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La plata pública es escasa y tiene que servir para transformar positivamente la vida de las personas y los territorios.
Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente
En política abundan los discursos, promesas y videos para las redes sociales. Pero hay una prueba que no admite tanta carreta: el presupuesto. La voluntad de un gobierno se demuestra en cómo distribuye la plata y en los resultados que entrega a la gente.
El Congreso acaba de aprobar el Presupuesto General de la Nación para 2027 por $634,9 billones, un 14,2 % más que el de este año, aprobado por el gobierno anterior. Algo contradictorio cuando en campaña hablaban de recorte y eficiencia fiscal. Pero a quien sí le recortaron fue a Antioquia, que pasa de recibir cerca de $7,01 billones a $6,89 billones. Más de $100.000 millones menos para nuestro departamento.
La reducción es inadmisible. Antioquia es uno de los principales motores económicos del país y uno de los departamentos que más le aporta a la Nación. No estamos pidiendo milagros ni privilegios, sino un trato justo y recursos proporcionales a nuestras necesidades y contribuciones.
Hay, además, una contradicción difícil de explicar. Durante el mal gobierno de Gustavo Petro, el presupuesto para Antioquia fue mayor que el que hoy se proyecta bajo la administración de Abelardo de la Espriella. Los antioqueños respaldaron masivamente al nuevo presidente y es grave que ese apoyo en las urnas termine convertido en menos recursos y atención para el departamento. El gobierno anterior despreció a Antioquia y el nuevo gobierno empieza haciendo lo mismo.
Ya conocemos el espectáculo. Petro hizo del discurso y las transmisiones una parte central de su gestión. Ahora con De la Espriella también vemos demasiado ruido y demasiadas peleas, mientras los problemas de la gente siguen esperando soluciones. Cambian los protagonistas, pero se repite la fórmula: pantalla, peleas y poca acción. Gobernar no es ganar discusiones en redes sociales ni señalar al adversario. Es mejorar la seguridad, cuidar la naturaleza, facilitar el acceso a la vivienda, fortalecer la salud y la educación, y responder a las necesidades de los municipios y su gente. Es ejecutar bien los recursos y mostrar resultados concretos y verificables.
El nuevo gobierno debería concentrarse en gobernar y dejar de alimentar peleas innecesarias. Colombia y Antioquia tienen suficientes retos como para perder tiempo en batallas culturales que no resuelven ningún problema y que, en cambio, profundizan la división entre colombianos. La plata pública es escasa y tiene que servir para transformar positivamente la vida de las personas y los territorios. Las intenciones pueden sonar bien, pero los resultados son los que importan. Y el presupuesto es una de las señales claras de las prioridades de un gobierno. El presidente Abelardo y su vicepresidente José Manuel empiezan mal con Antioquia, recortan recursos para 2027 y estigmatizan al departamento al señalar que aquí está la cabeza de la serpiente del narcotráfico y del crimen organizado.
Plata es plata. Y cuando se trata de los recursos y de defender a Antioquia, se necesitan menos discursos y más resultados.