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Análisis que manipulan

La realidad es que son muy pocos los que saben qué pasa, o pasará, en el vecino país. Tenemos que tener siempre presente que muchos de estas interpretaciones tienen un objetivo claro: direccionar nuestro voto del próximo 31 de mayo.

hace 5 horas
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  • Análisis que manipulan

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

El fin del gobierno de Nicolás Maduro traerá para Venezuela un periodo confuso con un plan de intrigas y acuerdos al que tienen acceso muy pocas personas en Caracas y Washington. Un proceso de varios pasos que incluye a la Casa Blanca, al chavismo en el poder y a la oposición en tercer plano. El objetivo, dicho por el mismo Donald Trump, es estabilizar un país rico para proveerse de su petróleo. Retomar lo que considera que le pertenece. Para lograr ese propósito Miraflores debe estar dirigido por una cabeza sumisa. “Queremos acceso a todo lo que pidamos, acceso al petróleo”, insiste, igual que a carreteras y puentes. Ahora son dueños de Venezuela.

La obediencia puede venir de los chavistas aún al mando (traicioneros de Maduro) que tendrían que seguir al pie de la letra las indicaciones estadounidenses. De no hacerlo se dará paso a otro liderazgo que vendría de la línea de mando del oficialismo renovado, incluso un militar o una junta de ellos. Luego podrían verse las elecciones y la democracia, que resultan secundarias para los intereses de la potencia. A corto plazo, sin embargo, los efectos de la caída de Maduro no serán tangibles para la sufrida población venezolana. Washington pide paciencia.

Y aquí viene algo que nos atañe directamente. Lo que ocurra en la Venezuela post-Maduro le entregará a Latinoamérica una serie de duras enseñanzas sobre la realidad de la política internacional y el papel de la nueva doctrina estadounidense. La “Doctrina Donroe”. El pragmatismo de la actual Casa Blanca no tiene miramientos en tipos o ideologías de los liderazgos con los que tranza. Si resulta beneficioso apretar la mano de un antiguo enemigo lo hará sin dudar. Si, de igual forma, debe darle un empujón a un aliado para que tenga más poder se lo otorgará sin pedir permiso. La manera en la que Estados Unidos se comportó en el primer año del segundo trumpismo con Sheinbaum en México, Lula en Brasil, Milei en Argentina o Bukele en El Salvador, es una muestra de los intereses y del temperamento del presidente norteamericano. En ese sentido nosotros estamos muy mal posicionados. Gustavo Petro se mueve entre el delirio y la inconsistencia.

La historia que se escribe en esta vieja-nueva Venezuela debe ser una radiografía para la Colombia electoral. Cada paso de Washington y cada respuesta de Bogotá, puede perfilar una de las aristas para elegir el nuevo mandatario. Pero cuidado. Se escucharán y leerán durante meses análisis que dicen tener la verdad sobre lo que ocurre con el chavismo. Muchos pontificarán. Se aprovechan de los sesgos con los que la población colombiana accede al tema de política exterior más importante para nuestro país en el siglo XXI. La realidad es que son muy pocos los que saben qué pasa, o pasará, en el vecino país. Tenemos que tener siempre presente que muchos de estas interpretaciones tienen un objetivo claro: direccionar nuestro voto del próximo 31 de mayo.

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