El pasado 1 de abril, cuatro astronautas de la misión Artemis II despegaron desde el Centro Espacial Kennedy a bordo de la cápsula Orion. Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen completaron el primer sobrevuelo lunar tripulado en más de cincuenta años.
Ahora, la misión Artemis III, prevista para el año 2028, apunta a repetir lo que Neil Armstrong hizo el 20 de julio de 1969. La humanidad volverá a pisar la Luna y con ello vuelve también una pregunta que la ciencia ficción lleva décadas intentando responder: ¿qué pasará después?
La literatura espacial es, en muchos casos, un manual de instrucciones escrito incluso antes de que existiera la tecnología para ejecutarlo. Konstantin Tsiolkovsky, considerado el inventor teórico de los cohetes y los satélites, dejó en sus cuadernos las ideas que harían posible el Apolo 11.
H. G. Wells describió en 1901, en Los primeros hombres en la Luna, los fundamentos científicos que la Nasa tardaría seis décadas en aplicar. Y recientemente Andy Weir, el escritor que tiene dos adaptaciones cinematográficas de Hollywood, ha demostrado que la ficción rigurosa puede anticipar los dilemas reales de la exploración espacial con mucha precisión.
Proyecto Hail Mary, la novela de Weir adaptada recientemente con Ryan Gosling como protagonista, sigue a un profesor de física que despierta solo en una nave a años luz de la Tierra con la misión de salvar al Sol de una bacteria interestelar. La premisa es extrema, pero su lógica es la misma que mueve a Artemis: el ser humano contra la física del universo, resolviendo problemas con el método científico como única herramienta.
El autor ha explicado que su intención era mostrar cómo la ciencia puede ser también un terreno para unir a la humanidad bajo un mismo objetivo, premisa que resuena con fuerza en un momento en que la NASA trabaja junto a la Agencia Espacial Canadiense y planea colaboraciones internacionales para el regreso a la Luna.
Su novela anterior fue The Martian, adaptada al cine por el director Ridley Scott en 2015, con Matt Damon en el papel principal. Esa historia es aún más concreta en sus implicaciones: el personaje, Mark Watney, queda abandonado en Marte y debe cultivar papas en suelo marciano para sobrevivir 564 días hasta ser rescatado.
La NASA ha estudiado esa novela con atención, pues los desafíos que Watney enfrenta (la producción de alimentos, gestión de oxígeno y una difícil comunicación con la Tierra) son exactamente los problemas que los ingenieros del programa Artemis están resolviendo para una futura misión a Marte. Elon Musk, cuya empresa SpaceX es el principal proveedor de cohetes para la NASA, ha mencionado la novela como referencia para su proyecto de colonización marciana.
Pero más allá de Weir, hay otros libros que el programa Artemis vuelve pertinentes. Bobiverse: We Are Legion, de Dennis E. Taylor, explora la exploración interestelar desde la perspectiva de una inteligencia artificial que debe resolver problemas de física y diplomacia cósmica con humor y creatividad técnica.
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Y Children of Time, de Adrian Tchaikovsky, va más lejos al plantear qué ocurriría si la humanidad, después de agotar la Tierra, encuentra en el universo formas de vida radicalmente distintas. Es hard sci-fi denso, pero brillante en su exploración de lenguaje y la comunicación entre especies.
La carrera espacial siempre tuvo a la ficción como su sombra más fiel. Cyrano de Bergerac inventó la palabra “selenitas” en el siglo XVI. Julio Verne describió un cohete que saldría de Florida, la misma costa desde la que despegó Artemis II. Ahora, la pregunta que queda en la época que vivimos, con cohetes que tienen la forma y potencia que siempre soñó la ciencia ficción, es cuál de estos libros terminará siendo una réplica de la vida diaria por fuera de la Tierra.