Lorena Salazar Masso es una de las tres escritoras colombianas incluidas en la lista de la Feria del Libro de Guadalajara (los otros son María del Mar Ramón y Felipe Núñez Mestre). EL COLOMBIANO habló con ella sobre esa distinción, sobre sus lecturas, sobre la forma en que la vida le cambió gracias a la publicación de Esta herida llena de peces.
Amplíanos un poco eso de Guadalajara...
“Sí, se trata de una selección que generosamente hizo la FIL Guadalajara y busca destacar un poco la escritura de la novela en este momento, qué está pasando, qué temas y formas de escritura están mucho más presentes. Por supuesto que hay un valor en que destaquen a 26 personas y que yo esté allí. Yo lo agradezco, pero también me parece interesante que se ponga sobre la mesa qué está pasando con la novela.
Hace muchos años que escritoras y escritores están innovando, pero ahora se empieza a hablar mucho más de eso: de cuándo la novela empieza a aparecer un poco más como ensayo, qué pasa cuando es autobiografía, qué pasa si en algunos momentos parece que se metiera el género de cuento. Entonces, es interesante que empecemos a pensar y que esas conversaciones lleguen a los lectores también, que no se quede solo en el ámbito de las personas que escribimos, sino que en los clubes de lectura también se empiece a hablar de eso”.
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¿Y vos lees mucha novela contemporánea?
“Yo leo de todo. No me quedo solo en lo contemporáneo, ni tampoco me encierro solo en los clásicos, sino que voy mezclando un poco. Primero, porque los clásicos y toda la literatura que se ha creado desde hace muchos años, no solamente novela, sino poesía, ensayo y demás, son una escuela. Yo creo que uno se debe a todo lo que otros han hecho y es un estudio constante. Por un lado literario, pero por otro lado también alrededor de preguntas de la vida y demás. Entonces, bueno, los libros siempre están allí como para uno sentarse a pensar.
Y por otro lado, lo contemporáneo. Compañeras y compañeros que están en este mundo y que están pensando al tiempo cosas similares a las que uno está pensando, entonces se van tejiendo conversaciones, a lo mejor que ellos nunca se dan cuenta, o que uno nunca se da cuenta, pero que están allí alrededor de los libros. Entonces, intento mezclar lo uno y lo otro y no cerrarme a una sola cosa”.
¿El éxito de Esta herida llena de peces cambió tu forma de escribir?
“Lo que pasa es que ese primer libro se da en un contexto académico de una maestría. Entonces, yo no había tomado una decisión de “voy a escribir de aquí en adelante”. Yo estaba más enfocada en lo que hacía antes, que era publicidad. Trabajaba en agencias y ese era mi foco. Pero luego, cuando escribo esta novela y puedo estar dos años alrededor del mundo literario, digo: “Esto es lo que yo realmente quiero hacer”, entonces empiezo a migrar. Y ese proceso de migrar pasa por una pregunta fundamental después de esa primera novela: ¿por qué me interesa esto? ¿Realmente me quiero dedicar a esto? Hay un montón de temas prácticos. “Bueno, ya no voy a hacer esto, ¿de qué voy a vivir?, ¿en qué voy a trabajar?”. Porque si me quedaba en publicidad era muy poco lo que iba a escribir y es un mundo completamente diferente a este, aunque me haya ayudado en muchos aspectos.
Pero me hago esa pregunta y la respuesta es sí. Entonces, ¿qué necesito para pensar por qué escribo, qué me interesa, qué no me interesa, qué asuntos están de moda alrededor de la escritura y no me interesa trabajarlos porque no resuenan conmigo? En fin, un montón de preguntas que me llevaron a una pausa antes de empezar la segunda novela. Y ya realmente cuando empecé la segunda, no miraba mucho la primera porque era un proceso completamente diferente. Cada novela pide ritmos, temas, lecturas.
Yo estaba viviendo un tiempo en Montevideo, entonces también era un espacio diferente que me ayudó un montón a la creación de ese espacio narrativo y ya me desconecté por completo. Así mismo, como ahora estoy en la escritura de otra novela, ya en la parte final, todo el proceso de escritura fue muy diferente porque las condiciones de la vida cambian.
Ya estoy aquí en Medellín, tengo una hija, la rutina se ordena alrededor de ella, entonces, claro, la escritura va tomando otros espacios. Está mi trabajo, en fin, todo. Entonces eso depende mucho de cómo organizamos la vida, de qué lugar tiene la escritura en la vida y del lugar que le podemos dar”.
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Pero entonces vos hiciste esa maestría sin pensar en ser escritora, sino más como una curiosidad que tenías, ¿o no?
“Yo la hice porque trabajo en publicidad, soy redactora publicitaria y en publicidad la clase de escritura es nada, es un crédito, es muy pequeña. Entonces veo que estoy cansada de ver que todos los reconocimientos y las mejores piezas y los mejores guiones son de otros países: Argentina, España, en español, que es lo que más me interesa. Y aquí nada, ¿cierto? Aquí nos quedamos siempre mirando y revisando lo que hacen otros y yo dije: “No, pues no quiero seguir así”. No quiero seguir siendo una espectadora de lo bueno que hacen otros y seguir haciendo un trabajo de pronto mediocre. Me voy a estudiar justamente por eso.
Y me cambió todo. Ya estudiaba, ya había hecho cursos. Yo trabajé en Bogotá muchos años. Ya había hecho cursos de escritura, de narrativa, de creación literaria en Bogotá, pero igual quería algo más, para dejar de estar ahí detrás de otras piezas y de otras cosas. Además, en publicidad las personas que se dedican al audiovisual, a la parte gráfica, tienen muy buen nivel profesional. Entonces, yo decía: “Bueno, ¿y los que escribimos qué? Aquí nos quedamos cómodos”.
Entonces, partió de allí y luego, claro, me di cuenta de que realmente lo que me interesaba era la escritura desde ese otro lado. La publicidad me dio mucho y me enseñó mucho, a ser más concreta, la disciplina del trabajo, horarios largos y hasta la madrugada muchas veces, muchos meses seguidos. Fue muy difícil, pero lo que yo creía que quería, que giraba más alrededor de la construcción de historias, estaba en la literatura”.
¿Qué temas están trayendo las mujeres a la conversación literaria? Por ejemplo la maternidad...
“Sí, yo creo que ese tema ha estado siempre y escrito por las mujeres, pero ahora se valora como un tema importante, ¿cierto? También ha sido una de las consecuencias de la lucha del feminismo.
Este tema habla de la sociedad. Se habla de la maternidad, pero también del cuidado: cómo el cuidado sostiene, cómo el cuidado de un hogar permite que los niños vayan a la escuela, crezcan y sean personas que aporten o no a la sociedad. Pero también que los hombres vayan a trabajar, que tengan todas las condiciones para que se desarrollen y, por supuesto, hay mucho de esto hablando de un hogar tradicional, ¿no?, que se desarrollen y sean el sostén de los hogares en muchos puntos.
En fin, es importante, pero también el tema de la maternidad pone un punto a favor de la literatura y es que permite que esos temas que antes eran vistos como temas menores o insignificantes tengan un espacio mucho más amplio.
Hay una película de Chantal Akerman cuyo título es muy largo y está en francés, entonces no lo voy a decir aquí, pero la pueden buscar. Es muy interesante porque en esa película, que dura además mucho, no sé, tres horas o más de tres horas, muestra diferentes escenas de la protagonista pelando unas papas. Luego apanando una carne, tendiendo una cama, haciendo cosas domésticas. Todo ocurre allí. Sale en algunos momentos, pero todo ocurre allí y tiene un desenlace interesante. El centro o lo importante de esa película, entre muchas otras cosas, es que cuenta todo lo que puede hacer una mujer, en este caso, con las manos, cómo eso sostiene otras cosas”.
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