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¿Cuándo deja de servir la democracia? Las democracias rara vez mueren el día en que llega un dictador o un autócrata.
Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co
Núremberg: El juicio del siglo está en cartelera en Colombia y reconstruye el enfrentamiento ideológico entre Hermann Göring y el psiquiatra Douglas Kelley. Hay una frase de Göring, reconstruida magistralmente en la película, que debería perseguirnos más allá del cine. No porque excuse el nazismo, sino porque revela la lógica con la que una democracia acepta su demolición: la democracia parlamentaria, dijo en esencia, había llevado a Alemania al borde de la ruina, y solo una jerarquía fuerte –Hitler– podía devolverle la grandeza.
Me permito recordarle –dice Göring–, evocando una declaración de Franklin D. Roosevelt, que: ‘Ciertos pueblos de Europa han renunciado a la democracia, no porque no la quisieran como tal, sino porque la democracia había producido hombres demasiado débiles para dar trabajo y pan a su pueblo.’ Hay mucha verdad en esa afirmación.
Lo inquietante es que el argumento de Göring era seductor. Alemania venía de humillación, desempleo, polarización y caos. Hitler, explicó Göring, los hizo sentirse alemanes otra vez. Les devolvió su identidad.
Roosevelt entendió el mismo problema, pero llegó a la conclusión opuesta. En 1938 advirtió que varias naciones habían perdido la democracia no porque la gente la odiara, sino porque se había cansado del desempleo, la inseguridad y la debilidad del gobierno; en la desesperación, dijo, eligieron “sacrificar la libertad en la esperanza de conseguir algo para comer”. Pero Roosevelt no defendió una dictadura o una autocracia eficaz. Defendió una democracia liberal profunda capaz de resolver los retos sin renunciar a la libertad.
El Partido Nazi quería acabar con la República de Weimar como democracia parlamentaria y reemplazarla por un Estado autoritario, luego totalitario, y lo logró. Weimar cayó porque sus enemigos fueron implacables, los líderes fueron irresponsables y sus defensores no lograron unirse a tiempo. En julio de 1932 los nazis obtuvieron 37,3% del voto: muchísimo, sí, pero no una mayoría absoluta. Esa es la reflexión: las democracias no caen solo por culpa de personajes como Hitler, sino sobre todo cuando una parte sustancial de la sociedad cree que la libertad estorba, que el pluralismo debilita y que los contrapesos son un lujo.
Esa es la lección incómoda. ¿Cuándo deja de servir la democracia? Las democracias rara vez mueren el día en que llega un dictador o un autócrata. Empiezan a morir cuando se acepta que los límites al poder son un estorbo temporal, cuando la oposición se fragmenta por vanidad o sectarismo, y cuando la desigualdad de oportunidades, el miedo o el cansancio vuelven razonable la promesa de un liderazgo autoritario. Göring justificó esa promesa. Roosevelt la refutó: si la democracia decepciona, la salida no es menos democracia, sino una democracia que funcione.
Entonces la discusión no pertenece solo a los historiadores ni a los cinéfilos. Pertenece a cualquier sociedad que empiece a confundirse y a llamar liderazgo a la concentración del poder y a la destrucción del contradictor.
Por eso Núremberg no es solo una lección jurídica sobre crímenes de guerra. También es una advertencia política. El problema nunca es solamente el Hitler que aparece prometiendo gloria. El problema es cuando la sociedad decide que la libertad puede esperar. Y casi siempre, cuando quiere defenderla, ya es tarde.