perdió el pasaporte?’, preguntó. ‘En Entebbe, Uganda’, dijo mi mamá. El hombre la volteó a mirar con cara de ‘¿y eso dónde es y como fue?’. Y ahí mi mamá empezó a contar el cuento otra vez. Obviamente el inspector puso cara de no creerle mucho”, relató Arturo.

Doña Elisa falleció en 2002 a sus 80 años, según Arturo, de su vida entera se podría hacer todo un libro –un segundo si tenemos en cuenta el de los recortes de prensa del secuestro– pues este fue uno de los tantos sucesos que protagonizó.

El libro tiene recortes de prensa de diferentes lugares que hacen mención al suceso que paralizó al mundo a mediados de 1976. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
El libro tiene recortes de prensa de diferentes lugares que hacen mención al suceso que paralizó al mundo a mediados de 1976. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

Sin embargo, este podría ser uno de los más importantes, toda vez que demuestra que habitualmente un hijo o hija de Antioquia siempre está presente en algunos de los sucesos más relevantes de la historia.

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