En el área rural de Ituango, en el norte de Antioquia, hay extrañeza frente a la noticia de la desaparición de un ciudadano francés en ese territorio.
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La desaparición de Hamel Leo Thierry Florina, de 32 años de edad, fue reportada oficialmente el pasado jueves, 14 de mayo, cuando la Secretaría de Seguridad, Justicia y Paz de Antioquia comenzó a poner en circulación el cartel al respecto. No obstante, la última vez que se supo algo de él habría sido un mes atrás, a mediados de abril.
La información dada por su familia a las autoridades indica que su madre tenía contacto constante con el joven valiéndose de la red social WhatsApp, aproximadamente cada semana, y que la última vez que habló con él fue el jueves 16 de abril.
Supuestamente, en esa ocasión este se encontraba en el corregimiento El Aro, de Ituango. También existen versiones de que por esa zona rural estaría comerciando con pollos que él se dedicaba a engordar.
Con base en esos datos sería que allegados de Thierry Florina interpusieron la denuncia ante la Fiscalía. A su vez, esta autoridad dio aviso al Gaula de la Policía y este organismo que se ocupa de combatir el secuestro y la extorsión informó a la Secretaría de Seguridad, Justicia y Paz del departamento para que se activara la ruta de búsqueda.
Esa ruta implica la coordinación entre autoridades con organismos de derechos humanos para tratar de dar con el paradero del extranjero y la difusión del caso entre la comunidad con el fin de que quien tenga información al respecto la aporte.
No obstante, EL COLOMBIANO habló con por lo menos cuatro habitantes de El Aro y otros más de la zona urbana de Ituango, incluidos funcionarios, quienes manifestaron no haber visto a este foráneo cuyo rostro se ha difundido por diversos medios. Ni siquiera han sabido de alguien extraño que se ajuste a sus características, de acuerdo con lo dicho a este medio de comunicación.
“No hemos visto a ningún francés y menos vendiendo pollos, como dicen que estaba. Es que por aquí hasta a nosotros nos da lidia comercializar cinco o seis pollos que tengamos para el engorde”, apuntó una habitante.
Otro morador de El Aro respondió al preguntársele al respecto: “Yo no entiendo de dónde salió esa noticia, hasta nosotros acá estamos sorprendidos, porque es una persona que nunca en la vida la hemos visto, ni la cara se nos hace conocida”.
De hecho, El Aro no es un sitio por donde cualquier persona pueda transitar a su antojo, pues se trata de una zona por donde patrullan grupos irregulares.
Se trata de un corredor en el cual existen cultivos de uso ilícito y que es apetecido para la movilidad de drogas.
Por allí hacen presencia integrantes del frente 18 de las disidencias de las Farc, pero igualmente miembros del Clan del Golfo, también autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC).
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El corregimiento ha estado marcado desde hace varias décadas por el conflicto armado. La tragedia más recordada ocurrió el 22 de octubre de 1997, cuando entre 150 y 200 hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) incursionaron durante varios días saqueando negocios y casas, incendiando, robando el ganado que se les atravesara, pero también torturando y asesinando a su antojo a pobladores, a los que acusaban de auxiliar a la guerrilla.
Las víctimas mortales en aquella ocasión pasaron de quince. Por ello, el Estado Colombiano fue condenado por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, al demostrar que hubo cuando menos omisiones de organismos que debieron proteger a la población.
El corregimiento prácticamente quedó vacío y poco a poco, a través de los años, ha vivido el retorno de parte de sus habitantes originarios, pero subsiste la intranquilidad.
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