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Sobre Medellín acalorada

Si este calor permea la educación ciudadana, las actuaciones, los órdenes espaciales y la convivencia, asistimos a una ciudad acalorada.

hace 57 minutos
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  • Sobre Medellín acalorada
  • Sobre Medellín acalorada

Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Hervidero, a la que llegan los calores del concreto y el asfalto, el amontonamiento urbano y la estrechez de vías; y a la par del calor, se hacen presentes los que se toman las aceras estrechando el paso del peatón, los que pisan el acelerador para para que el ruido sea mayor que el olor a combustible, los que usan las motos para desplazarse en zigzag y con serio peligro de meterse bajo un camión o un bus, los que gritan sus mercancías ayudados de altavoces a más de 90 decibeles, los que cierran calles (o se apoderan de los salones sociales) para que la fiesta no deje dormir a nadie, los que llegan a las citas y las encuentran canceladas, los que para un examen cruzan la ciudad de sur a norte (y viceversa), los que han convertido sus vehículos en transporte de plataforma y así el tráfico nunca disminuye sino que aumenta a toda hora, los buseros que no respetan el carril de la derecha sino que se apropian de toda la vía, los que conducen buscando con quien armar una pelea y maldecir a los que limpian vidrios, los que se verticalizan para ejercer mezquindades en las reuniones de propietarios, etc., porque el acaloramiento es mucho y va de seis de la mañana a nueve de la noche o más.

En alguna publicidad se dijo que Medellín era la ciudad para vivir, pero nunca se explicó cómo. Y si bien la ciudad ha ganado premios por sus logros urbanísticos, lo cierto es que aquí no se vive fácil: demasiada contaminación, prestación desordenada de servicios, aparición caótica de infraestructuras, acromegalia severa (crecimiento en desorden) en los barrios populares, gentrificación acelerada y sin que nadie la controle, precios sin regulación, carencia de horarios para la movilidad de vehículos pesados, salarios y empleos libertarios, gobernabilidad confusa, y entonces, así parece, la ciudad va construyendo un cuadro de pésimo arte abstracto.

Y esto que es la ciudad moviéndose, también es la salud mental de los ciudadanos que, a más de polarizados, ha reducido el lenguaje a las peores palabras y actitudes frente a cualquier obstáculo o deseo frustrado: crece la agresividad, el pensamiento sectario, el desconocimiento de los derechos del otro, los señalamientos absurdos, la propaganda que cree que toda la gente es débil mental, la bulla mediática y la proliferación del miedo debido a la cantidad de mentiras que permite eso que llaman la libre expresión y es una manera (o una estrategia) de aumentar la confusión. Y ahí vamos, acalorados, muy acalorados.

Acotación: el calor agobia, reduce la capacidad de pensar en orden, afecta el trabajo y hace ver las cosas más grandes (el calor dilata los cuerpos). Ahora, si este calor permea la educación ciudadana, las actuaciones, los órdenes espaciales y la convivencia, asistimos a una ciudad acalorada. O, dicho de otra manera: al séptimo círculo del infierno del que habla Dante.

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