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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia, director de Planeación, y hoy lidera proyectos corporativos en Comfama. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

Rodolfo Aicardi: el verdadero padre de J Balvin

hace 4 horas
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  • Rodolfo Aicardi: el verdadero padre de J Balvin
  • Rodolfo Aicardi: el verdadero padre de J Balvin

Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

Colombia es un milagro musical. Aunque los colombianos somos apenas 1 de cada 150 habitantes del planeta, nuestros cantantes representan cerca de 1 de cada 10 artistas en el top 50 global de Spotify. Pasamos de ser conocidos por la cocaína y Pablo Escobar a ser el país de J Balvin, Shakira, Maluma, Karol G y muchos más artistas. En 2025 fuimos el sexto país del mundo del que más se escuchó música —y el primero de América Latina—. Lo verdaderamente increíble es que este fenómeno es reciente: fue solo en el siglo XXI cuando Colombia explotó en la escena musical global. ¿Cómo pasó? Mi hipótesis es osada: todo empieza con Rodolfo Aicardi y compañía.

Colombia ha sido un país que en música le gusta mirarse –o escucharse– al ombligo. Un dato lo resume bien: en 2025 Colombia fue el único país occidental que no tuvo ni un solo cantante en inglés en su top 50 de Spotify. Mientras The Weeknd arrasaba en México, Chile o Francia, y Taylor Swift hacía lo propio en Brasil, USA, España o Argentina, en Colombia no se coló ni un anglosajón.

¿Aún dudan? Vayamos a Navidad. Según Spotify, All I Want for Christmas Is You de Mariah Carey fue número uno global el 24 de diciembre. Ese día fue #1 en Chile, #3 en USA, #4 en Ecuador, #20 en México, #21 en Brasil y #31 en Argentina. En Colombia... apenas #186. Aquí nadie arma el pesebre con Mariah Carey de fondo. En Colombia la Navidad se celebra con Pastor López, los 50 de Joselito y Limoncito con Ron. Esto lo sabemos desde hace décadas. Y aquí viene la paradoja: que los colombianos casi exclusivamente escuchemos música colombiana explica buena parte del éxito global de nuestros artistas.

En 1990 el economista Michael Porter publicó The Competitive Advantage of Nations, un libro que intenta responder una pregunta simple: ¿por qué algunos países se vuelven excepcionalmente buenos exportando ciertas cosas? Su respuesta también era simple: un país exporta bien aquello que primero exige intensamente en casa. El ejemplo clásico es Italia y la moda. Como los italianos son consumidores exigentes de moda, las marcas locales compiten ferozmente por ese mercado interno. Las que sobreviven no solo dominan Italia: salen al mundo mejor preparadas que nadie. Al fin y al cabo, ya convencieron el cliente más exigente: el italiano.

Con la música colombiana pasó algo muy parecido. Nuestros artistas primero tienen que ganar en un mercado interno altamente competitivo, de consumo de música per cápita altísimo, donde ni siquiera los artistas internacionales logran penetrar con facilidad —cosa que sí ocurre en países vecinos—. Quien logra triunfar en Colombia ya le ganó, de facto, a los extranjeros. Y por eso luego despega tan rápido en el exterior.

Rodolfo Aicardi y su generación no llenaron estadios globales ni sonaron en Coachella. Pero hicieron algo más importante: acostumbraron al oído colombiano a consumir obsesivamente música local. Hicieron el mercado más duro, más cerrado y exigente. Y de ese mercado salieron los ganadores que hoy conocemos como estrellas globales. Por eso, musicalmente hablando, Rodolfo Aicardi es el padre de J Balvin. Ya lo dice el dicho: ¿quieres creatividad? Aumenta las restricciones. Y en Colombia, esas no han faltado.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia, director de Planeación, y hoy lidera proyectos corporativos en Comfama. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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