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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

¿Buscándole problemas a las soluciones?

Si con una fracción de potencial el turismo genera tanto empleo formal e ingreso para los más pobres, el debate no es cómo frenarlo, sino cómo crecerlo bien a nuestro favor.

hace 2 horas
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  • ¿Buscándole problemas a las soluciones?
  • ¿Buscándole problemas a las soluciones?

Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

En 2010 Colombia iba viento en popa: boom minero-energético, crecimiento sólido, optimismo de sobra. Y en medio de esa fiesta, el desempleo en Medellín era 14%. Hoy la situación de país se siente mucho más retadora y, aun así, el desempleo de la ciudad es 7%. Medellín parece haber vivido un milagro económico y no nos dimos cuenta. ¿Qué pasó?

Pasó que Medellín dejó de ser solo una ciudad de fábricas y se volvió una meca de los servicios y creatividad, con el turismo como uno de sus motores. Desde 2019 el área metropolitana sumó 380.000 empleos, 80% de los cuales fueron creados por esas industrias de servicios que nos han convertido en lo que Antioquia Emergente denomina “Medellín Capital Creativa Global”.

Lo mejor es el reparto y la calidad del boom. El 77% de esos empleos creados en Medellín son formales. Y como el ingreso de los más pobres creció más rápido que el de los más ricos, la desigualdad cayó: medido sobre el ingreso laboral, el Gini de Medellín pasó de 0.460 en 2019 a 0.421 en 2026. Traducido a escalones, si fuéramos un país habríamos subido unos veinte puestos en el ranking mundial de igualdad. No es casualidad que, según Proantioquia, el 80% de las personas de estratos 1, 2 y 3 tenga una opinión positiva del turismo. Logramos crecimiento con igualdad: eso que los economistas buscan como los futbolistas el gol, y que a Medellín le llegó con maletas de ruedas.

Ni un optimista confeso como yo puede negar los desafíos del turismo –y hablo con conocimiento de causa porque en 2023 fui gentrificado. Por eso entiendo a los vecinos de comunas como El Poblado o Laureles a los que el ruido les molesta y el alza de los arriendos les afecta.

Pero conviene hacer aritmética antes que indignación. Las viviendas en plataformas como Airbnb son apenas el 0,9% del total de la ciudad. Si todas volvieran mañana al mercado residencial, la demanda las absorbería en pocas semanas y el problema seguiría ahí. Más aún: según el DANE, en 2025 el único estrato donde bajó el precio de la vivienda nueva fue el alto, justo donde se concentran los anuncios de Airbnb. Si el culpable fuera el turista, el crimen estaría ocurriendo en la escena equivocada. De hecho, el problema de fondo es de oferta, donde Medellín tiene desafíos de vieja data. Por eso culpar a Airbnb sería como culpar al charco por la lluvia.

Y la oportunidad apenas empieza. Medellín recibe 0.5 turistas internacionales por habitante; Barcelona, cerca de cinco: diez veces más. Si con una fracción de su potencial el turismo ha generado tanto empleo formal e ingreso para los más pobres, el debate serio no es cómo frenarlo, sino cómo crecerlo bien y moldearlo a nuestro favor. Eso implica cualificar la demanda: visitantes que se queden más días, gasten más y encuentren una oferta que vaya más allá de Guatapé, la rumba y la Comuna 13. E implica crear circuitos turísticos en municipios selectos de Antioquia, para que la fiesta no se quede en el Valle de Aburrá. Por eso nos toca cambiar de mentalidad, dejar de buscarle problemas a esta solución y más bien empezar a solucionar sus problemas.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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