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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

Las ciudades son las que mandan

hace 4 horas
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Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

A Lee Kuan Yew, el hombre que convirtió a Singapur en potencia en apenas 30 años, lo invitaron ya maduro a la India para compartir los secretos de su gestión. Ante un auditorio repleto en Bombay, alguien le preguntó por qué China se había desarrollado más rápido que India si hasta hace poco India era más rica. La respuesta sorprendió a todos: “Se trata de sus ciudades”.

Su argumento era sutil pero demoledor. En India la autonomía se la daban a los estados; en China, a las ciudades. La diferencia suena menor. No lo es. Un gobernador tiene que gobernar simultáneamente zonas rurales pobres y metrópolis ricas: un modelo inherentemente incoherente. Bombay tiene apenas el 1% del área de Maharashtra (su estado) pero genera más del 50% de sus impuestos —y recibe en inversión mucho menos de lo que aporta—. Las zonas rurales tampoco ganan: la regulación termina diseñada para los ricos de Bombay, no para la periferia. Resultado: todos pierden.

China hizo lo contrario. Beijing, Shanghái y Shenzen recibieron estatutos especiales, autonomía fiscal y regulación a la medida. Mientras Shanghái se rediseñaba para ser polo financiero del este asiático, Bombay llevaba décadas esperando que su estado le aprobara las reformas. Y las zonas rurales chinas no quedaron abandonadas: las atiende el gobierno central, que puede hacerlo con coherencia porque no tiene que gobernar a Shanghái y a una aldea de Yunnan al mismo tiempo.

Los aprendizajes para Colombia son enormes —y urgentes—. Si en algo destacamos en América Latina es en nuestras ciudades: tenemos 50 con más de 100.000 habitantes, el top 10 concentra más del 70% de la economía y somos de los pocos países del mundo donde los municipios recaudan más impuestos que los departamentos. Las ciudades colombianas son, de lejos, uno de nuestros grandes activos.

¿Cuál es el problema entonces? Que en la práctica seguimos el modelo indio: descentralizamos departamentos en vez de empoderar ciudades. Si queremos que Barranquilla sea la capital del Caribe, quien necesita autonomía es su alcalde, no el gobernador del Atlántico. Si Medellín aspira a convertirse en hub de servicios, quien debe liderar esa transformación es el alcalde, no el gobernador de Antioquia. Lo mismo vale para Cali, Bucaramanga y cada ciudad con vocación propia. El trabajo del alcalde está diseñado para pensar con foco: qué normas aprobar, qué impuestos rebajar, qué incentivos crear para atraer inversión y talento. La dualidad campo-ciudad del gobernador hace imposible avanzar con coherencia en ninguna dirección.

La oportunidad, además, está servida. A finales de 2024 el Congreso aprobó la reforma al Sistema General de Participaciones, el mayor avance en descentralización en veinte años. Pero esa reforma no cobra vida hasta que se apruebe la Ley de Competencias, que le tocará sacar adelante al próximo gobierno. Esa ley definirá qué responsabilidades asumen los territorios y con cuántos recursos. Es la oportunidad perfecta para que de esa discusión salgan fortalecidas las ciudades. Que cada una pueda escribir su propia historia de éxito con reglas hechas a su medida. Lee Kuan Yew lo entendió hace medio siglo. China lo aplicó y transformó su destino. En Colombia las ciudades ya mandan en la economía. Solo falta que también manden en las decisiones.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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