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El terremoto ha permitido reconocer liderazgos territoriales. También, otro silencioso y valioso. El de la primera dama, Ana Lucía Pineda.

hace 5 horas
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Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada

Las grandes crisis tienen una extraña capacidad para revelar a las personas. Cuando desaparecen los protocolos, cuando la tragedia obliga a actuar y cuando miles de ciudadanos necesitan respuestas, los liderazgos dejan de medirse por los discursos y comienzan a medirse por la capacidad de estar, escuchar, convocar y ayudar.

El terremoto que golpeó a centenares de municipios colombianos ha permitido reconocer liderazgos territoriales importantes. Ha revelado otro liderazgo, más silencioso y quizá, por eso, especialmente valioso. El de la primera dama, Ana Lucía Pineda. No ha necesitado estridencias. No parece interesada en ocupar el centro de la fotografía. Su presencia transmite algo necesario en momentos de angustia colectiva: serenidad, dulzura, empatía y cercanía. Ha entendido que acompañar al Presidente no significa caminar detrás de él, sino estar a su lado aportando aquello que complementa su liderazgo.

La discusión sobre las primeras damas suele empantanarse en títulos. Si deben llamarse primeras damas, gestoras sociales o simplemente esposas de presidentes. Quizás la pregunta sea otra. ¿Puede una persona que tiene una extraordinaria capacidad de convocatoria ponerla al servicio de quienes más lo necesitan? La historia demuestra que sí.

Rosalynn Carter convirtió su posición en una plataforma formidable para la salud mental, los cuidadores y las poblaciones vulnerables. Jimmy Carter llegó a definirla como su “equal partner”, su compañera en igualdad, en todo cuanto había logrado. Su influencia no provenía de un cargo burocrático, sino de su inteligencia, sensibilidad y perseverancia. Colombia conoce esa tradición. Nydia Quintero convirtió la solidaridad en institución y creó una obra que sobrevivió al gobierno de Julio César Turbay y que aún pervive. Solidaridad por Colombia nació en 1975 y desarrolló programas de educación, salud y atención a damnificados. Tras el terremoto de 1999, su acción llegó incluso a contribuir a la construcción de un barrio para familias afectadas. Doña Lina Moreno de Uribe cultivó un perfil discreto, alejado del protagonismo político, mientras acompañaba programas sociales dirigidos, entre otros, a jóvenes y comunidades vulnerables. Son mujeres que comprendieron algo esencial. La cercanía al poder adquiere grandeza cuando se transforma en cercanía con la gente. Por eso resulta tan significativa la manera como Ana Lucía Pineda comienza a construir su lugar.

Colombia viene de una discusión incómoda sobre la figura de la primera dama. Durante el gobierno anterior, los cuestionamientos sobre viajes, gastos y personas del círculo de Verónica Alcocer contratadas por entidades públicas terminaron contaminando la percepción de una institución que debería asociarse con servicio y austeridad. La controversia llegó hasta los organismos de control. Quizá por eso, Ana Lucía genera tanta esperanza colectiva. Ella brilla sin estridencias y tiene ese, por ponerlo en términos coloquiales, factor X que atrae y acerca y que persigue, no poder, sino propósito.

Después de un terremoto hay viviendas que reconstruir, pero también miedos que atender. Hay niños que necesitan volver a estudiar, adultos mayores que requieren compañía, familias que lo perdieron todo y alcaldes de pequeños municipios que necesitan que alguien los escuche. Allí una primera dama puede hacer muchísimo: convocar empresarios, fundaciones, universidades, organizaciones sociales y ciudadanos; conectar necesidades con soluciones; acompañar sin sustituir al Estado. Ser la facilitadora que busque, no construir una estructura alrededor de sí misma, sino articular estructuras existentes alrededor de las necesidades de los demás.

Anticipo que allí saldrá a relucir la verdadera dimensión de Ana Lucía Pineda. Si mantiene ese camino, Colombia no tendrá una primera dama sino, nuevamente, una mujer capaz de convertir la cercanía al poder en cercanía con quienes más lo necesitan..

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