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Por Diana Mercedes Herrera Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

Solopreneurs: El modelo donde una persona crea y gestiona todo el negocio

hace 11 horas
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  • Solopreneurs: El modelo donde una persona crea y gestiona todo el negocio

Por Diana Mercedes Herrera Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

Repetimos una idea casi incuestionable: emprender es generar empleo; en Medellín esa narrativa no sólo ha sido aspiracional sino parte del orgullo colectivo: crear empresa era al mismo tiempo construir futuro para otros. Pero esto, que considerábamos fáctico, cambió y no lo estamos mirando de frente.

Ni siquiera la Real Academia Española ha incorporado aún el término “Solopreneur” y a pesar de ésto, hoy hay muchos emprendimientos surgiendo con esta vocación y como suele pasar: la realidad cambió primero y el lenguaje apenas intenta alcanzarla.

Para entender este fenómeno, vale la pena partir de una definición: el solopreneur se refiere a aquel emprendedor que crea y gestiona un negocio por su cuenta, apoyándose en herramientas digitales, automatización e inteligencia artificial para cubrir la totalidad de las actividades del mismo.

El auge de este perfil no responde únicamente a la tecnología o a la búsqueda de libertad; responde también a un entorno que ha vuelto cada vez más compleja la decisión de contratar personal para el desarrollo del objeto social de las empresas porque en Colombia crecer en equipo no es una decisión liviana: las cargas laborales, la rigidez normativa y los riesgos jurídicos hacen que cada contratación sea una apuesta de alto compromiso.

Pero hay algo aún más profundo: contratar colaboradores no implica únicamente pagar la nómina, es gestionar emociones, sostener motivaciones, acompañar procesos personales, responder a realidades individuales, cumplir horarios, adaptarse a protecciones especiales y a una legislación que lejos de favorecer la creación de empleo termina desmotivando cualquier posibilidad de hacerlo de manera formal.

Frente a esto, el Solopreneur no aparece como una moda sino como una decisión estratégica, pues piensan algunos que si hoy una persona puede operar con herramientas digitales, automatizar procesos, apoyarse en inteligencia artificial y tercerizar de forma puntual: ¿para qué crecer en estructura si puedo crecer en eficiencia?.

Lo que estamos viendo es un cambio profundo en la forma de entender el crecimiento: ya no se trata de cuántas personas conforman una empresa, sino de qué tan bien funciona independientemente del proceso de generación de empleo que en vez de una aspiración se ha vuelto conflictivo para los emprendedores; en detrimento del tradicional modelo que se ve opacado por la creencia ciega en las nuevas tecnologías.

Sin embargo, aquí emerge una tensión incómoda: porque seguimos promoviendo el emprendimiento como motor de empleo mientras el propio ecosistema por sus reglas, costos y exigencias, está incentivando lo contrario. Tal vez estamos entrando en una nueva etapa del emprendimiento, una donde el crecimiento no necesariamente se traduce en más colaboradores, sino en más claridad, enfoque y mejores sistemas: una donde el éxito no se mide solo en tamaño sino en sostenibilidad.

Esto no significa renunciar a la generación de empleo pero sí obliga a replantear las condiciones que la hacen viable y deseable, porque si los emprendedores están eligiendo no contratar, no es casualidad, es una señal para el mercado, la dirigencia y el Estado mismo.

El solopreneur no es el problema: es el síntoma de un ecosistema que cambió, de unas reglas que pesan y de una generación que está tomando decisiones más conscientes sobre hasta dónde quiere crecer.

La pregunta de fondo ya no es por qué hay menos empresas contratando, sino si estamos listos para construir un ecosistema que entienda y acompañe a quienes decidieron emprender de otra manera, que a no dudarlo no es el modo del futuro sino la problemática del presente.

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