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La historia de Álvaro Cadavid, el estilista que hizo de la peluquería una empresa de alto nivel

Lo que empezó como una salida económica terminó convirtiéndose en el proyecto de vida de Álvaro Cadavid. Hoy, al frente de Creative Staff, su historia mezcla formación, intuición, técnica y visión empresarial en uno de los sectores que más crece en el mundo.

  • Álvaro Cadavid convirtió la peluquería en un proyecto de vida marcado por la técnica, la formación y el trato cercano con sus clientes. FOTO: Cortesía.
    Álvaro Cadavid convirtió la peluquería en un proyecto de vida marcado por la técnica, la formación y el trato cercano con sus clientes. FOTO: Cortesía.
hace 3 horas
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Entrar a Creative Staff puede resultar intimidante para quienes no frecuentan mucho las peluquerías. A primera vista, el lugar parece pequeño, pero pronto se revela como un espacio cuidadosamente pensado: apenas alguien cruza la puerta, siempre hay calidez, una bebida ofrecida con amabilidad y una pantalla en la que desfilan algunos de los trabajos realizados allí.

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A un lado, el mobiliario exhibe productos profesionales organizados según las necesidades de cada cliente. Mientras llega el turno, es común ver a mujeres con mechones envueltos en papel aluminio, parte de las pruebas con las que el equipo determina si el cabello está en condiciones de recibir ciertos procesos químicos. Lo que desde afuera podría parecer solo una peluquería, adentro funciona casi como un laboratorio de imagen y técnica.

En el centro de esa atmósfera está Álvaro Cadavid, un estilista antioqueño que lleva 26 años en la peluquería y que hoy no solo dirige uno de los salones más reconocidos de Medellín, sino que además se ha convertido en uno de los nombres más visibles de la colorimetría profesional en América Latina.

Pero la peluquería no fue, al menos al comienzo, una vocación soñada. Fue una salida.

¿Cómo se convirtió en peluquero?

Antes de dedicarse al cabello, Cadavid estudió Contaduría Pública. Como a muchos jóvenes de su generación, el título no le garantizó un empleo estable ni bien remunerado. En cambio, un grupo de amigas comenzó a pedirle que les arreglara el pelo en sus casas y le ofrecían pagarle por eso.

Lo que empezó como una ayuda informal terminó cambiándole la vida.

“Lo que me ganaba trabajando toda la semana, me lo hacía en un domingo”, recordó. Mientras en otros trabajos apenas lograba reunir lo básico, peinando descubrió algo que no esperaba: que ese oficio podía darle una estabilidad económica real.

Ese fue, quizá, el primer gran quiebre de su historia. No uno romántico, sino profundamente práctico: por primera vez, algo que hacía con las manos podía darle una vida distinta.

El arte de aprender a observar

Al comienzo, aprendió mirando. Llegaba antes de tiempo a donde una mujer que le cortaba el cabello y se sentaba a observar cómo trabajaba. Así empezó a entender el cepillado, el peinado, la lógica del servicio. Después, otra persona sería clave para que ese oficio dejara de ser informal y se convirtiera en profesión: Elvia Luz Ospina, la estilista que se volvió su mentora.

Con ella trabajó durante años como auxiliar. Fue ella quien le enseñó que un peluquero no solo debía “tener mano”, sino también formarse, estudiar y entender que detrás del cabello había técnica, estructura, química y criterio.

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“Doña Elvia, que fue mi mentora, que trabajé tres años y medio con ella, me dijo que la única forma de yo salir adelante con la peluquería era educándome y haciendo ver la peluquería a otro nivel. Ahí es cuando mi mundo cambia”, mencionó.

Con el tiempo, Cadavid no solo aprendió el oficio: terminó comprándole su peluquería. Ese primer negocio, llamado Rostros de Hoy, sería la semilla de lo que después se convertiría en Creative Staff.

¿Qué lo hace diferente?

Cadavid entendió que el futuro de la peluquería no estaba en repetir fórmulas, sino en personalizar la experiencia. En leer a la clienta antes de tocarle el cabello. En observar su tono de piel, sus ojos, la forma en que se viste, su rutina, incluso su personalidad. Esa mirada es la base de lo que hoy se conoce como colorimetría: una práctica que, más que “poner color”, busca armonía entre la persona y su imagen.

Por eso insiste en que ya no basta con ser colorista. Hoy, dice, un estilista también necesita entender de salud capilar, estructura de la fibra, resistencia del cabello y límites técnicos. En otras palabras: la peluquería dejó de ser solo una intuición para convertirse en una disciplina cada vez más especializada.

Creative Staff reúne hoy parte de la visión con la que Álvaro Cadavid ha construido su carrera: estética, criterio y experiencia personalizada. FOTO: Cortesía.
Creative Staff reúne hoy parte de la visión con la que Álvaro Cadavid ha construido su carrera: estética, criterio y experiencia personalizada. FOTO: Cortesía.

Ese cambio no es menor en un mercado que viene creciendo con fuerza. Solo en Bogotá, peluquerías y barberías generan más de $500.000 millones al año, según cifras del sector. En 2025, además, se crearon 4.968 nuevas empresas vinculadas al comercio especializado de cosméticos y cuidado personal, en un contexto en el que la ANDI proyectó un crecimiento del 6% para la industria de la belleza.

De hecho, el mercado mundial de coloración del cabello en 2025 fue valorado en US$26.722,9 millones y se proyecta un alcance los US$27.551,3 millones para este 2026.

¿Cómo se consolida un salón de belleza en un sector en crecimiento?

Mientras el mercado se mueve hacia la personalización, la experiencia del cliente, la formación técnica y la digitalización, Creative Staff ha apostado por algo más que cortes y color: una experiencia de acompañamiento, criterio y confianza.

Esa apuesta también lo llevó a otro nivel. Su trabajo con la colorimetría y la formación técnica lo conectó con procesos internacionales y con marcas globales como Wella Professionals de la que hoy es embajador, y también ha participado en espacios de capacitación para peluqueros en distintos países de la región. De acuerdo con información compartida sobre su trayectoria, ha contribuido a la formación de más de 3.000 profesionales en América Latina, en un momento en que el mercado de coloración capilar gana peso y exige procesos cada vez más precisos y menos invasivos.

Aun así, cuando habla de su historia, el punto de origen no está en Londres ni en París. Está en algo mucho más simple: la posibilidad de vivir mejor.

Cadavid suele decir que la peluquería le cambió la vida. No como frase hecha, sino como realidad material. Le permitió construir una empresa, sostener a su familia, profesionalizarse y transformar un oficio que durante años fue visto con condescendencia.

¿Qué sigue para Creative Staff?

Ahora, el reto de Álvaro ya no es solo mantener la reputación que ha construido durante más de dos décadas, sino escalarla sin perder la cercanía que convirtió a Creative Staff en una marca reconocible. Su apuesta apunta a fortalecer el concepto del salón como una experiencia integral: no únicamente un lugar para cortarse o teñirse el cabello, sino un espacio de asesoría, diagnóstico, cuidado y confianza.

En un mercado donde cada vez aparecen más propuestas, la diferencia, dice, no está solo en el resultado final, sino en el criterio con el que se trabaja.

Lo que sigue para Creative Staff también pasa por consolidar equipo, método y visión. En una industria que hoy crece empujada por la personalización, las redes sociales y la búsqueda de experiencias más especializadas, el desafío está en sostener un estándar alto sin perder humanidad.

Esa parece ser la ambición de fondo: que el negocio crezca, sí, pero que no deje de sentirse como ese lugar donde una conversación sobre colorimetría puede terminar hablando de autoestima, cambios de vida o, incluso, el miedo a la muerte.

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