Pico y Placa Medellín
viernes
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Haberes y Deberes, a la que llegan los que suman y restan usando un ábaco, los que multiplican y dividen con calculadoras científicas, los que revisan cálculos y descubren vectores escondidos, los que movieron capitales de un lado al otro como en un juego de ajedrez sin reinas, los que buscaron inversiones más rentables y se equivocaron porque las emociones no son razones, los que acertaron al detenerse a punto y los que perdieron queriendo ampliar los riesgos, los que compraron dólares porque iban a subir y terminaron viéndolos bajar, los que cumplieron con los pagos y los que trataron de retardarlos (la teoría de que el capital detenido da dividendos), los que compraron y guardaron para vender más caro después (los acaparadores), los que consideraron el dinero un fin y no un medio (asistiendo a devaluaciones), los que calcularon topes de inflación y casi enloquecen, los que salieron a comprar fiado sin tener con qué pagar, los que miraron los billetes y se preguntaron qué cosa los estaba respaldando, los que creyeron en recesiones inminentes e invirtieron en cosas que no se pudren (herramientas, maquinaria básica), en fin, el dinero se movió, paró, saltó, se puso pálido, creció en bitcoins y fluyó de una manera y de otra. Y esto fue un primer balance, acompañado de inteligencia artificial.
Somos una sociedad del dinero, ya pertenezca a los Brics, a los dólares mutantes o a las especulaciones en monedas que no se ven, pero circulan por la red en forma de pirámides, recomendaciones de dirigentes y expertos (¿qué forma tiene un bitcoin?), con el problema de que el dinero crece devaluándose (Historia del dinero, de Jozsef Robert), y uno de los problemas de la inflación es que se detiene, pero no rebaja precios. Y a todo esto, se hacen balances en pérdidas y ganancias, en la representación social y no en lo que lo produce, que es la base para que exista.
En los balances que hacemos, no hay una columna sobre qué aprendimos y qué sabemos, qué hacemos con el conocimiento y qué nos falta por saber para entender dónde proyectarnos y cómo prevenirnos. El conocimiento es el valor real de cualquier cosa y, contrario a las utilidades económicas, no se devalúa y solo tiene la opción de crecer. De aquí que los chinos (es un ejemplo) tengan en primera línea la educación, que es la suerte de todo. Y sí, qué tanto y qué tan bien nos educamos, es el balance que hay que hacer. Claro que no falta quien diga que el dinero compra lo que sea, burlándose de él mismo y criándose miedos.
Acotación: cuánto ganamos o perdimos, es una cuenta útil. Pero son de mayor utilidad los haberes en conocimiento (ciencia, política, economía, cultura), pues con estos vamos sin pagar impuestos, atravesando fronteras y dándonos seguridad. Lo demás nace de este balance.