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Hoy Colombia elige presidente: ¿qué es lo que en verdad está en juego?

La mayoría de pronósticos indican que Abelardo de la Espriella le ganaría a Iván Cepeda, pero nada está escrito hasta el cierre de las urnas. ¿Qué modelo de país ganará?

  • Dos miradas de gobernanza muy disímiles se enfrentan hoy en las urnas. Hoy se sabrá el nuevo presidente electo. Foto: EL COLOMBIANO
    Dos miradas de gobernanza muy disímiles se enfrentan hoy en las urnas. Hoy se sabrá el nuevo presidente electo. Foto: EL COLOMBIANO
Nicolás Rivera Guevara

Editor de Actualidad

hace 3 horas
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Hoy no es un domingo cualquiera para el país. Más de 40 millones de colombianos –41.421.973 exactamente– estamos habilitados para acudir a las urnas. Aunque se diga cada cuatro años que esa elección es histórica, y en cierto sentido lo es, en este caso Colombia decide por dos modelos de país muy distintos. Nos debatimos entre un giro a la derecha en cabeza del outsider Abelardo de la Espriella o la continuidad del petrismo liderado por Iván Cepeda.

Hace poco más de un año, ninguno de los dos candidatos era favorito según la fotografía de ese momento. El establecimiento y la derecha tenían otras cartas —Miguel Uribe, a quien asesinaron; Paloma Valencia y otros— y la maquinaria del Gobierno apostaba a personajes que no eran de la izquierda pura –como Roy Barreras–. Pero llegaron el abogado costeño y el senador rolo después de superar varios obstáculos e impusieron las condiciones al resto. Casi que Colombia se dividió entre dos “extremos” que agrupan una especie de bipartidismo 2.0, como ocurrió con los resultados de las elecciones legislativas de marzo.

De todos modos, tras los resultados de las elecciones de la primera vuelta, quedó demostrado que el 60% de los votantes –la sumatoria de todos los candidatos menos Cepeda– expresaron su decisión como un castigo al gobierno de Gustavo Petro. Aunque el Gobierno, con una mezcla de voto de opinión y el aparato estatal desplegado, lograron sacar una votación muy importante que representó el 40% restante del electorado.

¿Cómo llegamos hasta acá?

Ninguno de los dos candidatos punteros se midió en las consultas presidenciales de marzo –en el caso de Cepeda, el Consejo Nacional Electoral lo impidió– e hicieron campañas que apelaban más a lo emocional que a las propuestas. Los otros candidatos, como Paloma Valencia (1.639.685 votos en primera), Sergio Fajardo (1.009.073) y Claudia López (225.517), intentaron recoger posiciones con matices, pero se impuso el sentimiento de que nos estábamos jugando la vida y que había que escoger alguno de los dos extremos.

Sin duda, el crecimiento de De la Espriella tuvo una tendencia en ascenso que pocos creían que le daría el triunfo sobre Cepeda en primera vuelta. El otrora penalista, que carga con varias polémicas por haber tenido a clientes que fueron narcos, estafadores y hasta testaferros de la dictadura chavista (Alex Saab), diseñó una estrategia por fuera de los márgenes tradicionales de campaña. Abelardo representa a un outsider, inspirado en lo que en su momento fueron Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele.

En cambio, el senador petrista venía liderando todas las encuestas y alcanzó a marcar 45%, e incluso decía que iba a ganar como más del 50 % sin tener que medirse en una segunda vuelta. Pero se desinfló. No le sirvió tener al Ejecutivo en pleno apoyándolo y pagándole ‘tarimazos’ —como el del MinSalud en Bogotá una semana antes de las elecciones al Congreso, para solo citar un caso— o a los contratistas y funcionarios haciéndole campaña abiertamente. Tampoco influyó del todo el supuesto constreñimiento que ejercen los grupos armados, como las disidencias de “Calarcá”, para votar por él en distintas regiones del país.

Cepeda quiso hacer la campaña a su imagen y semejanza y así se puede interpretar según quien lo lea: fue sereno o más bien aburrido, contenido en las formas o realmente soso, coherente políticamente o mal candidato. Nunca logró crear una narrativa potente alrededor de su campaña y desde días previos a la primera vuelta se veía venir el golpe de realidad, según fuentes del Pacto.

Aunque el senador no quiso que entraran personajes cuestionables como Armando Benedetti, Roy Barreras o Juliana Guerrero, la falta de estrategia se extendió a todos los frentes de campaña. Líderes en las regiones se quejaban de la falta de línea por parte del grupo que rodeaba al candidato; figuras como María José Pizarro, Gloria Flórez, Alirio Uribe, Susana Muhamad, María Fernanda Carrascal y otros, quedaron como responsables de la improvisación.

Pero, desde el mismo Cepeda, hubo un error de cálculo que varios analistas identifican como un punto de quiebre: la escogencia de la fórmula vicepresidencial. El senador escogió a la líder indígena Aida Quilcué, que es una congresista reconocida por los movimientos sociales, pero que poco le aportaba electoralmente al petrismo, pues desde antes ya tenían ganados, en teoría, a las comunidades indígenas y afro.

Por el otro lado, De la Espriella hizo equipo con el exministro de Hacienda y Comercio José Manuel Restrepo, quien, además de ser un funcionario destacado, venía de ser rector de cuatro importantes universidades. La llegada de Restrepo le dio más contenido a la campaña de “El Tigre” y atrajo a algunos indecisos del centro político que veían en Abelardo falta de preparación para manejar asuntos del Estado. Su fórmula lideró varios debates clave, como la reducción del Ejecutivo hasta de un 40% y armó un plan económico para enfrentar un eventual apagón en los próximos meses o la crisis fiscal que nos respira en la nuca.

Así las cosas, la estrategia de La Espriella denominada “Patria Milagro”, apelando a “los nunca”, a estar “firme por la Patria” y rechazando a los partidos políticos tradicionales, provocó un sismo político el último domingo de mayo.

El abogado cordobés se trepó al primer lugar con 10.356.231 votos, arrebatándole la ventaja a Iván Cepeda, quien obtuvo 9.686.023 votos. La diferencia fue de 670.208 sufragios.

El impacto dentro del Pacto Histórico fue tan demoledor que perdieron casi una semana tratando de asimilar el golpe. El propio exsenador y excandidato Gustavo Bolívar reconoció la crisis sin filtros en Caracol Radio diciendo: “Nos agarró con los calzones abajo. No teníamos nada preparado, nada, nada. Tocó empezar a crear un eslogan, un símbolo, muchas cosas”.

El mapa de los resultados expuso un fuerte voto de castigo en las regiones, con una excepción: Bogotá, donde Cepeda encabezó con 1.705.854 votos (41,67%) frente a los 1.543.159 (37,69%) del abogado.

A partir de ese momento, pareciera que la campaña de Cepeda no ha podido remontar y, como lo han registrado distintos pronósticos y proyecciones estadísticas, en la mayoría de escenarios Abelardo tiene la ventaja.

Según el politólogo y académico estadounidense Michael Weintraub, profesor asociado de la Universidad de los Andes y director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED), el desenlace de la segunda vuelta dependerá, en gran medida, del comportamiento del voto de centro. Sin embargo, advierte que incluso en el escenario más favorable para Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella terminaría imponiéndose.

A través de un análisis que compartió en su cuenta de X, el profesor Weintraub señaló que el gran “botín” electoral por disputar sería el de los votantes de centro y centroderecha, que en conjunto representan cerca de 2,87 millones de apoyos. Sin embargo, la ventaja de De la Espriella podría estirarse rápidamente a 1,5 millones de votos gracias al respaldo de Valencia, quien le heredaría un piso mínimo de 820.000 sufragios, eso sin contar los apoyos que podrían llegar de esos que votaron por Fajardo.

No obstante, en otro de los escenarios que Weintraub considera más realistas, el puntero recibiría el 75 % de los votos obtenidos por Paloma, lo que equivale a cerca de 1,23 millones de sufragios de los 1,64 millones que consiguió en la primera vuelta.

A su vez, si los votos de Fajardo —quien obtuvo 1.009.073 apoyos— se repartirían por partes iguales entre ambos candidatos, con cerca de 500.000 para cada uno y, finalmente, en este escenario, Cepeda lograra obtener el 80 % de los 225.517 votos de Claudia López, es decir, unos 180.000 sufragios, bajo ese resultado, aun así, De la Espriella se impondría por una diferencia cercana a los 950.000 votos.

El análisis del experto señala que el candidato del Pacto solo tendría opciones de imponerse en un escenario. Para lograrlo necesitaría captar el 60 % de los votos de Paloma Valencia —unos 983.800 sufragios, frente al 40 % que iría a Abelardo de la Espriella— y, además, quedarse con el 70 % de los apoyos obtenidos por Sergio Fajardo, equivalentes a cerca de 706.000 votos. Incluso bajo esas condiciones, Cepeda apenas superaría a De la Espriella por una diferencia cercana a los 190.000 votos.

El debate que nunca fue

Capítulo aparte merece el hecho de que los dos candidatos finalistas jamás se sentaron cara a cara a debatir. Iván Cepeda presionó cuando perdió la primera vuelta, enviando cartas públicas y publicando de manera insistente que, ahora sí, quería debatir. Sin embargo, los asesores de Defensores de la Patria aplicaron una contrapuesta: debatir con las fórmulas vicepresidenciales al mismo tiempo, pues Restrepo, consideraban, le ganaría con creces a Quilcué.

Finalmente, no hubo debate, lo que es el retrato de una campaña menos democrática bajo el entendido de que hablar de propuestas, con datos y cifras en mano, le da a los electores un espectro más amplio para elegir desde la razón y no tanto con las emociones como terminó sucediendo. Ahora, ¿qué es lo que realmente está en juego con estas elecciones?

Dos modelos en disputa

El punto de quiebre más radical tiene que ver con la seguridad y la paz. De la Espriella ha prometido que recuperar la seguridad en territorios donde los grupos armados han crecido será una prioridad. Eso implica, definitivamente, acabar con la “paz total”, que Cepeda continuaría.

Su plan de gobierno contempla además la supresión o fusión de entidades clave como la Unidad Nacional de Protección (UNP), la Unidad de Víctimas y la Agencia para la Reincorporación, sumado a la polémica propuesta de retirar a Colombia de la ONU, la OEA y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Esto provocó que el pasado 17 de junio la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) emitiera una dura alerta desde Ginebra, advirtiendo que el “modelo Bukele” de megacárceles y el desmonte de la arquitectura de paz propuesto por De la Espriella ponen en riesgo inminente el Estado social de derecho.

Por su parte, el candidato del Pacto Histórico defiende la JEP como una institución sagrada e intocable –su esposa trabajó allí hasta hace muy poco–. Su programa busca profundizar la implementación de los seis puntos del acuerdo de 2016 y moverse de la “paz total” hacia una “paz Integral” basada en diálogos territoriales contextualizados, según su plan de gobierno. Cepeda ha sido tibio en señalar los errores evidentes de la política de seguridad de este Gobierno, en donde se han disparado las masacres y delitos como la extorsión.

Otro punto clave es que la estabilidad de la Constitución de 1991 también se la juega toda hoy en las urnas. El Gobierno ha insistido en convocar a una Asamblea Constituyente para destrabar las reformas sociales en el Congreso. Cepeda al final se bajó de ese bus y propuso un “acuerdo nacional” que igual tendría otros riesgos.

Cepeda intentó matizar el tema diciendo en una entrevista reciente en Noticias RCN que “no será ninguna prioridad una asamblea constituyente, sino la búsqueda de esa concertación a través del acuerdo nacional”. Sin embargo, al ser presionado para que garantizara bajo juramento que no impulsaría este mecanismo en sus cuatro años de mandato, dejó una respuesta ambigua: “Es lo que puedo decirle. Qué más. Que nunca habrá una Constituyente en Colombia, eso no puedo decirlo (...) No sé”.

Otro tema fundamental es la salud de los colombianos. Abelardo y Restrepo hacen el siguiente diagnóstico: el sistema de salud padece una deficiencia estructural con una deuda acumulada que supera los 40 billones de pesos. Para estabilizarlo, De la Espriella propuso un plan de choque financiero de 10 billones de pesos en sus primeros 90 días de gobierno, recursos que planea rescatar de la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres) para pagarle las deudas pendientes al personal médico y garantizar la entrega de medicamentos represados.

Cepeda profundizaría el mal manejo del sistema de salud de este Gobierno, que intervino más EPS con resultados negativos como el ocultamiento de los estados financieros y problemas en la entrega de medicamentos.

En cuanto a otros sectores, De la Espriella defiende abiertamente la activación de la exploración petrolera y el uso de técnicas como el fracking para evitar lo que él denomina un “apagón energético e industrial en año y medio”. Su estrategia macroeconómica se resume en recortar el gasto público estatal y otorgar exenciones tributarias corporativas bajo la premisa de que la empresa privada es el único motor de riqueza.

Cepeda mantiene la línea de sustitución del modelo extractivista. Su programa económico se enfoca en la creación de créditos a comunidades históricamente excluidas del sistema financiero, complementado con una política laboral que amarra los futuros incrementos del salario mínimo estrictamente a los índices de productividad y costo de vida.

Después de todo este recorrido, esta misma noche Colombia sabrá con certeza hacia qué lado de la historia se moverá el péndulo. Lo importante es que ejerza su voto y no deje que otros elijan por usted.

Lea también: “El interés es afectar las elecciones”: Jaime Granados cuestiona indagatoria a Uribe sin agotar pruebas

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