Cada vez que las lluvias son abundantes y los embalses en Colombia alcanzan niveles elevados, surge una pregunta que parece lógica para los usuarios: ¿el precio de la energía debería bajar automáticamente? Aunque la lógica apuntaría a que sí, la respuesta es más compleja.
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Las intensas lluvias registradas durante buena parte del segundo semestre del año pasado, y que se extendieron al inicio de 2026, mostraron efectos visibles en los niveles de los embalses, cuyo llenado en enero fue 10% superior al registrado hace un año.
Según datos de XM, administrador del mercado de energía eléctrica, este mayor nivel hídrico contribuyó a una reducción del precio de la energía en bolsa. En la comparación interanual, el valor cayó cerca de 26%, al pasar de $797 por kilovatio hora (kWh) a $590/kWh.
No obstante, este alivio en el mercado mayorista no se traduce de forma inmediata en una disminución de la factura que pagan los usuarios. La razón está en la estructura del sistema eléctrico colombiano, basada en contratos de largo plazo y mecanismos de seguridad energética que amortiguan las variaciones de corto plazo, incluso en episodios extremos como el ocurrido en la hidroeléctrica de Urrá.
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Por qué los embalses llenos no significan energía más barata
Colombia genera cerca del 70% de su electricidad a partir de fuentes hidroeléctricas, lo que convierte al país en uno de los sistemas eléctricos con menores emisiones de carbono en la región. Sin embargo, esta fortaleza también implica una alta dependencia de las condiciones climáticas.
Los embalses no operan como simples tanques que se llenan y vacían. Su manejo responde a criterios de seguridad energética orientados a garantizar el suministro no solo en el presente, sino también en los meses siguientes, especialmente ante fenómenos como El Niño.
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“El sistema no se basa únicamente en cuánta agua hay, sino en cuánta energía útil puede generar esa agua. Además, se monitorean indicadores como el riesgo de racionamiento, que pueden llevar a restringir el desembalse incluso cuando, en apariencia, hay abundancia”, señaló.
Prieto agregó que esta lógica se refuerza por la forma en que se contrata la energía en el país. “Al menos el 80% de la generación se comercializa mediante contratos bilaterales de largo plazo, en los que los precios se pactan a futuro”, explicó, lo que limita el impacto inmediato de episodios de alta hidrología sobre las tarifas.
Desde el punto de vista climático, el experto indicó que el actual aumento de lluvias también está asociado al cierre del fenómeno de La Niña y a la llegada de frentes fríos, eventos que no son inusuales y que seguirán ocurriendo.
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Sin embargo, advirtió que este comportamiento no será permanente. “Estas lluvias van a tener una reducción importante en los próximos meses y, hacia finales de año, según los informes de probabilidad, es posible que el país transite nuevamente hacia un fenómeno de El Niño”, concluyó.
El Cargo por Confiabilidad: el “seguro” del sistema eléctrico
También se debe tener en cuenta el llamado Cargo por Confiabilidad, un mecanismo creado para garantizar que el país cuente con plantas de generación disponibles cuando las condiciones hidrológicas son desfavorables.
Bajo este esquema, los generadores reciben pagos no solo por producir energía, sino por estar listos para operar cuando el sistema lo requiera, aun si pasan largos periodos sin generar.
“Funciona como un seguro para evitar apagones, aunque eso implique costos adicionales en el corto plazo”, explicó Prieto.
Cómo se forma realmente la tarifa que pagan los usuarios
Desde el punto de vista tarifario, Acolgén recuerda que la factura de energía está compuesta por varios elementos: generación, transmisión, distribución, comercialización, pérdidas y restricciones. En ese esquema, el impacto del precio de bolsa en el recibo final no supera el 7%.
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Esto ocurre porque solo cerca del 20% de la energía que se consume en el país se compra directamente en la bolsa, mientras que el 80% restante se adquiere mediante contratos de largo plazo con precios pactados previamente.
Límites en los embalses
A esta realidad se suma una restricción de fondo. El exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, recordó que, de los 24 embalses que abastecen a las hidroeléctricas del país, solo uno —El Peñol, que alimenta la central de Guatapé— cuenta con una capacidad de regulación superior a un año.
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La mayoría de los embalses apenas puede almacenar agua para alrededor de cuatro meses, lo que obliga a una administración cuidadosa del recurso incluso en periodos de alta hidrología y explica por qué la abundancia de lluvias no se traduce automáticamente en energía más barata.