Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Edmar Castañeda, el arpa propia y la música de otra parte

Edmar Castañeda presenta su obra Bordones al lado de la Sinfónica Eafit y bajo la dirección de Ricardo Jaramillo, este viernes 13 de marzo a las 7:00 p.m. en el auditorio Fundadores de la universidad.

  • Este año, Edmar Castañeda lanzará su disco Global Heartbeat. Foto Camilo Suárez.
    Este año, Edmar Castañeda lanzará su disco Global Heartbeat. Foto Camilo Suárez.
Sara Kapkin

Tendencias

hace 52 minutos
bookmark

Edmar Castañeda, el músico que está redefiniendo el papel del arpa vuelve a Medellín para presentar Bordones, una obra comisionada por el Carnegie Hall, en la que rinde homenaje al joropo y la tradición musical llanera, pero que es también un viaje por todos los lugares que han influido en su música.

Le puede interesar: Dilson Díaz: “La Pestilencia nunca fue creada para encajar”

Es un viaje en reversa, que empezó en Nueva York, la ciudad a la que Edmar llegó en 1994, cuando todavía no había terminado el colegio, donde se enamoró del jazz y empezó a vivir de tocar el arpa. Allá estrenó la obra en marzo del año pasado, al lado de la American Composers Orchestra, dirigida por Tito Muñoz.

Pero el encuentro de Edmar con el arpa fue en Bogotá, y fue por pura casualidad.

–El arpa la conocí cuando tenía 7 años. Mi madre no tenía quien nos cuidara a mi hermana y a mí los sábados, y un tía dijo que había una beca en una academia de joropo y fuimos. Cuando yo vi el arpa por primera vez quedé impresionado, sentí que había llegado a mi casa, eso era lo que quería tocar –dice Edmar.

Pero tuvieron que pasar casi 7 años más para poder conseguir un arpa. Mientras tanto aprendió a bailar joropo, su papá, que era pianista de un grupo de salsa le fue enseñando a tocar el cuatro y las maracas, y un amigo que rentó un cuarto en su casa y era profesor de arpa le dio las primeras bases.

–Hasta los 13 años fue sólo soñar y soñar con el arpa. Yo cargaba mercados en plaza, en un carrito que me hice para trabajar y pasaba por entre toda le gente y los gritos de la plaza pensando, yo voy a tener un arpa, voy a tocar arpa... –dice.

Hasta que su tía, la misma que lo llevó a la academia se compró un arpa para ella, pero se la terminó regalando a Edmar, que iba cada rato a su casa a pedirle que lo dejara tocar.

Recién tuvo el arpa, se vino con su mamá y su hermana a vivir a Medellín, y aquí cambió todo. El instrumento principal de la música llanera se alejaba cada vez más del llano y sus tradiciones, y se enraizó en lo que hoy es Otraparte, la casa museo del filósofo envigadeño Fernando González.

Donde hoy está el café antes había un vivero con una casita donde se guardaban las cosas. Ahí llegó a vivir Edmar con su mamá y su hermana.

–Medellín me cambió la vida, creo que aquí nació lo que hago ahora en el arpa. Conocí la Casa de la Cultura de Envigado y empecé a bailar tango, a tocar guitarra, conocí la música paraguaya, los boleros, la salsa... Empecé a conocer muchas músicas, y todo lo llevé al arpa, preparando un repertorio internacional para tocar en EE. UU., pero no sabía que venía todo esto –cuenta.

Aunque no se quería ir de Envigado, finalmente llegó a Nueva York y empezó a tocar el arpa en los restaurantes donde trabajaba su papá. En el día estaba en el colegio, terminando el bachillerato y estudiando trompeta, para aprender el vocabulario del jazz, del que se enamoró al llegar.

–En Nueva York empecé a tocar con mucha gente, cubanos, brasileros, africanos, donde me dejaran tocar el arpa yo entraba, y todo eso me dio un vocabulario muy amplio –precisa Edmar.

Y todo ese vocabulario no cabe en un arpa tradicional, entonces Edmar desarrollo la suya propia, la EC Llanera Harp en colaboración con Camac Harps. Fue un trabajo de más o menos 20 años, que empezó visitando luthiers en Nueva York y terminó al lado de Camac, una marca francesa que le puso al arpa las palancas que hacen el papel que las teclas negras tienen en el piano.

Lea también: “En la Batalla de las Bandas, los de Medallo llegaron a Medellín”, Juan Diego Parra, docente e investigador

El arpa de Edmar es un universo. Es como tres instrumentos en uno y es más difícil de tocar, porque además de las cuerdas están las palancas. Ahí cabe todo: el joropo, el jazz, lo que sea, porque Edmar aprendió a tocar de forma autodidacta, entonces se saltó los límites de la tradición.

Esta obra Bordones es ese recorrido del jazz, de lo clásico, de lo llanero, es tejer todo eso junto. Estrenarla en Medellín es increíble, muy especial, por esa conexión que tengo con esa casa –cuenta Edmar.

Esa casa es Otraparte, nombrada así por Fernando González para hacer alusión a otro mundo y a otro modo de vivir que va en búsqueda de sí mismo, como ha hecho Edmar, que con el arpa y a su manera ha ido construyendo un universo propio, una música de otra parte.

Desde su llegada a Nueva York, Edmar ha colaborado con artistas como Wynton Marsalis, Paquito D´Rivera, John Scofield, Marcus Miller, Hiromi. Es miembro de BEATrio junto a Béla Fleck y Antonio Sánchez, cuyo primer álbum estuvo nominado al Grammy Americano como Best Contemporary Instrumental Album este año. En pocos meses espera lanzar su nuevo disco Global Beatheart.

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida