Iván Cancino no es un hombre lejano, tampoco arisco. Es probable que su número de teléfono esté en la libreta de contactos de la mayoría de los periodistas del país y, casi siempre, responde. Lo consultan con frecuencia por su experiencia en derecho penal, y no es por nada. Conoce el sistema judicial como pocos. Ha sido defensor en varios de los procesos más mediáticos de Colombia y suele aportar su conocimiento en los grandes debates nacionales, especialmente a través de su cuenta en X, la misma que eliminó cuando su nombre comenzó a sonar con fuerza como el próximo ministro de Justicia. Este martes, finalmente, su nombramiento fue confirmado.
Lleva el derecho en la sangre, quizá por herencia. Su papá era Antonio José Cancino Moreno, uno de los penalistas más influyentes de Colombia durante varias décadas. Recordado por haber asumido la defensa del entonces presidente Ernesto Samper en el proceso 8.000, uno de los capítulos judiciales y políticos más trascendentales del país.
Iván, sin embargo, ha construido su propio nombre. Figura como defensor en varios de los procesos, muchos de ellos bastante polémicos. Recientemente, figuraba como defensor del prófugo de la justicia Carlos Ramón González, el exdirector del DAPRE del Gobierno de Gustavo Petro, en juicio por el saqueo a la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD).
Detrás de su cercanía con el país, a través de la prensa, hay una trayectoria de más de veinte años dedicada al derecho penal. Formado en la Universidad Externado de Colombia, con especializaciones y una maestría en Ciencias Penales y Criminológicas, Cancino ha transitado por casi todos los escenarios de la justicia. Fue fiscal delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá, decano universitario, profesor de posgrados en Colombia y en el exterior. Esa combinación de academia, experiencia judicial y ejercicio profesional explica por qué su voz terminó convirtiéndose en una referencia frecuente cuando el país discutía los casos penales de mayor impacto.
Fue una de las voces más visibles de respaldo durante la campaña de Abelardo de la Espriella. A través de sus redes sociales defendió las propuestas del entonces candidato, ayudó a difundir su programa y salió al paso de las críticas con argumentos jurídicos y políticos. La cercanía entre ambos, sin embargo, no nació en la contienda electoral.
Desde años atrás compartían escenario en el mundo del derecho penal, donde construyeron una relación profesional y personal que era ampliamente conocida. Hoy, dejarán de ser colegas en los estrados para trabajar juntos desde el Gobierno, con la responsabilidad de sacar adelante una de las carteras más sensibles del país.
Entre los principales desafíos de esta cartera está la materialización de las propuestas de justicia anunciadas por el presidente electo durante la campaña, como la construcción de 10 megacárceles, un proyecto cuya viabilidad ha generado debate.
Uno de los aspectos que más ha marcado la carrera de Iván Cancino ha sido la defensa de algunos de los personajes más controvertidos del país. En su oficina han pasado empresarios, políticos y funcionarios investigados por corrupción, fraude y otros delitos de alto impacto.
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