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La burocracia estatal es uno de los enemigos de la eficiencia y se ha convertido en ratoneras en donde se engullen el queso sus insaciables protagonistas.
Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
Ya el FMI desahució la situación fiscal del país. La encontró insostenible. Gastó más de lo que recibía en su populista como desarticulada búsqueda del Estado del bienestar. Y ese desequilibrio rompió cualquier posibilidad de arreglar la desordenada estructura presupuestal.
Para responder a la confusión, se anuncia que pronto se conocerán los pormenores de la ley de rescate del actual Gobierno. Está cavilando, consultando, documentándose para decirle al país cuáles son los instrumentos y estrategias que llevará a cabo para salvar al país de la ruina en que lo dejó el escandaloso, manirroto y holgazán gobierno petrista.
Un ajuste estructural del gasto público mediante la racionalización del Estado, la revisión de subsidios, exenciones y deducciones tributarias que desangran el fisco, y una reforma al IVA, seguramente serán parte de la agenda de recuperación. Si tales adaptaciones se hacen en forma juiciosa, ordenada, el país podría ir saliendo del atolladero en que lo dejaron.
No se sacrificará el gasto social necesario e imprescindible, contrario a lo que afirman algunos profetas de desastres. Los mismos que riegan especies de que será trasquilado, intentando sembrar desconcierto y soliviantar la revancha. El gasto social es algo no solo sensible sino primordial en países como el nuestro, en donde la desigualdad es una de las mayores lacras que se puedan encontrar en sociedades que se dicen civilizadas y que son más desiguales que las organizaciones tribales.
Uno de los temas básicos de la Ley de Rescate fue analizado por el exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo. Considera éste la reestructuración del IVA como la espina dorsal de la iniciativa. Aclara que el propósito no sería el elevar su tarifa general por encima del 19%, sino “eliminar muchas deducciones costosas y exenciones que existen al interior del Impuesto de Valor Agregado”. Considera, con razón, el hacendista paisa que esa situación “está restando una gran cantidad de recaudos, lo que atiza el déficit fiscal y hace regresivo el tributo”. Ojalá el Gobierno valore esa recomendación de Restrepo y no se cierre a la idea de mantener todas esas gabelas que no hacen sino trasladar a las clases medias, sensibles e inermes, el mayor peso de la carga tributaria.
Se ha pensado, además, en fusionar, organizar y hasta eliminar algunas entidades del Estado que duplican gastos y contribuyen a crear lo que en economía se llama ley de los rendimientos decrecientes, en donde muchos hacen lo mismo que otros, estorbándose y contribuyendo a la más absurda improductividad. La burocracia estatal es uno de los enemigos de la eficiencia y se ha convertido en ratoneras en donde se engullen el queso sus insaciables protagonistas.
Decir que se va a combatir la evasión y la elusión fiscal se ha vuelto un lugar común. Poco se ha avanzado en ese intento por parte de gobiernos negligentes que, en medio de inconsistencias, han malogrado la restructuración de una eficaz política tributaria. Evasión y elusión son dos troneras por donde se escapan millones de recursos.
¿Será capaz “el Tigre” de lograr taponar la hemorragia fiscal?