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Los Consensos Emergentes

El régimen presidencial que se ha diseñado es fuerte. Por ese motivo, conviene limitar el tiempo de quien lo ejerce a cuatro años, sin posibilidad alguna de reelección.

hace 17 horas
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  • Los Consensos Emergentes

Por Rodrigo Botero Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

Las siete semanas que transcurren entre la elección del nuevo presidente y la fecha en la cual se posesiona constituyen un periodo especial durante el cual ocurren cambios significativos. Mientras toma forma el gobierno que está por llegar, se va extinguiendo gradualmente la influencia y la capacidad de convocatoria del gobierno que está de salida. Esto es algo que reflejan los medios de comunicación y que intuye la opinión pública. Formalmente, las líneas de autoridad siguen siendo iguales. Para efectos prácticos, la transferencia de autoridad presidencial se ha iniciado. La ceremonia en la cual se hace explícita esa transferencia tiene lugar el 7 de agosto, con mayor o menor elegancia, dependiendo del talante del presidente saliente. Pero la realidad es que el poder se transfiere de acuerdo con normas previamente establecidas.

Es notable que eso es algo que se da por sentado en Colombia.

Las siguientes características diferencian a las democracias liberales de las autocracias: Un sistema electoral justo determina quién ejerce el poder. El ordenamiento constitucional respectivo determina cómo se ejerce ese poder y le establece límites y restricciones. Según la organización internacional V-Dem, en el año 2025 sólo el 7% de la población mundial vivía en estados con ese tipo de gobierno. De manera que puede considerarse un privilegio hacer parte de ese grupo selecto, si bien es algo que no se aprecia en todo su valor.

El hecho de que la transferencia de poder tenga lugar en forma tranquila, con naturalidad, permite hacer unas reflexiones acerca de los cambios que han tenido lugar en las últimas décadas y del logro parcial de lo que Álvaro Gómez Hurtado denominaba ‘acuerdos sobre lo fundamental’.

Los colombianos deciden la forma como desean ser gobernados cada cuatro años. Cuando la escogencia ha sido entre la democracia liberal y alguna versión del autoritarismo, ya sea la de un caudillo o la de un partido único, el resultado ha sido una preferencia revelada por la democracia liberal.

El régimen presidencial que se ha diseñado es fuerte. Por ese motivo, conviene limitar el tiempo de quien lo ejerce a cuatro años, sin posibilidad alguna de reelección. Es preferible disponer de instituciones fuertes a depender de líderes providenciales. Acerca de este tema se ha ido conformando un consenso nacional. Una de las razones del rechazo generalizado a la propuesta del presidente Petro de convocar una asamblea constituyente es que llevaba implícita la posibilidad de establecer la reelección presidencial. Monseñor Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal, afirmaba respecto a una propuesta reeleccionista anterior: ‘la Constitución debe ser sagrada y no podemos jugar a modificarla de acuerdo con las conveniencias personales del gobernante. ...para la democracia de nuestro país no es conveniente una reelección.’

Está concluyendo un experimento de populismo autoritario, contrario a la tradición histórica del país que aspiraba a perpetuarse. El país optó por la democracia liberal.

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