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El cachorrito arrodillado

Petro tiene un descomunal rabo de paja y el país exige que, al menos estos seis meses, luche contra los narcos.

hace 34 minutos
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  • El cachorrito arrodillado

Por Rafael Nieto Loaiza - opinion@elcolombiano.com.co

Con el rabo entre las patas, Petro buscó a Trump. Tiembla como un caniche aterrado. Se equivoca Petro si cree que con la llamada conjura el peligro. Recordemos que Trump y Maduro hablaron antes de la operación militar norteamericana.

Ayudará, claro, que abandone las provocaciones. Fue Petro quien inició la confrontación y ha afirmado desde que “el poder político en EE. UU. quedó en manos de los políticos aliados con el paramilitarismo” hasta que, megáfono en mano en Nueva York, los militares norteamericanos debían sublevarse contra Trump, Petro ha usado un lenguaje pugnaz y agresivo contra los Estados Unidos, su presidente y su canciller. Una conducta “hostil”, según el propio Trump.

Me temo que, sin embargo, no será suficiente con que Petro contenga su verborrea. Necesitará cambiar tanto su conducta como las políticas de su gobierno, en particular en materia de narcotráfico.

Ha dicho Petro que Trump está mal informado “por la oposición [colombiana] vía la Florida” y que “esa oposición miente sobre [su] lucha contra el narcotráfico”. No es la primera vez que Petro pretende victimizarse y que engaña sobre su relación con el narcotráfico. Así que es necesario hacer memoria.

Los vínculos de Petro con los narcos vienen desde que siendo parte del M19 le financiaran viviendas en el barrio Bolívar 83 en Zipaquirá y Pablo Escobar pagara por el asalto al Palacio de Justicia. En campaña, recibió dinero del Hombre Malboro, Sobrino y Papá Pitufo, y se movilizó en la famosa narcoavioneta. De acuerdo con las confesiones de su hermano, ganó las elecciones por los pactos en las cárceles con los bandidos.

En el Gobierno, suspendió la erradicación manual forzada, pagó asambleas cocaleras, presentó proyectos de ley para legalizar la coca y la cocaína, quiso crear una empresa nacional de coca. Suspendió órdenes de captura y extradiciones, liberó capos capturados, les dio micrófono en La Alpujarra. Presentó una ley con toda clase de beneficios para los narcos, entre ellos legalizarles parte de su fortuna. Prohibió que militares y policías realizaran “acciones ofensivas” contra los mafiosos, debilitó e infiltró a la Fuerza Pública. Destruyó el sistema nacional de inteligencia y lo puso al servicio de los violentos. Acabó con la cooperación internacional contra el lavado de activos. Nos suspendieron del grupo Egmont. Puso fichas claves de los lavadores de activos en la DIAN y la UIAF dejó de combatir las finanzas de la mafia para convertirse en un aparato de policía política. Trata de sacar cara con las incautaciones pero no dice que son las peores, en términos comparados, en más de dos décadas. En el 2021, equivalían casi a la mitad de lo producido, el 48%. En el 23, fueron casi la cuarta parte, apenas el 28%. Es el peor porcentaje de incautaciones en al menos dos décadas. La coca y la cocaína se dispararon. Hasta diciembre de 2023, los cultivos de coca crecieron 24% y la producción de cocaína 90%. No tenemos cifras del 2024 porque Petro las está escondiendo y ha impedido que el SIMCI de Naciones Unidas las divulgue.

Petro no es Maduro ni Colombia es Venezuela. Acá, aunque con problemas y debilidades y a pesar del propio Petro y sus intentos por socavarlas, funcionan las instituciones. No hay necesidad de una quirúrgica operación norteamericana. Pero Petro tiene un descomunal rabo de paja y el país exige que, al menos estos seis meses, luche contra los narcos.

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